Los Hijos de Ipswich El lado oscuro del pacto

Capítulo 22 – Parte II: Frustración contenida.

Selene se encontraba en la habitación de Demioz, sentada al borde de la cama.

La tenue luz de la tarde se colaba entre las cortinas oscuras, pintando el suelo con franjas doradas que no lograban calentar la estancia.

Bajó la mirada hacia el teléfono entre sus manos.

Sus dedos lo apretaron apenas, hasta que los nudillos se tornaron pálidos.Y por un segundo… solo uno…Su respiración volvió a quebrarse.

Las pestañas le temblaron.Su garganta se contrajo al tragar saliva.Luego deslizó el pulgar por la pantalla con indecisión, vacilando una última vez antes de presionar el nombre de Tyler.

El tono sonó una vez.

Dos.

Tres.

Nada.

Su rodilla comenzó a moverse con ansiedad. El talon golpeó el suelo en un ritmo nervioso.

Volvió a llamar.Nada.

Una tercera vez.—Hola.

Una sonrisa frágil iluminó su rostro. Su espalda se enderezó de golpe y sus ojos, empañados de angustia, recuperaron por un instante algo de luz.

—Ty… qué alivio, creí que…

La frase murió en sus labios.

No era Tyler.

Era el buzón de voz.

"Soy Tyler Simms. Lamento no poder atenderte en este momento. Seguro estoy algo atareado, así que deja tu mensaje."

La sonrisa se deshizo lentamente.El brillo de sus ojos se apagó como una vela bajo la lluvia.

Sus hombros descendieron unos centímetros.

Cerró los ojos con fuerza, como si pudiera borrar lo que acababa de escuchar.

Intentó llamar de nuevo.Sin respuesta.

Dejó el teléfono a un lado con un movimiento seco y se llevó ambas manos al rostro, frotándose la frente, las mejillas, la boca.

Quiso arrancarse de la piel la desesperación.

Su pecho subía y bajaba con respiraciones desiguales.

La culpa, el miedo y el dolor se revolvían dentro de ella como sombras atrapadas.Quiso gritar,romper algo, correr hasta él sin importarle nada.

Pero en su lugar, las lágrimas comenzaron a deslizarse silenciosas por sus mejillas. Una cayó sobre su muñeca.Otra se perdió en la tela de la pijama.

Se encorvó ligeramente y se abrazó el abdomen con una mano, mientras la otra cubría su boca para ahogar el sollozo que escapó entre sus dedos.

Sus hombros se sacudieron una vez.Luego otra.

Demioz, que se encontraba en su despacho, había regresado por algo que olvidó en la habitación.

Caminaba con paso firme cuando escuchó aquel sonido quebrado.

Se detuvo en seco.Su mano quedó suspendida a centímetros de la perilla.

El impulso de entrar fue inmediato, casi instintivo.Sus dedos se cerraron lentamente sobre el metal.

Algo dentro de él se comprimió al escucharla llorar de aquella forma.

La línea de su mandíbula se endureció.Una vena marcó fugazmente su cuello.

Inclinó apenas la cabeza hacia la puerta, como si pudiera verla a través de la madera.

Por un instante, respiró más hondo.Pero conocía bastante bien a Selene.

Sabía que en ese estado rechazaría cualquier consuelo. Y quizá lo odiaría más por presenciarla vulnerable.

Su expresión se volvió hermética.Exhaló por la nariz, lento, contenido.

Luego soltó la perilla, se acomodó el cabello con un gesto automático y se marchó en silencio, aunque sus pasos sonaron más pesados que antes.

Unos días después, todos habían mejorado un poco.

Todos, excepto Tyler.

En el hospital, afuera de la habitación de observación, el aire olía a antiséptico, café recalentado y cansancio acumulado.

Caleb permanecía sentado con la pierna vendada estirada frente a él.

Tamborileaba dos dedos sobre el vaso vacío entre sus manos.Sus ojeras eran más marcadas que de costumbre.

Pogue apareció con sosteniendo dos cafés en manos.—Extendio el brazo entregadole uno a Caleb toma. Te ayudará a mantenerte despierto.

Caleb alzó la vista, tardando un segundo en reaccionar, aceptando el vaso.—Gracias, hermano.

Sus dedos rodearon el cartón caliente como si buscara anclarse a algo real.

Pogue dio un sorbo y se dejó caer en la silla contigua con un resoplido.—Ya pasaron tres días… y Ty sigue sin despertar.

Caleb se pasó una mano por el rostro, arrastrando el cansancio desde la frente hasta la barbilla.

—Lo sé. Y lo peor es que no podemos hacer nada. Solo esperar.Su voz salió ronca, desgastada.

—Entiendo —dijo Pogue, mirando la puerta cerrada—. Es una mierda quedarse aquí sin poder mover un dedo.

Golpeó el vaso con la uña, inquieto.—¿Has sabido algo de Selene? Seguro la está pasando mal… por todo esto y lo de el idiota de Collins.

Caleb asintió una vez.—Hablé con ella anoche.Dice que está mejor.

Pogue soltó una risa seca y ladeó la cabeza.—Sí, claro. Igual que Tyler… y que tú.

Todos ustedes tienen esa costumbre absurda de sonreír mientras se están incendiando por dentro.

Caleb dejó escapar una sonrisa breve, cansada, que desapareció enseguida.—Tal vez.

—¿Y Demioz no dijo nada? ¿Alguna forma de ayudar a Tyler?

Caleb negó con la cabeza y clavó la vista en el piso brillante.

—No. Dice que todo depende de Ty. Es una lucha interna… con su propia mente.

Pogue soltó un silbido bajo y negó lentamente con la cabeza, dejando escapar el aire entre los dientes.

—Perfecto. Un enemigo invisible. Qué conveniente.

Caleb dejó escapar un suspiro largo y cansado. Se frotó la nuca con la mano libre, cerrando los ojos un instante antes de mirar alrededor con evidente impaciencia.

—Por cierto… ¿dónde se metió Reid?

Pogue se reclinó en la silla hasta hacerla crujir levemente. Alzó las cejas, se encogió de hombros y dirigió la vista al techo durante unos segundos, como si la respuesta estuviera escrita ahí arriba.

—Salió al estacionamiento.

Caleb frunció ligeramente el ceño y ladeó la cabeza con fastidio.

—Fue a fumar, ¿no?

Pogue curvó una media sonrisa resignada y tamborileó los dedos sobre el vaso de café.

—Dijo que necesitaba algo más fuerte la que cafeína.




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