La temperatura volvió a bajar.Esta vez mucho más.
El aire comenzó a sentirse denso y helado, como si algo invisible estuviera consumiendo lentamente el oxígeno de la habitación.
Las sombras parecían más largas.Más oscuras.
Incluso la tenue luz de las lámparas comenzaba a perder intensidad.
Ariacne cruzó los brazos sobre el pecho mientras observaba el despacho con expresión calculadora.
—Primero el oxígeno disminuirá lentamente. Después aparecerá una niebla venenosa. Y cuando la inhales... empezará a quemarte por dentro consumiendote lentamente.
Zahira abrió los ojos poco a poco.Su sonrisa nerviosa desapareció.Se humedeció los labios y tragó saliva con nervios.
Ariacne continuó con aquella tranquilidad escalofriante que solo ella podía mantener en una situación así.—Tus pulmones colapsarán. Tus huesos comenzarán a agrietarse desde el interior... y eventualmente morirás combulsionando lentamente miestras escupes sagre.
Zahira se quedó inmóvil unos segundos.—Ah... claro.Parpadeó como si eso me transmitiera consuelo.No debí preguntar.
Instintivamente se abrazó a sí misma.—¿Y cómo sabes todo eso?
Ariacne soltó una pequeña risa burlona.Sin más comento sarcastica fasil soy sumamente más inteligente y sexi que tu hermanita.
Luego apartó una hebra de cabello detrás de su oreja mientras desviaba la mirada hacia una de las ventanas.
—Tal vez no lo recuerdes porque él siempre intentó ocultártelo, pero a nuestro querido hermano le fascinaba utilizar esta clase de hechizos retorcidos para ver sufrir a sus enemigos.Era su manera de divertirse.
Zahira hizo una mueca.—Ah, claro...Desvió la mirada.—Esa es una parte de nuestra familia que siempre he preferido ignorar.
Por primera vez desde que habían llegado, incluso Ariacne pareció ligeramente inquieta.
Fue algo mínimo.Un pequeño endurecimiento de su mandíbula.Sus dedos dejaron de moverse durante un segundo.Una sombra cruzó fugazmente por sus ojos.
Zahira lo notó.Y aquello solo consiguió ponerla más nerviosa.
Ariacne exhaló despacio.Luego volvió a mirarla.Su expresión se suavizó apenas.Sonrio estarás bien lo prometo.—Te sacaré de esta. Como siempre.Su voz sonó firme.Segura.Protectora.
Los hombros de Zahira se relajaron ligeramente.Lo se.
Ariacne extendió ligeranente la mano.—Lansame el cráneo.
Zahira obedeció.Le lanzó la mitad del cráneo de ónix.
Ariacne lo atrapó en el aire sin esfuerzo.Ni siquiera apartó la vista del despacho mientras lo hacía.
Giró la pieza entre sus dedos.Observó cada símbolo grabado,Cada grieta,Cada inscripción.Su ceño se frunció apenas.—Está incompleto.
—Solo estaba esa mitad pregunto viendo a su hermana.
Zachira si.
La temperatura descendió otra vez.Ahora podían ver el tenue vapor de sus respiraciones flotando frente a ellas.
Las luces comenzaron a parpadear.Una dos veces.La madera del despacho crujió suavemente.
Zahira se abrazó con más fuerza.Frotó sus brazos intentando entrar en calor.—Hace frío...
Ariacne levantó la mirada de golpe.Una chispa de comprensión apareció en sus ojos.—Bien.Enderezó la espalda.—Ya sé cuál podría ser el vínculo.
Zahira alzó la cabeza rápidamente.—¿Qué? La otra mitad del cráneo.
Ariacne asintió.—Exactamente.Levantó el fragmento de ónix.—El objeto vinculado debe estar completo.Si encontramos la otra parte y rompemos el vínculo, el hechizo caerá o en teoría eso dede funcionar.Si no bueno será una desgracia.
Zahira la fulminó con la mirada no es gracioso.
Ariacne nunca dije que lo fuera.Bien a trabajar.Sin esperar respuesta, Ariacne comenzó a recorrer las habitaciónes.Y esta vez dejó de contener su magia.
Los cajones comenzaron a abrirse solos.Uno tras otro.
Las puertas de los armarios se golpearon contra las paredes.Papeles amarillentos salieron volando de los escritorios.
Los libros abandonaron algunos estantes y comenzaron a pasar páginas frenéticamente en el aire.
Ariacne seguía avanzando entre el caos.Sus ojos se habían vuelto completamente violetas.Las finas grietas negras rodeaban sus párpados.
La energía oscura vibraba alrededor de ella.Las cortinas se agitaban pese a que las ventanas permanecían cerradas.
Mientras tanto, Zahira rebuscaba desesperadamente en el despacho.
Cada vez le costaba más respirar.El aire parecía más pesado.Más escaso.
Sintió una punzada incómoda en el pecho.—Carajo...Abrió otro cajón.Nada.—No estába por ningún lado.
Ariacne suspiró frustrada.Su mirada recorrió la sala por centésima vez.Hasta que algo llamó su atención.Arriba.Muy arriba.Sobre uno de los enormes libreros.Escondido entre polvo y sombras.Había un segundo cofre.Idéntico al primero.
Una sonrisa apareció lentamente en sus labios.—Ahí estás.Parece que no eres tan ingenioso démon rouge.
Extendió una mano.Una ráfaga de energía recorrió la habitación.Los papeles se elevaron formando un pequeño remolino.
Los libros vibraron en los estantes.El cofre salió disparado desde lo alto del librero.
Atravesó la habitación a toda velocidad.Y se detuvo suavemente frente a Ariacne.
Ella lo atrapó con una sola mano.—Espero que seas lo que estoy buscando.
Sin perder tiempo regresó al despacho.—¡Lo encontré!
Zahira levantó la cabeza lentamente con la respiración más pesada por el frío y la falta de oxígeno.
Ariacne suspiro al verla estarás bien si tomo el cofre forzó la cerradura abriéndola con facilidad.Alli estaba la otra mitad del cráneo.
Tomó ambas piezas.—Bien, Zai. Hora de sacarte de aquí.
Zahira asintió rápidamente apresúrate.
Ariacne unió ambas mitades.Durante unos segundos no ocurrió nada.Entonces el cráneo comenzó a vibrar violentamente.
La habitación entera respondió.Ventanas temblando.Los muebles vibraron sobre el suelo.Las lámparas oscilaron de un lado a otro.Un viento helado recorrió el despacho.Ariacne apretó los dientes.