Los Herederos del Mana

Capítulo 15: Cenizas

El viento arrastraba cenizas y polvo mientras Eco y Evelyn se enfrentaban en un claro rodeado de árboles retorcidos. El suelo estaba marcado por los estallidos de sus combates anteriores, cicatrices en la tierra que reflejaban las que llevaban en el alma.

-Supongo que esta es la revancha -dijo Evelyn, desenvainando sus dagas con firmeza. Su mirada era un cuchillo, fijo en la figura que emergía de las sombras.

-Esta vez no vivirás para contarlo -respondió Eco. Su voz era hueca, sus ojos carecían de toda emoción. Como si ya hubiera visto el final de esta batalla.

Evelyn desapareció.

-¡Paso del Viento Silencioso!

Como una ráfaga imperceptible, se lanzó directo al corazón de su enemiga, confiando en la misma técnica que una vez le dio ventaja. El aire a su alrededor se distorsionó, su cuerpo se volvió sombra.

Pero Eco sonrió.

-¿Creías que funcionaría dos veces?

-¡Clave de Sol!

Una onda sonora, invisible, estalló desde su posición. Evelyn, atrapada en medio de su ataque, no tuvo tiempo de esquivar. La onda la envolvió y la lanzó por los aires como un muñeco de trapo.

Golpeó el suelo con violencia. Su espalda se arqueó por el impacto. Sintió cómo sus costillas crujían.

-Lo siento -dijo Eco, con una frialdad sepulcral, mientras su silueta flotaba entre vibraciones invisibles-. Eso ya no funcionará otra vez.

Evelyn se levantó. Su rostro sangraba. Un corte profundo en su mejilla dejaba ver el músculo debajo. Pero su mirada no mostraba rendición.

-Entonces es hora de aumentar el nivel.

-¡Sombras Fragmentadas!

Cientos de copias de Evelyn brotaron de las sombras como espectros veloces. Se movían con precisión letal, atacando desde todos los ángulos, sus dagas brillando en la penumbra.

Eco destruía una tras otra con sus ondas. Cada impacto hacía estallar una ilusión, pero ninguna era la verdadera. El aire se llenó de fragmentos de sombra que caían como lluvia negra.

-Qué lástima... -bufó Eco, destruyendo otra copia-. ¿No tienes el valor de atacarme tú misma?

-¡Golpe Fantasma!

Un puño real, directo, surgió desde su punto ciego. El impacto se estrelló con brutal fuerza en su rostro. La mandíbula de Eco crujió. Su cuerpo salió disparado, dejando una estela de polvo hasta estamparse contra un árbol.

Esta vez, sangraba.

-Tch... -escupió, limpiando la sangre de sus labios-. No me lo esperaba... debo admitirlo, dolió.

Evelyn no se detuvo. No podía detenerse.

-¡Estampida de Mariposas Negras!

Un enjambre de mariposas oscuras llenó el campo, sus alas batiendo con un brillo ominoso. Cada una era una bomba, cada una un suspiro de muerte. Eco las miró sin moverse, pero cuando tocaron su piel...

Explotaron.

Una tras otra, en una sinfonía de caos y llamas negras. El humo cubrió su figura por segundos eternos.

Cuando se disipó, Eco aún estaba en pie. Pero jadeaba. Su cuerpo estaba cubierto de cortes. La sangre empapaba su ropa. Sus ojos, por primera vez, mostraron algo más que vacío: dolor.

-Ya basta de juegos.

Un paso. Un parpadeo.

Desapareció.

-¿Qué...?

La voz susurró justo detrás de su oído.

-Este es tu fin.

-¡Grito de Banshee!

El chillido desgarró el aire. No era solo sonido. Era una fuerza física, un martillo invisible que golpeó a Evelyn con la furia de un dios.

Evelyn voló. Su cuerpo se estrelló contra un muro de piedra. La pared se agrietó. Cayó al suelo como trapo mojado.

Intentó levantarse. Sus brazos temblaban. Sus piernas no respondían.

Otro grito.

Otro.

Otro.

Eco no se detenía. Cada grito era un mundo de dolor. Evelyn sentía sus huesos fracturarse, su piel desgarrarse, su alma romperse.

Pero no gritaba.

-¿Por qué no gritas? -preguntó Eco, confundida, deteniéndose un instante.

Evelyn sonrió. Sangre brotaba de sus oídos, de su nariz, de sus ojos.

-Porque... todavía no he terminado.

Se puso de pie. Sus piernas temblaban. Sus brazos colgaban inertes. Pero estaba de pie.

Eco la miró. Por un instante, algo brilló en sus ojos. ¿Respeto? ¿Miedo? ¿Compasión?

-Eres increíble -susurró-. Pero esto se acaba aquí.

Levantó ambas manos. El aire vibró con una frecuencia mortal.

-¡Op...

Evelyn no la dejó terminar.

Con el último aliento, con el último fragmento de maná en su cuerpo, se lanzó hacia adelante. Sus dagas, ya sin brillo, buscaron el corazón de Eco.

Pero no llegaron.

El grito final la alcanzó en el aire.

El impacto la detuvo. Su cuerpo quedó suspendido un instante, como una marioneta a la que le cortan los hilos.

Y cayó.

Silencio.

Eco se acercó lentamente. Observó el cuerpo inerte de Evelyn. Su pecho no se movía. Sus ojos, abiertos, miraban el cielo sin verlo.

-Parece que ya se rompió -dijo.

Se dio la vuelta. Caminó entre las ruinas del campo de batalla. El viento arrastraba cenizas.

Detrás de ella, el cuerpo de Evelyn yacía inmóvil.

Sin vida.

En otra parte del campo de batalla, Freya observaba con desdén a los cuatro guerreros que yacían a sus pies. Edward, Axel, Sophia y Aaron estaban agotados, sus cuerpos marcados por quemaduras, su ropa hecha jirones.

-¿Eso es todo lo que tienen? -dijo Freya con una mueca de decepción-. Qué patético... ni siquiera pudieron aguantar un poco de mi fuego.

-Aún no hemos terminado contigo -dijo Edward, levantándose a duras penas. Sus piernas temblaban, pero su mirada era de acero.

Los demás siguieron su ejemplo. Uno a uno, se pusieron de pie. Axel, con el costado quemado. Sophia, con flechas rotas a su alrededor. Aaron, con los dedos ensangrentados de tanto invocar hilos.

-Será mejor enseñarles que deben quedarse en el suelo -dijo Freya, alzando la mano. Las llamas comenzaron a danzar a su alrededor.

-¡No la dejen lanzar nada! -gritó Axel.

Aaron y Edward actuaron al unísono. Cadenas espectrales e hilos invisibles atraparon a Freya, inmovilizando sus brazos. Sophia disparó sin detenerse, flechas lloviendo sobre ella como una tormenta.



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En el texto hay: jovenes, magia, poderes

Editado: 30.08.2026

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