Los Hijos de Ipswich El lado oscuro del pacto

20, parte I — Presagio de medianoche: Entre la tormenta y el fuego).

La lluvia golpeaba con fuerza el asfalto, dibujando líneas líquidas bajo las luces anaranjadas del camino.El rugido de la motocicleta cortaba la noche.

Pogue conducía a toda velocidad hacia Spencer, con el rostro empapado y el corazón en la garganta.—Por favor, Kate… —murmuraba entre dientes, su voz quebrada por la angustia—. Solo espero que estés bien. Si algo te pasa, jamás me lo perdonaré.

Aceleró más, sin importarle la lluvia que lo cegaba ni el viento que azotaba su chaqueta.El rugido del motor se confundía con el trueno, pero él no aflojaba.

Minutos después, llegó a los dormitorios del campus.Derrapó frente a la entrada, detuvo la moto bruscamente y bajó de un salto.

El agua se arremolinaba a sus pies mientras corría hacia el edificio, con los latidos del corazón resonando en sus oídos.

Subió los escalones de dos en dos, las botas dejando huellas húmedas sobre el mármol.

Llegó hasta la puerta del dormitorio de Kate.Golpeó con fuerza.

—¡Kate! —llamó con urgencia—. ¡Kate, estás ahí? ¡Por favor, dime que estás bien!

Esperó…Solo el sonido de la lluvia contra las ventanas respondió.El silencio era una daga.

Golpeó de nuevo, con más fuerza.—¡Kate, abre! ¡Por favor! —su voz se quebró entre la desesperación y la impotencia.

Nada.

Sin pensarlo, alzó una mano y un suave destello verde brilló en sus dedos.La cerradura se destrabó con un clic.Empujó la puerta y entró de golpe.

La habitación estaba vacía.La cama sin desordenar.El aire olía a perfume… pero también a ausencia.

Pogue recorrió el lugar con la mirada frenética.Abrió el baño, revisó detrás de la cortina, en el armario.Nada.Solo el eco de su respiración agitada.

—¿Dónde estás, Kate…? —susurró con voz rota.Se pasó las manos por el cabello mojado, hundiendo los dedos con frustración.

El reflejo en el espejo del baño lo observó con desesperación.Golpeó el cristal con el puño.El estallido fue seco.Los fragmentos cayeron al suelo, y un hilo de sangre corrió por su mano.

—Maldita sea… —gruñó, apoyándose contra el lavabo, la cabeza hundida entre los brazos.

Por un momento se quedó así, temblando, tratando de recuperar la compostura.Las gotas de sangre se mezclaban con el agua que le caía del cabello.

Luego levantó la vista, su mirada endurecida.—No… aún no —murmuró con resolución—. No voy a rendirme. Voy a encontrarte, Kate.

Salió del cuarto y comenzó a recorrer el pasillo, deteniendo a estudiantes, mostrando su foto.—¿La han visto? —repetía, la voz cargada de urgencia.Pero todos negaban con la cabeza.

Hasta que un guardia se le acercó, con el rostro cansado y una linterna en mano.—Buenas noches, joven. ¿Necesita ayuda con algo?

Pogue, respirando agitado, sacó el celular y mostró la foto.—Sí. Busco a esta chica. Se llama Kate Tunney. ¿La ha visto?

El guardia miró la imagen, frunciendo el ceño.—Sí… la vi hace un rato en el estacionamiento —dijo tras un segundo de recuerdo—. Estaba con un chico de cabello oscuro y ojos azules. Creo que discutían.

Pogue sintió cómo el estómago se le helaba.—Chase… —susurró con rabia contenida—. Tenía que ser él.

—¿Sabe hacia dónde se dirigían? —preguntó de inmediato.

El guardia negó con la cabeza.—No, lo siento, chico. Solo los vi hablar. Luego se marcharon en un auto negro.

Pogue apretó los puños con impotencia.—Por favor, trate de recordar —insistió, su tono desesperado—. Es importante… muy importante.

Pero el guardia solo pudo encogerse de hombros, con expresión apenada.Pogue apartó la mirada, los labios apretados, y murmuró:—Está bien. La encontraré yo mismo.

Giró sobre sus talones y salió corriendo bajo la tormenta, subiendo de nuevo a la motocicleta.

Encendió el motor con un rugido que se confundió con el trueno y se perdió entre la oscuridad del camino.

Mientras tanto…

En lo profundo del bosque, una cabaña vieja crujía con el viento.Las sombras bailaban entre las grietas de la madera.

Kate seguía inconsciente sobre un sofá cubierto de polvo; su respiración era leve, su rostro pálido bajo la luz parpadeante de una vela.

Entonces se escucharon pasos.Tac, tac… sobre el suelo de madera húmeda.

La puerta se abrió con un chirrido.Una figura femenina cruzó el umbral, empapada por la lluvia.Sus botas resonaron en la penumbra mientras sus ojos, miel curiosos, recorrían el lugar.

Era Ariacne Tenebrae.

Se detuvo en el umbral de la vieja cabaña. La vela, casi agotada, temblaba sobre una mesa cubierta de polvo, y su luz dorada delineó la silueta de la joven dormida en el sillón.Los ojos miel de Ariacne destellaron con un brillo curioso, felino.Sus labios —pintados de un rojo oscuro— se curvaron en una sonrisa lenta, llena de esa ironía que siempre la acompañaba.

—Y tú, cariño… —murmuró con voz suave, acariciando el aire con los dedos —, ¿quién demonios eres?

Dio unos pasos más, inclinándose apenas sobre Kate, observándola con una mezcla de curiosidad y burla.La llama danzante iluminó su rostro de porcelana y su sonrisa ladeada.

—Vaya, vaya… parece que encontré un conejito perdido —susurró, ladeando la cabeza con una media sonrisa.

Enderezó el cuerpo, el abrigo de cuero crujiendo con el movimiento, recorrió la habitación con la mirada.—Y yo que juraba que este sitio estaba abandonado —bufó.Al volver la vista a Kate, dejó escapar una risita seca—. Lindo vestido, aunque muy poco práctico para una noche de tormenta.

Se agachó y le dio un ligero empujón en el hombro.—Oye, cariño, despierta. No puedes quedarte aquí a mitad de la noche. —Se inclinó un poco, olfateando el aire—. Hm… ,no hueles a alcohol… así que no estás ebria. Vamos, abre los ojos.

Kate no se movió.Ariacne suspiró con fastidio y se enderezó.—Bueno, no es mi problema —dijo, rodando los ojos—. Genial… ahora tendré que buscar otro sitio para mis rituales.

Tomó su bolso y caminó hacia la salida mientras murmuraba:—Perfecto, Ariacne ,noche arruinada por una bella durmiente random.




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