Los Hijos de Ipswich El lado oscuro del pacto

Capítulo 19 – Parte I: Ecos bajo la calma

Al mismo tiempo, en otro punto de Ipswich, Tyler y Reid ya habían llegado al lugar de la celebración.

El motor del auto se apagó, dejando un breve silencio que solo rompía el canto de los grillos y el murmullo lejano de la música. Tyler bajó primero, ajustándose la camisa gris oscuro que le caía perfectamente sobre el pantalón negro. Respiró hondo. Había una tensión casi eléctrica en su pecho —nervios, emoción y algo más… esa sensación de que la noche podría cambiarlo todo.

Reid dio un portazo y se apoyó con desparpajo en el vehículo, luciendo su sonrisa de siempre: esa mezcla de burla y seguridad que parecía desafiar al mundo entero.

—Vamos, hermano —dijo, echándole una mirada de arriba abajo—, ¿en serio estás nervioso? Si vas a vomitar, hazlo antes de entrar. No quiero limpiar tus restos.

Tyler soltó una risa seca y lo empujó con el hombro.—Cállate, idiota. ¿Acaso tu no estuviste nervioso cuando ascendiste?

Reid se pasó una mano por el cabello rubio, fingiendo orgullo.

—Por favor. Nada intimida a Reid Garwin. —Sonrió con ese brillo irreverente que ocultaba cualquier duda.

Tyler rodó los ojos, aunque su sonrisa fue sincera.

—Claro… Solo espero que todo resulte bien. Tengo un mal presentimiento.

—¿Por lo que dijo Caleb? —preguntó, encendiendo su cigarrillo con un chasquido—. Hermano, las pesadillas de Caleb son solo eso: pesadillas. El tipo necesita dejar de dramatizar tanto. Si por él fuera, nos tendríamos que reportar antes de usar el poder para encender una simple vela.

Tyler lo miró, cruzándose de brazos. Su tono, aunque tranquilo, cargaba una nota de inquietud real.—suspiro, ¿y si no es solo un simple sueño? Ya sabes que cuando Caleb siente algo así… casi siempre hay algo detrás.

Reid soltó el humo hacia un lado, riendo apenas.

—¿Premonición? Pff no, hombre. —Le dio una palmada en el hombro—. Tú solo disfruta tu fiesta de ascensión. Baila, bebe alcohol, besa a tu chica y deja que el destino se preocupe solo. Si te sigues tensando así, te vas a volver viejo antes que Caleb.

Sacó de su chaqueta una bolsita de coca y la levantó con picardía.

—Y si no puedes relajarte… esto ayudara.

Tyler negó con una sonrisa divertida, empujándole la mano.—Guárdalo idiota. Mis padres están cerca, y no quiero que vean tus “remedios”.

Reid alzó ambas manos con teatral inocencia.

—Eh, solo ofrezco soluciones. No milagros.Ademas tu te lo pierdes.

El sonido ronco de una motocicleta cortó el aire nocturno. El faro iluminó fugazmente a los dos antes de apagarse. Pogue aparcó, se quitó el casco y bajó con paso firme, el cabello despeinado por el viento y esa presencia que imponía respeto sin tener que alzar la voz.

—Llegué justo a tiempo —dijo con una media sonrisa, colgando el casco en el manubrio—. ¿Listos para la gran noche?

Reid alzó las cejas, con su típica sonrisa provocadora.

—Perfecto. Justo a tiempo para ver cómo el baby boy se convierte oficialmente en un hombre.

Tyler bufó, divertido pero algo tenso.

—Sí, claro. Vamos de una vez —dijo, intentando sonar relajado, aunque su tono lo traicionó.

Pogue lo observó un segundo, serio. Luego miró a ambos con esa calma protectora que lo caracterizaba.

—Antes de entrar, solo recuerden lo que dijo Caleb. No bajemos la guardia. Si su pesadilla tiene algo de cierto, más vale estar preparados.

Reid soltó una carcajada, metiendo las manos en los bolsillos.—¿En serio tú también, Pogue? Primero Caleb, ahora tú. No pasará nada. Y si pasa… —alzó la mirada, con fuego en los ojos— acabaremos con lo que sea, como siempre. Los Garwin no suelen huir.

Pogue se inclinó ligeramente hacia él, la voz grave pero tranquila.

—No se trata de correr, Reid. Se trata de estar listos.

El silencio entre los tres duró un par de segundos, roto solo por el eco lejano de la música. Reid chasqueó la lengua y sonrió de nuevo, quebrando la tensión.

—Bueno, ya basta de sermones. Vamos a celebrar antes de que Caleb aparezca con su cara de “soy el responsable del grupo” y nos arruine la diversión.

Pogue negó con una leve sonrisa. Tyler respiró hondo y los siguió. Las luces del lugar parpadeaban entre los árboles, y la brisa fría traía un presentimiento que ninguno quiso nombrar.

Después de un rato, Selene, Caleb y Sarah llegaron a la fiesta.El murmullo de voces y la música suave llenaban el aire; las luces danzaban en tonos dorados sobre el jardín decorado con guirnaldas.

Selene bajó del auto con elegancia, ajustándose la manga del vestido. El satén verde oscuro capturó el resplandor de las luces, haciendo brillar su piel con un matiz cálido y etéreo. Sarah, radiante, le tomó del brazo con entusiasmo, incapaz de contener la sonrisa.

—Vamos, Sel —dijo, con una chispa alegre en los ojos—. Va a ser una gran noche.

Selene esbozó una sonrisa tranquila, aunque su mirada parecía leer entre luces y sombras.

Cerca de la entrada, Tyler conversaba animadamente con Pogue y Reid. Cuando la vio, su expresión cambió por completo. La sonrisa que se dibujó en su rostro fue espontánea, luminosa. Sin pensarlo, cruzó el espacio entre ellos con pasos firmes.

La tomó suavemente de la cintura y la hizo girar entre risas, en un gesto natural que arrancó aplausos y bromas de fondo. Luego, sin más, le dio un beso breve, tierno, que detuvo por un segundo el murmullo de la fiesta.

—Te ves hermosa, Lumière —susurró junto a su oído, con una voz tan suave que parecía un secreto compartido.

Selene sonrió, un leve rubor coloreándole las mejillas.—Feliz cumpleaños otra vez, Ty —dijo con dulzura.

Tyler sonrió, aún sosteniéndola por la cintura.—Gracias… —respondió, mirándola con auténtica ternura.

—Linda fiesta —añadió ella, observando el lugar—. Tus padres sí que se lucieron.

—Bueno, a mi madre le encanta lo extravagante —rió él.

Selene recordó algo de pronto y alzó una ceja divertida.—Ah, casi lo olvido… te traje un presente. —Le extendió la mano—. Cierra los ojos un momento, ¿sí?




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