Los Hermanos

Los Hermanos

Luego de la pérdida de su madre, en aquel cementerio donde fue enterrada, encontró a Mark: un hombre peculiar, no tan mayor y diferente a todos por ser tan enigmático y sencillo. Lo vio llorar frente a una tumba ajena y eso la apenó; aquel llanto sincero dedicado a una pareja fallecida.

El tiempo transcurrió y ambos comenzaron a coincidir siempre en el mismo lugar, llevando flores exactamente cada viernes. Con el paso de las semanas, Paula y él entablaron conversaciones. Mark era encantador, aunque a la misma vez muy extraño. Meses después, se convirtieron en pareja.

Le demostró ser un hombre respetuoso, con valores firmes. Tanto así que nunca la tocaba. Con los días, su presencia se tornó más misteriosa, envuelta en un aire sombrío, casi apocalíptico.

Las noches en las que dormía junto a ella eran muy escasas por exceso de trabajo, o eso decía. Al despertar, Mark nunca estaba a su lado.

La relación se deterioró. Paula se hartó de no encontrarlo ni sentirlo como hombre. Nunca la tocó ni le demostró otro tipo de afecto. Era súper amoroso y llamativo cuando estaba con ella algunos días, pero, de la misma manera, misterioso, frío y extraño...

Ese viernes, cinco de mayo del año dos mil, Mark llegó del trabajo diciendo estar muerto del cansancio. Se acostaron juntos. Al despertar, Paula notó su ausencia como casi siempre... La noche siguiente pasó lo mismo, pero en esa ocasión lo persiguió para descubrirlo.

El camino se le hacía súper agobiante: había muchas piedras, el polvo volaba con el denso viento que creaban los matorrales y todo era solitario y tétrico.

Al salir del matorral, un letrero la llenó de pavor al leer la advertencia y reglas que contenía:

3 a. m.

No estas sola.

Siga caminando.

No aceptar ayuda.

Nunca mire hacia atrás.

Su compañía ya ha sido vista.

Aquí no responden los vivos, solo Los Hermanos.

Luna llena = hermanos reclamando compañía.

Un escalofrío le recorrió la espalda, pero siguió adelante, queriendo descubrir la verdad del por qué siempre se iba.

Luego de haber caminado tanto, él desapareció casi frente a sus ojos. Por suerte, escuchó una música distante que la guió hasta donde creyó que podría encontrarlo: un bar.

Allí habló con unos hombres que se veían exhaustos por el sueño, preguntándoles si conocían a su pareja. Pero al escuchar aquel nombre, solo se miraron entre ellos, incómodos, y prefirieron guardar silencio.

Una persona, a la cual no se le notaba el rostro por su gigantesco sombrero blanco, la llamó. Estaba sentado en una silla, con las piernas hacia dentro, tapadas por un inmenso saco.

—¿Dígame? —se acercó ella.

—Usted... —percibió que era un señor por su voz—. Usted viene en busca de Mark, ¿verdad?

—¿Nos conocemos?

—Usted a mí no.

Paula se estremeció.

—¿Puede decirme dónde lo puedo encontrar? Debo irme —dijo, un tanto desesperada por la atmósfera que se vivía ahí.

El hombre se rió, soltando una peste de su boca que hizo que ella contuviera de inmediato la respiración.

—Te puedo llevar hacia él. Necesito descansar. Estoy aquí sin necesidad alguna. Este no es mi hábitat, pocos lo saben... mientras otros lo imaginan —dijo, inclinando aún más su sombrero.

Paula negó su propuesta. Era un desconocido que ocultaba su cuerpo y su rostro; los sacos encima hacían imposible confiar en él.

—Ya que no quieres eso, al menos puedo llevarte hasta la carretera central —señaló su vehículo con la manga. Ella lo miró con pena: era viejo y estaba en muy mal estado—. Llegarás muy rápido y veo que tienes sueño, podrás descansar de inmediato... No es recomendable andar sola por estas zonas, sobre todo de regreso. Y otra cosa: la leyenda de los hermanos se debe respetar. ¿La has escuchado?

De inmediato se acuerda de dos de ellas: no aceptar ayuda y no andar sola.

Se sentiría entre la espada y la pared si creyera en esos cuentos, porque no puede aceptar ayuda para regresar, pero tampoco regresarse sola...

—No conozco la historia por completo, aunque no creo en eso —se alejó—. ¡Adiós!

El señor volvió a reír.

—Debes creer. Así como existe lo bueno, también existe lo malo.

Paula asintió y se marchó.

Salió repleta de temor. El camino de regreso se le hizo aún más pesado; sus pies parecían no responderle. Cada rama crujía a su paso, los pájaros gritaban en la madrugada y se escuchaban voces que parecían de ultratumba.

Sintió una respiración lenta y húmeda en la nuca, como si alguien soltara su aliento sobre su piel. Se detuvo, igual que su respiración por el pánico, y observó hacia atrás...

Miró la luna casi llena. De pronto, una luz potente la arropó. Al mirar, no vio nada... hasta que volvió a percibirla. Esta vez, un vehículo venía detrás.

Unos cuervos empezaron a gritar y volaron casi por su frente, como en manada...

El vehículo reducía la velocidad al acercarse. Era la misma camioneta vieja, sin ventanilla siquiera.

—Casi es luna llena y falta poco para las tres de la madrugada. El peligro acecha —dijo—. Súbete. Llegarás más rápido de lo que piensas conmigo.

Paula subió, dominada por el miedo.

—¿No has escuchado las leyendas?

—No creo en eso.

—Pues vas a creer —repitió—. Todos creen que el mal anuncia su llegada..., pero casi nunca lo hace... A veces lo malo está más cerca de lo que imaginamos.

—¿Por qué no muestras tu rostro? Me haces temer.

—Es mejor así. No soy agraciado..., tú sí lo eres. ¿Sabías que dicen ver a Mark por estas horas buscando compañeras?

—...

—Ya estamos llegando a la carretera de la ciudad. ¿Quieres que te lleve donde Mark...? —al finalizar su pregunta, desató un gruñido de dolor en su voz un tanto más grave, mientras se retorcía como de dolor o incomodidad.



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En el texto hay: misterio, terror, relato

Editado: 05.02.2026

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