Dante
Siento las turbulencias del avión, pero mantengo la calma, debo admitir que volar me calma y respiro hondo cuando Daniel se cambia de asiento y se sienta frente a mí, le dejé claro que quería estar solo, pero como siempre él nunca obedece y eso estresa, mi hermano me mira, me estudia y me escanea como si fuera uno de esos documentos que debe analizar y sé lo que está pensando, algo que yo también pienso, pero decirlo en voz alta alterará todo mi mundo, ese que creí tener bajo control luego de su partida y ahora todo el control parece disiparse. Y es difícil, es difícil tan solo imaginarse que esos niños son míos porque significa que la eché de mi vida embarazada, que ese día que le di el divorcio en el mismo restaurante donde nos casamos ella ya estaba embarazada, llevaba en su vientre tres pequeños y yo, yo ni siquiera ahora conozco sus nombres, solo el del niño y aprieto con rabia mis puños porque lleva el nombre de Di Marco.
—¿Crees que esos niños son hijos de su infidelidad? —miro los ojos de mi hermano cuando él hace la ridícula pregunta y las palabras de Raquel vienen a mi mente, según ella todo fue una trampa, Alonso la citó, la besó a la fuerza y eso hace que me tense porque si es verdad significa que…
—De ser así no se parecerían a nosotros —mi hermano alza una ceja asombrado de que diga eso en voz alta.
—Dante eso entonces significa que Raquel no te fue infiel, que le pediste el divorcio y que ella estaba
—Embarazada, con mis herederos en su vientre —susurro sintiendo un escalofrío —aunque quizás es una gran mentirosa Daniel —miro los ojos de mi hermano —quizás sí que me fue infiel, pero luego descubrió su embarazo y era tarde ya.
—¿Y por qué no volvió? —tenso mi mandíbula —¿Crees que si solo buscaba dinero no hubiera vuelto diciendo que tendría a los herederos del CEO? —paso una mano por mi rostro.
—Vi fotos de ella besándose con Alonso, su ex —miro los ojos de Daniel.
—¿Y quién te dio esas fotos Dante? —él se cruza de brazos —si esos niños son
—Daniel —lo interrumpo —estoy cansado, déjame solo, Raquel viajará mañana a Estados Unidos y llegará a la empresa, ya tendré mucho, demasiado tiempo para hablar con ella —Daniel niega con la cabeza.
—Es la única mujer que de verdad has amado —dice poniéndose de pie —y sus tres hijos son idénticos a ti Dante, es ridículo que aún pienses que te fue infiel —espeta con rabia y entonces solo se aleja, sí, es ridículo, pero aceptarlo sería perder todo el control. Sabía que al darle el divorcio antes del año acordado arruinaría su vida y lo hice queriendo hacerle daño, sabía de sobra como es su familia, las personas, sabía que ella no iba a quedarse en el país porque no podía y aun así puse el divorcio en la mesa pensando que me era infiel aunque mi mente recreaba escenas felices a su lado a lo largo de ese año, el día en que nos casamos, el brillo en sus ojos tres días después de esa boda cuando nos besamos con pasión por primera vez, nuestra primera vez, esa noche especial en donde fui el primero en su vida y quedé prendado de ella porque no conocía ese detalle, se suponía que había tenido un novio, pero no, ella fue mía y fui el primero.
El Jet aterriza y Daniel se precipita a bajar de este rápido, yo solo lo hago despacio, con el peso de los recuerdos atormentándome y al salir la veo a ella sonriendo recostada al auto deportivo rojo, mi esposa, la mujer con la que me casé dos meses después de mi divorcio, esa que conozco desde niña y siempre supe que me amaba, aun así la hice mi esposa en un intento desesperado de olvidarla a ella, pero fue una misión fallida porque el corazón nunca olvida.
—Amore mío —bufo con sus palabras y ella ríe rodeando mi cuello con sus brazos —te eché de menos —besa mi boca mientras miro de lejos la mueca que hace mi hermano.
—Muero por llegar a la casa —paso por su lado.
—Tu padre está molesto Dante —me detengo en la puerta del auto y respiro hondo antes de entrar —no duerme desde que saliste a Italia y saber que Di Marco tendrá el 15 % de la compañía lo tiene visitando un psicólogo —habla mientras conduzco —Ni siquiera has dicho que me echaste de menos Dante —comenta y conduzco en silencio —¿acaso me escuchas? —se queja y detengo en un semáforo.
—Te lo dije —la miro de forma breve —estoy cansado Savanah —miro hacia el frente, hacia el semáforo que no acaba de cambiar de color y nuevamente Raquel viene a mi mente y no solo ella, también esos pequeños diablillos que llaman papá y tío al idiota de Di Marco, con rabia arranco el auto y comienzo a conducir nuevamente.
—¡Dante! —el grito de Savanah me hace frenar de golpe, los ruidos de los autos detrás me aturden y observo con terror a la mujer que iba a cruzar la calle y que me grita palabrotas, una a la que casi atropello por estar pensando —Dante qué demonios —miro a Savanah que está pálida —¿qué te pasa? —la preocupación en su voz es clara porque yo siempre conduzco de forma perfecta.
—Necesito caminar —me mira desconcertada y solo bajo del auto ignorando las quejas de los conductores detrás y echo a andar, solo camino escuchando el ruido de la enorme ciudad y cuando ya no puedo más me detengo y cierro mis ojos, pero su rostro aparece en mi mente y maldigo en voz alta. ¿Ahora cómo le hago frente a lo que se viene si Raquel vivirá cerca de mí, estará en mi empresa, atormentará mis días y tendré que verla diariamente fingiendo que mi corazón no late desbocado cuando la miro?
×××
Raquel
Observo la maleta dando un suspiro pensando en lo que podría faltar, puedo comprar muchas cosas allá, pero los tres pequeños que son mi vida insisten en que no pueden dejar atrás muchas cosas y bueno, no me queda otro remedio que hacer lo que quieren porque los estoy cambiando de país, de su ambiente, alejándolos de lo único que han conocido hasta ahora y quiero que se sientan cómodos.
—Aun estás a tiempo de no ir —escucho la voz de Lorenzo —ya no te presiono a hacerlo.