Raquel
Salgo de la sala de juntas con una enorme sonrisa en mi boca, fue muy fácil descubrir que tendrían una reunión con el comité coreano y mucho más fácil ir yo misma a recogerlos, llegar mucho más temprano que la mayoría de empleados y desayunar junto a ellos, vuelvo a sonreír recordando esa mirada de Dante al que he dejado con los coreanos y apuesto a que intentará todo para desacreditarme, pero esta es una guerra que él no tiene forma de ganar.
—Señorita Sullivan —me detengo cuando la escucho y me giro, una bonita chica se acerca con una tablet en su mano. —Soy Mónica Rocuso y seré su secretaria —alzo una ceja.
—Bien —le sonrío —es un placer —me doy la vuelta y subo al ascensor para ir a la planta en donde está mi oficina y ella también sube.
—Llegó bastante temprano hoy —la escucho y sonrío.
—tenía mis planes —suspiro —¿cuánto tiempo llevas trabajando aquí Mónica? —el ascensor se detiene y salimos.
—Dos años —elevo mis cejas al entrar a mi oficina y respiro hondo sabiendo que tendré que hacerle algunos arreglos, luego miro a la chica.
—Dos años es mucho tiempo —ella sonríe —apuesto a que eres alguien fiel a tu trabajo —me mira confundida —y estoy segura de que además de ser mi secretaria, Dante te pidió vigilar mis pasos —su rostro enrojece dejando claro que no estoy equivocada y tomo asiento sonriendo, Dante, yo he cambiado, pero él no lo ha hecho.
—Señorita yo no
—Es tu primera mentira Mónica y una segunda te llevará a la calle —ahora palidece —no me gustan las mentiras y ahora que vas a trabajar para mí puedo despedirte —sigue tensa —estuve casada con Dante lo suficiente para conocerlo bien, te pidió vigilar mis pasos, decirle con quien me veo, de que hablo, etc. —rio —y puedes hacerlo —cruzo mis piernas —no me molesta.
—¿No lo hace? —cuestiona confundida y sonrío.
—Apuesto a que le debes lealtad a los Ferrer —suspiro —y puedes vigilarme, voy a demostrarte que estoy aquí para hacer bien mi trabajo, el cual es proteger el dinero de Di Marco y el de esta empresa, nunca haría nada para dañar eso Mónica, pero exijo que hagas bien tu trabajo conmigo y que de cierta forma también me seas fiel a mí.
—Ahora usted es mi jefa —asiento.
—¿Cuánto te pagan? —la chica duda, pero suelta la cifra y asiento —te pagaré cinco veces más que eso —sus ojos se abren en demasía —y lo único que tienes que hacer es no ser un tropiezo.
—¿A qué se refiere?
—Puedes vigilarme para Dante, hacer bien tu trabajo conmigo y de paso hablarme sobre mis enemigos porque sé que dentro de esta empresa tendré muchos —ella asiente.
—¿Solo eso? —sonrío
—Trae dos cafés y seguiremos hablando —la chica vuelve a sonreír y se da la vuelta, cuando sale respiro hondo, pero al instante la puerta se abre con un ruido seco y miro hacia esta, Dante entra y aunque intenta controlarse se ve furioso.
—No vas a ganar Raquel —me señala viniendo hacia mí —sé lo que intentas y no voy a dejarte —gruñe colocando sus manos sobre mi escritorio.
—Al parecer no estás acostumbrado a que te digan No —su rabia aumenta.
—¿Tanto te duele aún el pasado que lo tomas ahora personal?
—El único que habla del pasado eres tu Dante —se tensa considerablemente.
—¿Dónde están los niños? —logra tensarme y se aleja unos pasos —¿dónde te estás quedando?
—Si no tienes nada que hablar de trabajo te recomiendo irte —él ríe, claro que lo hace y sigo algo tensa.
—¿Qué edad tienen los críos Raquel? —su mirada queda fija en la mia —¿o vas a negar que el físico de ellos es idéntico al mío? —sigo mirando sus ojos, sabía que esta conversación llegaría, pero no entiendo por qué le importa tanto cuando es más fácil que siga con su vida como si nada —O me dices qué edad tienen esos niños o juro que
—Apuesto a que ya sabes la edad de mis hijos —aprieta sus dientes con mis palabras.
—Haré una prueba de ADN y
—Hazla —lo reto callando sus palabras y él me señala, su mano tiembla, todo en él lo hace.
—Por dios —susurra —son mis hijos ¿verdad? —da un paso atrás y solo se queda mirando mis ojos, lo que veo en los suyos lo odio y niego.
—No he dicho eso.
—Pudiste decirme que estaba embarazada Raquel —suelta echando las culpas sobre mí y me pongo de pie.
—Y tú pudiste preguntar cuando te dijeron que te era infiel, pero no —sonrío —me echaste como basura con un divorcio mediocre —se acerca a mí y hemos llegado justo a donde no quería, pero acabo de perder el control.
—Te di el dinero que
—Dinero que fue a las manos de mi padre porque sabías —mascullo —sabías que eso pasaría Dante como también sabías que sería rechazada por mi familia cuando nos divorciáramos —espeto con rabia —sin siquiera haber cumplido un año —susurro —pudiste hablar, pero no —niego —fue más fácil creer que te había sido infiel ¿verdad? —lo veo apretar sus puños.
—Son mis hijos —afirma y para este punto ya mi corazón late como loco en mi pecho.
—Ya te dije, no he dicho eso en ningún momento y jamás lo haría —él se acerca más a mí.
—Les dijiste que estaba muerto —gruñe y ahora solo la mesa nos separa.
—Para mí lo estabas Dante así que no mentí —alza una ceja incrédulo a mis palabras.
—Eres... eres increíble
—Lo sé
—Cínica —rio viendo el odio y la rabia en sus ojos, pero también algo más, algo que no quiero descifrar.
—¿En serio vas a seguir? Porque me sé otros halagos más —me señala.
—Voy a hacer esa prueba de ADN Raquel y luego —sonríe —luego hablaré con mis hijos y luego yo
—No harás eso —interrumpo rápido sus palabras —para ellos estás muerto.
—Pero estoy vivo, maldita sea —da un golpe seco en la mesa —y no vas a impedirme hacer lo que quiero Raquel —alzo una ceja, él ha perdido todo el control, pero respiro hondo intentando controlarme y lo consigo.
—Lo que quieres —murmuro —cosa que haces siempre, lo hiciste al darme el divorcio, al sacarme de tu vida y al casarte tan solo dos meses después de sacarme de tu casa —gruño dejando claro que he investigado y veo el dolor en sus ojos, dolor y culpa, cosas que jamás pensé ver en su mirada —pero ya no más Dante, no soy la misma de antes —soy sincera volviendo a mi silla sin querer seguir mirando esos ojos que aunque no quiera hacen que mi corazón se desespere.