Los herederos del Ceo

Capítulo 3: Aquí mando yo

Raquel

Entro furiosa a mi oficina detrás de los tres pequeños que saben que estoy enojada y por esa razón van al sofá y toman asiento bajando la cabeza, sabía que traerlos era un error, pero Lorenzo siempre hace lo que quiere y los trata a los tres como reyes dándoles lo que piden sea cual sea esa petición y solo tuvo mi hijo que abrir la boca y decir que querían venir a la empresa para que el dueño supremo accediera, ruedo los ojos pensando en eso y bufo mirándolos con atención.

—No deben correr así —los regaño mirando a cada uno y no mueven ni un músculo —les he dicho mil veces que aquí no deben correr y llegan y es lo primero que hacen —me acerco —es una empresa, no un parque infantil por dios, hay cosas que se rompen y personas que trabajan y ustedes si corren pueden dañar algo o alguien podría hacer mal su trabajo.

—Mami —Chiara levanta la mirada

—No —niego rápido —estarán castigados porque no pueden

—El jefe hace lo que quiere —escucho la voz y ruedo los ojos, al instante las sonrisas aparecen en los rostros de los trillizos —y ellos querida Raquel —sus manos van a mis hombros —son los jefes —me giro encontrándome con su intensa mirada.

—Los malcrías y por eso están así —me alejo de Lorenzo que ríe en complicidad con mis hijos —y no puedes Lorenzo —señalo a este —deben entender que

—Per favore —me interrumpe —son niños —aprieto mis dientes.

—Niños salgan y vayan con Lucía —digo refiriéndome a la secretaria y ellos se ponen de pie.

—Si mami —aceptan, pero al mirar a Lorenzo sonríen dándoles las gracias con las miradas, cuando la puerta se cierra solo quedamos nosotros dos aquí y miro los ojos de mi jefe, pero no es solo mi jefe, es el hombre que me ayudó en el momento en el que más lo necesitaba, uno que se volvió mi amigo y confió en mí al dejar las finanzas de su empresa en mis manos, un amigo para mis hijos y a la vez un padre, uno que les da todos los gustos y los tiene viviendo bajo su techo como reyes. Fue él quien estuvo conmigo cuando los trillizos nacieron y es por esa razón que mi pequeño lleva su nombre, un gesto que adoró Lorenzo y que lloró de alegría al saberlo.

—No puedes hacerlo —lo señalo sintiendo rabia —son niños Lorenzo, pero deben aprender —voy a mi silla —y si me quitas autoridad frente a ellos jamás lo harán —noto como se tensa.

—Lo lamento Raquel, yo solo

—Lo sé, los tratas como tus hijos y

—Los quiero como tal —habla acercándose y asiento.

—Lo sé, pero un padre también corrige y castiga Lorenzo —me señala.

—Para eso estas tú —ruedo los ojos y ríe —Raquel son tus hijos, yo aunque los adoro y ellos a mí no soy su padre y lo saben, quiero que me quieran, entiéndelo, siempre estaré de su lado —respiro hondo mirando su gran sonrisa.

—No te odiarán por una corrección —dejo claro negando —no pueden correr por la empresa.

—Aquí mando yo principessa—me tenso con sus palabras y miro sus ojos sabiendo que no dará su brazo a torcer —lo lamento —sonríe —en la casa tú mandas y hacen lo que tú quieres. En mi empresa yo mando y hacen lo que ellos quieren —niego sabiendo que es en vano.

—Hablemos mejor de trabajo —escucho su risa mientras observo mi laptop. —¿Qué tal tu reunión?

—Mejor de lo esperado —asegura —sabes que siempre gano —sonrío —y —duda y esa duda en su voz es lo que me hace mirarlo notando que hay algo raro —y habrá un pequeño problema Raquel si firmo el contrato —sigo en silencio.

—¿De qué se trata? —ahora parece nervioso y él nunca está nervioso así que le presto toda mi atención.

—¿Te gusta Italia? —alzo una ceja con su pregunta —¿no te gustaría visitar... —vuelve a dudar —tu país? —sus palabras logran tensarme por completo y dejo de mirarlo recordando todo el pasado que dejé atrás y al que no quiero volver.

—Yo —ahora soy yo quien duda y me muevo incómoda en mi silla —Lorenzo.

—Raquel nunca has querido viajar conmigo a Estados Unidos porque

—Porque tengo tres hijos y es complicado viajar así —corto sus palabras y él sigue mirándome.

—Tengo negocios ahí y si firmo este contrato tendré el 15 % en una de las empresas más prestigiosas del mundo —dejo de mirarlo, el país es grande así que quizás

—¿Y exactamente que me pides hacer Lorenzo? —miro sus ojos.

—Te pido que seas mi representante Raquel, tendrías una oficina en esa empresa y un asiento en su junta directiva, eres mi experta en finanzas, la persona en quien más confío —se pone de pie sonriendo —tú tendrías el trabajo de controlar todo el dinero en esa empresa, sin tu firma no podrían mover un solo centavo de la empresa Raquel y te conozco, eres inteligente, eres brillante y donde otros solo ven números tu vez pérdidas o ganancias —su sonrisa aumenta a medida que habla —contigo ahí yo creceré y esa empresa también lo hará —respiro hondo pensando en su propuesta, tendría que viajar a Estados Unidos, volver al país del que salí luego de quedar sola siendo rechazada por Dante y a la vez por mi familia.

—Lorenzo

—No sé por qué viniste hasta aquí Raquel, ¿cometiste algún crimen? —su pregunta me hace reír y se sienta de nuevo —¿Entonces? —miro sus ojos sin estar dispuesta a contar el pasado porque para mí ese ha quedado enterrado.

—Los niños vendrían conmigo —asiente.

—Me duele eso, pero sé que no los dejarías —sonrío —¿estás aceptando?

—Aún no sabes si aceptarán el contrato —Lorenzo sonríe con orgullo y se pone de pie como si tuviera la victoria en sus manos y estuviera seguro de todo.

—A nadie le gusta perder —mira sus manos —y créeme que perderían mucho más si no aceptan porque yo no solo controlo Italia, controlo Europa —suspiro.

—¿A dónde viajaré? —me pongo también de pie.

—Nueva York —me congelo al escucharlo y vuelvo a estar tensa, miro sus ojos, ¿por qué ahí? El país es grande maldición.

—La empresa es…

—Corporación Ferrer —el nombre me deja sin habla mientras miro sus ojos y no, no puede ser, siento que el suelo comienza a dar vueltas para mí y aprieto fuerte mi mandíbula, el país es grande, el mundo es grande ¿y en serio Lorenzo quiere estar justamente en esa empresa?




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