Los hermanos Tonali: Atractivos y Peligrosos.

Capitulo 54

Al día siguiente, el doctor Vitto atendió a Bethany en un chequeo de rutina. Cuando Ciro le comentó que estaba delirando no quiso posponer por mucho tiempo la cita. Bethany no objetó nada, aún sabiendo que no eran delirios.

-Todo parece en orden, señorita Carter.

-Es Tonali. -Corrigió con seriedad Ciro enseñado la argolla.

-Perdóneme. -Se disculpó el doctor. -No encontré signos de daño cerebral que podría explicar los delirios. Sin embargo, otro factor que deben de tener en consideración es el aspecto psicológico. La amnesia no es fácil de llevar. Mi recomendación es que asista a un terapeuta que la ayude a sobrellevar todo esto. -Le dijo afable. Ciro asintió atacado por la fría indiferencia de su esposa que lo ignoraba sin mucho esfuerzo.

Se despidieron luego de que el doctor Vitto desglosara su agenda de colegas psicólogos y le recomendara algunos otros. Estaban de pie frente a las puertas del ascensor esperando que éste se abriera.

-¡Oh rayos! Olvidé mi celular. -Dijo Bethany.

-¿Te acompaño? -Se ofreció Ciro.

-No. Ve sacando el auto. No demoró -Dijo devolviéndose a la oficina del doctor.

No encontró a la secretaria en su habitual puesto de trabajo así que pasó directo y golpeó la puerta.

-Adelante. -Accedió Vitto pensando que se trataba de su secretaria, era la única que llamaba a su puerta. -Señora Tonali ¿Sucede algo?

-Nada grave. Solo quería hacerle una pregunta: ¿Podría darme detalles de mi accidente? -Dijo terminando de entrar. El doctor echó memoria.

-No hay mucho que yo pueda contarle. Yo recibí el caso cuando uno de mis colegas, Luigui Lamberti decidiera no atenderlo.

-¿Por qué renunciaría a mi caso?

-No sabría decirle. Honestamente me pareció extraño, es un hombre joven, más que yo y muy bien experimentado.

-¿Y del accidente? ¿El hombre que manejaba el otro auto ingresó a este hospital?

-Tampoco lo sé. Yo no había oído de un siniestro vehicular ese día, y no tengo la menor idea de quién era el otro involucrado.

-Entiendo. -Dijo ella pensativa. Salió poco después.

Sin afanes llegó al estacionamiento donde el Mustang ya rugía. Avanzaron un largo tramo en silencio que por más habitual que estuviera volviéndose, Ciro no terminaba de acostumbrarse.

-Evaluaré a cada uno de los especialistas antes de asignarte con uno. Solo quiero el mejor trato para ti. -Comentó Ciro al volante.

-Evalúa a quién tú quieras, no pienso asistir con ninguno. -Se negó sin dejar de ver através de la ventanilla abierta.

-Oíste a Vitto.

-No estoy loca. -Debatió mirándolo con desprecio. -Y podría apostar que cualquier ayuda que tú me consigas me dirá lo que a ti te convenga.

-No quiero discutir, mio... -Se quedó a media palabra. Bethany esperaba que terminara la frase para impactar la palma de su mano en su rostro, otra vez. Esa acción le daba cierto placer. -No te obligaré a nada, pero consideralo. Solo quiero que estemos bien.

"Lo estaré cuando descubra la verdad" pensó. Se percató del desvió que tomaba el Mustang.

-¿Qué haces? -Preguntó.

-Quiero invitarte a comer porque sé que al regresar a casa te encerrarás en la habitación y no vas a querer hacer nada conmigo, ni siquiera compartir la mesa. Tengo que aprovechar estos momentos. -Dijo notándose un poco afligido, aunque no estaba en posición para hacerse la víctima.

Llegaron a un pintoresco restaurante cuyas mesas estaban dispuestas en la acera, al aire libre. Ciro fue caballeroso y le corrió la silla a su esposa quien no apremió el gesto. Él se acomodó en la de al frente. Una joven camarera les combinó la carta de comidas y en un rato les dejó sus macarrones con queso cheddar y la lasaña boloñesa que cada uno había pedido.

Mientras comían en silencio, Bethany no podía dejar de ver a su esposo, pero no con ojos de admiración o si quiera de encanto. Lo examinaba queriendo ver a un hombre del crimen organizado; uno que fuera capaz de quitarle la vida a otra persona, que estuviera actuando en contra de la ley. Aunque no esperaba que tuviera un rasgo distintivo.

-¿Cómo va tu trabajo como bogado? -Le preguntó repentinamente. A Ciro le dio tanto gusto oírla pretendiendo iniciar una conversación que no se detuvo en fijarse en el desagradable sarcasmo con el que habló.

-Bastante bien. Hemos resuelto satisfactoriamente varios casos.

-¿Cómo cuáles?

-No puedo darte detalles, la ley no me lo permite. -Bethany suspiró pesadamente. Ciro la mantenía en una constante subestimación, tanto que la creía muy ingenua.

-Las empresas que tu padre te heredó a qué se ocupan. -La postura de Ciro se endureció, muy claramente a pesar de su mal logrado intento por aparentar normalidad.

-A la fabricación y exportación de diferentes productos. -Se afanó por crear una excusa. Nunca había pasado por la presicion de explicarlo. -Has estado muy curiosa estos últimos días.

-Quiero conocerte.

-¿No me has conocido lo suficiente? -Bethany se encogió de hombros con tranquilidad.

-Quiero sacar mis propias conclusiones de quién eres. -Le dijo ladeando la cabeza. Ciro reprimió una mueca de disgusto. Sus palabras y sus gestos que casi despilfarraban arrogancia le recordaron a la Bethany de antes.

-No hay mucho, más allá de lo que ya te he dicho. -Aseguró el italiano. Bethany regresó a su lasaña sin pronunciar nada más.




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