Los Herederos del Mana

Capítulo 6: Antes del Torneo

Después de nuestra primera misión, las semanas se convirtieron en un torbellino de entrenamiento y misiones. Félix nos exigía más cada día, y nosotros respondíamos. Las misiones, que al principio parecían desafíos, se volvieron rutinarias. Demasiado fáciles. Como si el mundo se estuviera adaptando a nosotros... o nosotros estuviéramos superando al mundo.

—Hoy tenemos el día libre, ¿qué vamos a hacer? —le pregunté a Damian mientras el sol se colaba por la ventana de nuestra habitación.

—La verdad, hoy solo dormiré —respondió, lanzándose sobre su cama con la gracia de un saco de patatas—. Necesito un descanso después de tanto. Esa última misión con esos lobos infernales me dejó los brazos destrozados.

Dejé que Damian cayera en sus sueños y salí a caminar solo. La Academia Abalon era enorme, y aún había zonas que no había explorado. Mis pasos me llevaron a un sector comercial que no conocía: pequeñas tiendas, cafeterías, incluso una librería. Todo diseñado para que los estudiantes sintieran que esto era un campus universitario normal.

Pero nada aquí era normal.

Mientras recorría las tiendas, sentí un cosquilleo en la nuca. Esa sensación de ser observado. Me giré rápidamente, pero solo vi estudiantes normales, riendo, comprando, viviendo sus vidas. Sin embargo, en lo alto, en una ventana del edificio principal, creí ver una silueta. Zarius, quizás. O alguien más.

—Vaya vaya, miren a quién tenemos aquí —una voz conocida rompió mi concentración.

Me giré. Diana estaba detrás de mí, con una sonrisa que no alcanzaba a ocultar las ojeras.

—Diana, tiempo sin verte —exclamé, y la abracé. Por un instante, todo fue como antes. Como si no hubiera pasado un mes.

—La verdad es que sí —comentó, separándose—. Ya ha pasado un mes desde que empezamos y no nos habíamos cruzado. Es extraño, ¿no? Vivir en el mismo lugar y no encontrarnos.

—Es cierto. Vamos a algún lado a tomar algo, yo invito.

Nos dirigimos a una pequeña cafetería cerca de allí. Mientras esperábamos nuestros cafés, observé a Diana con más atención. Algo en ella había cambiado. No solo físicamente, aunque también: estaba más tonificada, su postura más firme. Era su mirada. Había perdido esa chispa juguetona que siempre la caracterizó.

—Siempre me pareció raro que, a pesar de entrenar en el mismo lugar y de estar en la misma academia, nunca nos viéramos —comenté, dando el primer sorbo.

—Es verdad —admitió, jugando con su taza—. Nuestros entrenamientos no nos dejan hacer nada nunca. Voss nos presiona demasiado. Cuando salimos, vamos directo a nuestros dormitorios, que están algo alejados del campo de entrenamiento. Nunca tenemos tiempo para divertirnos.

—¿Voss? —pregunté, confundido—. Pero Félix es nuestro profesor, de ambos grupos.

Diana me miró con extrañeza.

—No, Brayden. Nuestro profesor es otro. Se llama Voss. Félix solo los entrena a ustedes.

El mundo se detuvo por un segundo.

—¿Cómo que otro profesor? —pregunté, dejando la taza—. Pensé que Félix estaba a cargo de todos los novatos.

—No —respondió Diana, y por primera vez noté algo en su voz. ¿Incomodidad?—. Desde el primer día nos separaron. Ustedes tienen a Félix. Nosotros tenemos a Voss. ¿No lo sabías?

No lo sabía. Y de repente, todas las piezas comenzaron a encajar de una forma incómoda.

—Entiendo —dije, intentando sonar casual—. En cambio, nosotros de vez en cuando podemos relajarnos. Félix nos exige, pero no tanto como a ustedes, al parecer.

—Pero qué más da —Diana forzó una sonrisa—. Al menos he podido mejorar mucho. De hecho, todos lo hemos hecho.

—¿En serio? Eso es fantástico —respondí, apartando mis sospechas—. Oye, ahora que lo pienso... ¿y eso que estás sola hoy?

—Axel se quedó. Yo salí a despejar la mente un rato, ya que Voss nos dio el día libre, igual que a ustedes —explicó—. Me pregunto por qué nos habrán dado un descanso a los dos grupos el mismo día.

—Sospecho que lo han de haber llamado para algo —dije con seriedad—. No son de los que dan días libres así porque sí.

—Eso es cierto —admitió, y por un instante su sonrisa fue genuina—. Oye, ¿has oído hablar del torneo?

—¿Qué torneo?

—¿No lo sabes? La Academia organizará un torneo para los novatos. El que gane será ascendido y se trasladará a otras instalaciones con su equipo —sus ojos brillaron con una emoción que no veía en ella desde antes de todo esto.

—Eso es impresionante —admití, y sentí una chispa de emoción—. En ese caso, no pienso faltar. Y sé que los demás tampoco.

—Ahora que hablas de los demás, ¿qué tal les va?

—Thalia, Damian y yo estamos bien. Nos hemos vuelto más fuertes —respondí, pensando en cada uno—. Cassandra y Luna son impresionantes. No tienen igual. Y por último, Evelyn, que es la líder del equipo y la más fuerte. Seguro la verás en el torneo.

—Eso suena bien —Diana tomó su café—. Estoy ansiosa por vernos ahí.

—Igual yo.

Chocamos los puños y terminamos nuestros cafés. El sol comenzaba a ocultarse, tiñendo el cielo de naranja y rojo. Antes de separarnos, Diana me miró con una expresión que no supe interpretar.

—Brayden... cuídate, ¿sí? —dijo en voz baja.

—Siempre lo hago —respondí, sonriendo.

Pero mientras caminaba de regreso, no pude sacudirme la sensación de que sus palabras habían sido una advertencia.

---

Al llegar a la habitación, Damian estaba despierto, sentado en su cama con expresión de recién despertado.

—Y bien, ¿cómo te fue en tu día libre? —le pregunté.

—Espléndido —estiró los brazos, y sus huesos crujieron—. Recuperé toda la energía gastada. Estoy listo para mañana. ¿Y tú?

—Me encontré con Diana.

—¿En serio? —su tono se volvió instantáneamente sarcástico—. Qué bien.

—Ya sé, ya sé... no te cae muy bien —respondí con una leve sonrisa—. Me contó que se va a celebrar un torneo para novatos. El ganador será ascendido y trasladado a otras instalaciones con su equipo.



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En el texto hay: jovenes, magia, poderes

Editado: 30.08.2026

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