Los herederos del Ceo

Capítulo 6: Bruja bonita

Dante

Aprieto tanto el lápiz en mi mano que termino rompiendo este y luego lo lanzo contra la pared, solo que al ver tal desorden me es imposible no ponerme de pie y recogerlo para echarlo a la basura, luego vuelvo a mi asiento y observo el diseño que hacía, toda mi vida he logrado controlar mis nervios dibujando, pero ahora no lo consigo, ahora solo ella está en mi mente y paso las manos por mi rostro aun recordando sus ojos grises y esa mirada, una distinta y sus palabras, esas dan vueltas en mi cabeza, podría estar mintiendo, pero... maldigo una vez más a un paso de perder la cordura y coloco mis manos sobre la mesa, entonces mi mirada va al anillo en mi dedo, ese que puse ahí meses después de que ella se fuera y fue como una venganza personal para mí, pero ahora, ahora ya no sé si es un error.

—Papá no ha dejado de llamar —escucho a Daniel y sigo mirando el anillo en mi dedo —Dante.

—Firmaremos el contrato —me pongo de pie —llama a Lorenzo y dile que mañana estaremos a primera hora ahí, luego volveremos a Estados Unidos.

—¿Aceptarás trabajar con ella? —miro sus ojos.

—¿Tengo otro remedio Daniel? —resoplo —es eso o perder millones y ella no vale millones, solo es una maldita mentirosa infiel, una bruja —gruño recogiendo mis cosas —una bruja bonita —cierro los ojos un segundo —una que va a volverme loco —murmuro moviendo el anillo en mi dedo.

—Vive con Lorenzo Di Marco —aprieto mis dientes —al parecer no es solo su empleada —respiro hondo y luego rio, suelto una carcajada seca carente de humor, claro, vino a Italia y apuntó hacia lo más alto, es digna hija de su familia y solo hay que ver el pasado en donde se casó conmigo por un matrimonio arreglado, solo por dinero.

—Tendré que verla todos los días —me acerco a Daniel —pero —señalo a este —haré que vuelva a este país de regreso Daniel y lo hará peor que en el pasado.

—Dante

—Ella sabía que el negocio era conmigo y aceptó estar en mi empresa y seré un problema, haré que se arrepienta, la haré perder y la dejaré como alguien incapaz de hacer un buen trabajo.

—Dante es la protegida de Di Marco —alza la voz queriendo que entienda —por dios.

—Dejará de serlo cuando haga que Di Marco pierda dinero —voy hacia la puerta —esta es la guerra Daniel y no acabará hasta sacar a Lorenzo y a esa mujer de mi empresa —salgo dejándolo solo y entonces sonrío.

Por tercera vez camino por el largo pasillo de la empresa de Di Marco y nuevamente lo hago acompañado de Daniel, al llegar a la oficina empujo la puerta y entro a esta encontrándome con la enorme sonrisa de Lorenzo y claro, ella también está aquí, solo que finjo no verla y me acerco al escritorio.

—El contrato —pido y Lorenzo deja este frente a mí —perfecto —paso la vista por encima y luego dejo mi firma sobre las hojas en silencio.

—Podemos brindar para celebrar esta alianza —sonrío.

—Tengo un avión que tomar a mi país —miro sus ojos.

—La señorita Sullivan llegará mañana a la Corporación Ferrer —anuncia, pero esta vez ya no sonríe —espero sea bien recibida —suspiro y sigo sin mirarla.

—Le daré la mejor oficina —es mi respuesta y voy hacia la puerta, Daniel me sigue de cerca.

—Dante.

—Intento hacer de cuenta que ella no existe —expreso al salir y miro a mi hermano —no quiero escuchar mencionar su nombre hermano —asiente.

—Pero van a trabajar juntos.

—En un edificio enorme donde ella tendrá su oficina y yo la mía y no tendremos que vernos ni un solo segundo a menos que sea en una junta —sonrío y palmeo su hombro —lo tengo todo controlado —aseguro —haré que no existe mientras busco el modo de volver a tener ese 15 % con nosotros —Daniel abre la boca y comienzo a caminar dejándolo atrás, pero me detengo al doblar una esquina y verlos a ellos, los mismos tres niños jugando al final del pasillo como si nada riendo y hablando alto ocupando un gran espacio en donde se debería trabajar.

—¿A dónde vas? —cuestiona Daniel cuando comienzo a caminar hacia ellos —Dante el avión sale en

—Solo tardaré un segundo —hablo y me detengo cerca de los críos, me gano las miradas, pero siguen jugando como si nada.

—Vaya —hablo mirándolos —ustedes de nuevo —no me miran ni me hablan —milagro no andan corriendo —siguen ignorándome —sé que me entienden y que hablan mi idioma, así que

—Te ignoramos —dice una de las niñas y sonrío cuando levanta la cabeza hacia mí —¿no se nota? —la criatura me desafía con la mirada de ojos azules oscuros.

—Me pregunto —me inclino un poco hacia ella —quienes son sus padres porque no supieron educarlos bien.

—No son aburridos como tú —espeta la otra niña idéntica a su hermana colocándose al lado de esta —eso es claro —se cruza de brazos y alzo una ceja.

—¿Los dejan jugar aquí y correr por esta empresa? —ellas sonríen.

—Tío Enzo dice que es nuestra —alzo una ceja con la respuesta de la niña, así que tío Enzo.

—¿Lorenzo Di Marco? —ambas asienten.

—¿Lo conoces? —cuestiona el pequeño que se acerca y sonrío esta vez agachándome para quedar casi a la altura de los tres que se han puesto frente a mí uno al lado del otro, esos ojos y esas miradas es lo que me tiene frente a ellos anclado al suelo.

—Sí, lo conozco —suspiro —es un idiota muy grande con un nombre feo.

—No es feo ese nombre —se ofende el crío y rio.

—Solo lo dices porque te llamas igual —su mandíbula se tensa.

—Él te sacará a patadas de aquí si le decimos —asegura una de las niñas que me mira con odio.

—¿Así que tío Enzo? —sobo mi barbilla —¿Y quién es vuestro padre? —se miran entre ellos en silencio.

—Lorenzo —dicen al mismo tiempo y eso me confunde aún más.

—O es tío o es papá —explico —no ambas cosas, ¿y cómo se llama mamá? —una de las niñas da un paso hacia mí.

—Que te importa —sonrío con su respuesta.

—No lo sé —me encojo de hombros —solo tengo curiosidad por saber quien cría tan mal a tres mocosos




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