Ciro estaba en su oficina, sentado frente a su ordenador. Había considerado la idea de borrar los archivos recopilados por el detective, pero qué caso tenía hacerlo ahora, cuando Anne ya sabía la verdad. Fue muy ingenuo al relevar el contenido de aquellos archivos, y más ingenuo aun al pensar que Anne no los encontraría. Debió llevarlos a otro ordenador o pasar todo a una memoria USB que nunca soltaría. Ahora, las consecuencias le estaban pasando factura por su descuido.
-Ya estoy aquí. ¿Qué sucede? -era Brahim entrando sin previo aviso. Ciro seguía sin poder verlo con buena cara, siempre con el entrecejo fruncido y ojos inexpresivos. Lo vio acomodarse en la silla al otro lado del escritorio.
-Planeo ir a Rusia. Tendrás que hacerte cargo de las empresas. -le dijo sin rodeos.
-¿Para eso me has hecho venir? Ya lo hemos hecho antes: tú te vas de vacaciones, yo me hago cargo y cuando vuelvas enmiendas mis errores.
-No, hermano, está vez será diferente. No son unas vacaciones lo que pienso tomarme... -carraspeó. Lo que diría a continuación no sería fácil de entender para Brahim. -Pienso mudarme a Rusia.
-¡Qué! ¡Mudarte! -estaba sorprendido, o mejor enfurecido. -¿Piensas dejar todo lo que nuestro padre ha construido?
-Es por nuestro bien. Tienes razón, he revisado los archivos que ese maldito detective reunió y podrían venir tras de Anne. -hubo algo en esta confesión que incomodó a Brahim, quien, terco incluso para su propio corazón, pretendió no entender qué lo sacudió.
-Te mudarás para protegerla. -le atinó. Su voz sonaba con decepción. -Hasta hace unos días tú estabas muy tranquilo haciéndote a la idea que esa mujer estaba muerta y ahora, no solo te refieres a ella con su nombre real sino que intentas huir ¿qué ha pasado?
-Nada, no ha pasado nada. Es solo una precaución. No quisiera verme huyendo de los federales y arrepintiéndome de no haber tomado esta decisión a tiempo. -dijo sonando lo más convincente posible, pero no era fácil mentirle a la cara a su hermano. -Fue lo que nos ocurrió en un principio ¿o no te acuerdas?
-Y estuvimos bien hasta que descubrimos... -Brahim se calló en seco. En su mente algo hizo conexión. Entendió de pronto la situación a la que su hermano quería prevenirse. Antes del accidente, cuando Anne apenas entraba a la vida los Tonali, todo marchaba bien hasta que descubrieron quién era Bethany en verdad. Fue entonces cuando sus vidas empezaron a tastabillar justo como ahora ocurría. Brahim lo resumió todo en su cabeza.
-No te llamé para pedirte permiso, sino para ponerte al día con todo el lío de las empresas. -continuó Ciro tecleando en su ordenador.
Brahim se abstuvo de decir algo, tan solo se quedó postrado en su asiento fingiendo que ponía atención al sermón sin sentido que Ciro daba. Pensaba en los detalles: la legión de guardias que sondeaban las afueras de la mansión, las cámaras de seguridad, los dobles vigias en la entrada. Ciro había sido el que más tranquilo estaba sabiendo que vivía con el enemigo, y de pronto la casa había adoptado la perturbadora apariencia de una prisión ¿quién era el prisionero? Sin ninguna duda, algo había pasado.
Cuando por fin Ciro terminó de ponerlo al día, pasada ya la media hora desde su llegada, Brahim se levantó y se marchó llevando un trozo de papel con apuntes que ni siquiera entendía. Estando en el exterior, ya en el porche, lo guardó en un bolsillo. Desvió su mirada hacia un costado de la casa y descubrió a Bethany de pie, viéndolo con fijeza. Brahim echó la vista hacia atrás precavido a su hermano que no estaba a primera vista. Con paso cauteloso se acercó a su ex amante.
Mientras aguardaba pacífica por su llegada, Bethany, inconscientemente llevó una de sus manos a su vientre sintiendo que su embarazo fuera algo fácil de deducir para él. Tenía la ligera impresión que los hombres desarrollaban, quizás, un sexto sentido que los hacía más susceptibles a un embarazo del que habían sido parte.
-¿Qué haces aquí? -saludó descortés Bethany. Verlo en casa se hacía cada vez más extraño.
-Mi hermano me llamó. Lo he notado un poco diferente ¿tú sabes por qué? -inqurió meticuloso.
-No entiendo a qué te refieres. No he notado nada. -aunque podía hacerse una idea. Desde que lo encaró en su oficina y le confesó saber toda la verdad en cuanto a ella, Ciro se había hecho más distante. Obviamente no sería la confesión más idónea para hacerle a su cazador.
-¿No sabes por qué pretende que se marchen a Eslovenia? -dijo Brahim solo para atestiguar cómo el rostro de Bethany, naturalmente blanco, perdía más color. -No lo sabías.
-No. -dijo casi asustada.
-¿Te acuerdas de la historia que alguna vez te conté acerca de Anne? Que quería destruirnos a mi hermano y a mí.-caminó un par de pasos para acercarse más a ella, los mismos pasos que Anne retrocedió para conservar la distancia.
-Y que por eso la mataste. -completó cruzándose de brazos. Ahora sabía que se había quedado en el intento. Saber lo que él desconocía le daba un punto de ventaja, y ya iban dos a cero. El embarazo también sumaba. Brahim asintió, insipiente.
-Cuando eso ocurrió Ciro había adoptado una postura bastantes similar.
-¿Tambien quiso huir a Rusia?
-No, fue menos drástico, lo que me hace pensar que ahora tiene razones más fuertes para querer tomar esa decisión. Y créeme que con Anne, las razones no eran tontas. -hizo una pausa. Entornó sus ojos deseando poder leer algo en sus orbes avellanas. -¿Te has portado bien? ¿O acaso has continuado con tu insistente curiosidad?
-Yo no tengo nada que ver en esto, ni siquiera sabía que se iría. -se defendió. -Además de todo no sé por qué quiere llevarme con él. ¿Qué hay en Rusia para mí?
-Nada, que yo sepa. Pero puedo suponer que intenta protegerte.
-¿De ti? –inquirió Anne abruptamente. Su cuñado la miró en silencio, suponiendo qué corría por su mente.
-Entre otras amenazas. -dijo atestado de sinceridad.