Los herederos del Ceo

Capítulo 4: No espero nada de ti

Dante

Al llegar a la habitación del hotel en donde nos estamos quedando camino rápido y me sirvo un trago, luego tomo asiento en el sofá y bebo sintiendo el líquido quemar mi garganta, cierro los ojos, pero no es la conversación con Lorenzo Di Marco lo que me tiene así, son esos tres críos con miradas desafiantes que pusieron mi paciencia a prueba y me ofendieron como si fueran dueños y entonces lo recuerdo, el pequeño se llama justo como Di Marco y aprieto los dientes, corrían por esa empresa, hacían lo que querían y nadie los regañaba, aprieto el vaso con fuerza, ¿y si son hijos de ese cretino? Todo cuadra.

—Hermano

—Cállate —mascullo cuando interrumpe mis pensamientos y odio eso, Daniel en silencio toma asiento frente a mí y vuelvo a beber con mi cabeza a punto de estallar.

—Estás muy pensativo —vuelve a interrumpir y lo miro, noto como se encoge en su silla.

—¿Te ha pasado que ves a alguien y tu corazón se acelera al máximo cuando mira tus ojos? —mi hermano sonríe.

—Oh hermano y más que eso —ríe —todo mi cuerpo se revoluciona con una mujer hermosa, ¿viste a una buena? —se inclina hacia mí —No le diré a Savanah

—No —niego —no me refiero a eso —trato de explicar —hoy me ocurrió algo raro, vi a tres pequeños —miro sus ojos —trillizos que llamaron mi atención al instante, criaturas pequeñas y siempre me he preguntado como una mujer puede llevar dentro de ella a tres pequeños juntos —una sonrisa tonta se forma en mi boca —es increíble, vi a esos pequeños y mi corazón dio un vuelco, mirarlos fue como observar una parte de mí lejos de mí —bufo —no sé explicarlo maldición, solo sentí algo, algo raro

—Te has vuelto loco —se pone de pie —esa es la explicación.

—Necesito saber más de ellos —murmuro —hablaban italiano, pero también nuestro idioma y eran rubios. Ojos azules idénticos —me callo sin decir que a los míos —y el pequeño se llamaba Lorenzo —mi hermano alza una ceja.

—Quizás eran sus hijos.

—Pero nunca he escuchado que Lorenzo tenga hijos —él suspira y vuelve a sentarse luego de servirse un trago, suspiro acomodando la botella como estaba.

—Por lo que se es viudo —cuenta y bebe —hace unos seis años su esposa embarazada perdió la vida y desde entonces el hombre solo se dedicó a hacer dinero sin parar —me tenso sin poder imaginar un dolor igual. —¿Cómo fue la reunión con él? —niego.

—Vamos a perder toda la inversión que hemos hecho aquí y —paso una mano por mi rostro —amenaza con hacernos perder toda Europa —mi hermano se tensa.

—Papá acabará con nosotros si no llegamos a un acuerdo Dante —niego.

—Pues prepárate para morir, no cederé ante Di Marco —él bufa y yo solo me alejo aún con la mirada de los críos en mi cabeza además de sus voces y esas risitas de esas pequeñas.

Escucho el sonido de mi teléfono y al tomar este doy un largo suspiro, es de noche, papá sabe que aquí es de noche, pero aun así sigue llamando porque lo ha hecho todo el tiempo y no he tomado la llamada así que dejo pasar esta y apago el teléfono necesitando dormir un poco aunque es imposible hacerlo.

—¿Me dirás a donde vamos? —no respondo a la pregunta de Daniel y sigo conduciendo —Dante, papá no me trajo hasta aquí para hacer de adorno.

—Pues eso parece porque ayer no llegaste a la reunión más importante —él suspira.

—Reunión que fue una locura —detengo el auto y él mira hacia adelante, yo solo bajo en silencio y al instante el polvo ensucia mis zapatos —claro —lo escucho —la obra —susurra y miro todo, a nuestra vista solo hay máquinas detenidas y una obra que apenas comienza, pero en mi mente se recrea la imagen de lo que diseñé, un edificio enorme con ventanas de cristal y habitaciones espaciosas con estilos diferentes para que cada uno de nuestros clientes pueda escoger lo que quiera, imagino hasta el nombre de mi empresa en frente dándole la bienvenida a todos y en la azotea, una piscina con la mejor vista de la ciudad, pero ahora no hay nada, solo equipos, máquinas y materiales. El teléfono en mi bolsillo vuelve a sonar y sé que es mi padre, ¿acaso este no duerme? Tomo el teléfono, pero no es el nombre suyo el que aparece, sino el de Savanah.

—Dime Savanah —le hablo con calma.

—A ella si le respondes ¿no? —la voz de mi padre me hace respirar hondo y cierro los ojos, caí en la trampa.

—Papá

—No has querido hablarme y eso solo significa que no hemos hecho negocios con Di Marco —hace una pausa —Dante, Marcus dice que ya Di Marco paró la obra y no solo esa, todo lo que teníamos en Europa se ha detenido —aprieto fuerte el teléfono —e incluso nuestros hoteles ya trabajando están siendo sometidos a evaluaciones y cualquier falla que encuentren harán que cierren —aprieto los dientes, él no jugaba y trabaja rápido el infeliz.

—Papá —intento no perder la calma —Di Marco exige administrar la cadena y además de eso, quiere una participación del 15% en las acciones de la Corporación Ferrer, quiere una silla en nuestra junta y por si eso fuera poco —rio —dice que si firmamos enviará a nuestra empresa a un representante suyo, una experta en finanzas que vigilará todo el dinero y que sin su firma no podremos gastar nuestro dinero —explico todo casi mascullando y el silencio del otro lado es pesado.

—Negocia hijo.

—No cambiará sus términos, el italiano cree tener el dominio de todo.

—Lo tiene Dante —gruñe —firma el contrato

—Papá —mascullo

—Dante es mejor perder el 15% de nuestras acciones que perder todos los millones que tenemos en Europa y si eso pasa la Corporación Ferrer irá a la quiebra Dante —cierro los ojos —firma el maldito contrato hoy.

—Papá

—Es una orden Dante, no olvides que sigo teniendo el mando.

—Padre —digo, pero otra voz escucho.

—Salió hecho una furia amor —la voz melosa de Savanah entra a mis oídos —Amor, ¿estás bien? No habías llamado y estaba —cuelgo la llamada sin querer seguir escuchándola y rabioso lanzo el teléfono contra el suelo gritando de la rabia.




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