Los hijos de las tinieblas

Capítulo 7

Castillo Dracul en Bran, Braşov, Transilvania, Rumania, una semana después del ataque a territorio Höller en Perú.

Cinco noches después de presentarse ante La Corte, cuando Lucian continuaba revisando los manuscritos que los Dracul guardaban en la enorme biblioteca del castillo, junto al brujo Sasha, fue contactado telepáticamente por Morgan. «Hijo, nuestros espías han detectado la presencia de Kerem de Anatolia, el mago oscuro, acercándose por el camino que une el pueblo de Bran con el castillo. Oculta al brujo y a su familia, así como a tu predestinada». Sin decir palabra alguna, Lucian pidió a Sasha dejar lo que estaban haciendo y regresar a las habitaciones donde el brujo y su familia residían en el castillo. Al encontrar a Laura junto con Paula y los niños híbridos, les pidió que lo acompañen hacia el punto más alto de la torre. Ileana, la vampira de aspecto adolescente y hermana menor de Darius, se unió a ellos durante el recorrido. Lucian no se había comunicado con ella, no le había pedido que hiciera algo por ellos, a Ileana le nació ayudar, ya que su poder de nacimiento le permitía saber quién estaba en camino y que la existencia de esos sobrenaturales estaba en peligro. «No te preocupes, yo me quedo con ellos. Si fracasas en alejar del castillo a Kerem, yo impediré que pueda acercarse, y le pediré al brujo que nos teletransporte a un lugar seguro donde luego nos puedas dar el alcance», dijo Ileana a Lucian por medio de una conexión telepática cuando llegaron a la pequeña habitación vigía en lo alto de la torre del príncipe vampiro.

Lucian caminaba de regreso a la biblioteca cuando su padre volvió a comunicarse con él. «El mago oscuro quiere hablar contigo. Se han enterado de la incursión que hiciste junto a los guerreros en territorio licántropo y tiene muchas preguntas que hacerte. He reunido a La Corte y a los consejeros, por si es necesario que tomemos una decisión hoy mismo». El príncipe vampiro se llenó de ira al saber que el mago oscuro quería hablar con él, ya que Lucian despreciaba a todo humano que fuera capaz de vender su alma a Satanás por obtener poder, uno que, si fuera para los humanos, el Dios Supremo se los hubiera entregado.

«Y ahora, ¿qué quiere ese asqueroso rastrero seguidor de Satanás? ¿Acaso no se percata que su presencia no me es agradable? ¡Y encima exige hablar conmigo! Espero que no hayan detectado al brujo y a su familia, sino tendremos problemas, o, mejor dicho, él los tendrá porque me veré obligado a acabar con su miserable vida», pensaba Lucian caminando con obvia molestia a encontrarse con quien menos quería tratar.

Como lo indicó Morgan, La Corte y los consejeros acompañaban al líder Dracul ante el inesperado visitante. Kerem de Anatolia era un mago oscuro de más de cuatro mil años de existencia terrenal. Alguna vez fue un humano, un sacerdote del Imperio Acadio, y fue por ello que Satanás lo contactó, ya que notó que, por más que era considerado un hombre digno para representar a la divinidad en La Tierra, en realidad escondía oscuros deseos de poder para acabar con sus enemigos, que eran los verdaderos dignos de espíritu para ser un sacerdote acadio. Este mago oscuro no era uno de los más antiguos que estaba al servicio del embaucador, pero su edad sobrepasaba los límites físicos de los humanos. Este ser, como todos los magos oscuros que superaron las décadas de juventud, mantenía su fortaleza corpórea a través de rituales que implicaba tomar la esencia divina que toda alma contiene, por lo que se había convertido en un asesino de humanos, prefiriendo las almas de aquellos que recién llegan a este plano. Sí, Kerem prefería a los recién nacidos para fortalecer su cuerpo, aunque, si no había posibilidad de obtener alguno cuando era necesario revitalizarse, tomaba a cualquier otro infante o niño que tuviera a mano.

En el camino hacia el salón de La Corte, Darius se sumó a Lucian. El segundo general Dracul se había enterado por los guardias que vigilaban la entrada del castillo sobre la llegada del mago oscuro, así que decidió acercarse y oír el motivo de la repentina llegada de uno de los secuaces más sanguinarios que Satanás tenía entre sus huestes.

  • ¿A qué has venido, Kerem? –preguntó Lucian mientras ingresaba al salón. Metros detrás Darius hizo lo propio, pero este se quedó parado a un lado de los asientos que estaban distribuidos para los miembros de La Corte Dracul, mientras que el príncipe vampiro detuvo su andar al estar enfrente del mago oscuro.
  • Vaya, saludar antes que preguntar con tanta rudeza no te haría daño, querido Lucian –dijo el mago oscuro con notoria intención de hacer que el vampiro pierda la paciencia-. Si fueras un poco amable, serías más bello de lo que ya eres –se me olvidaba comentar que Lucian odiaba a Kerem porque era de aquellos magos oscuros que gustaba de los placeres de la carne, pero de manera violenta, por lo que era su pasatiempo favorito violar a machos y hembras jóvenes, tanto humanos como vampiros, algo que el Príncipe Dracul detestaba.
  • Habla, que no estoy para perder el tiempo –respondió con más fastidio Lucian, mostrando sus colmillos al mago oscuro, a quien, por más rituales que hiciera para mantenerse joven y vivo, era un mortal al que fácilmente podría matar.
  • He venido hasta aquí para preguntarte en persona sobre lo que ocurrió en Perú. ¿Qué hacías tan lejos de tus territorios? –la mirada del mago oscuro enfurecía a Lucian porque le hacía sentir que estaba en desventaja.
  • Decidí atacar a la Manada Höller al enterarme que su nueva Luna es una humana –soltó Lucian con una expresión desinteresada en la mirada.
  • Y te vencieron, otra vez –señaló el mago oscuro empezando a caminar alrededor de Lucian. El príncipe vampiro permaneció en silencio, apretando los puños para no acabar con la vil existencia de Kerem-. La verdad es que no me interesa si los derrotaste o te patearon el trasero. Lo que quiero saber es cómo hiciste para trasladar a tu ejército hacia Perú en cuestión de segundos –ahí supo Lucian que Kerem ya sabía de la presencia de un brujo entre Los Dracul.
  • Ese no es tu asunto –soltó Lucian en un gruñido, ya que apretaba la mandíbula. Se sabía descubierto, por lo que quería saltar sobre el mago oscuro para tomar su vida, pero esa acción haría que todos los miembros de su clan sean considerados unos traidores al pacto que los vampiros mantenían con Satanás.
  • Pero qué divertido eres, Lucian –soltó Kerem entre carcajadas-. Crees que puedes ocultarme la verdad –Kerem se pegó al cuerpo del príncipe vampiro, quien miraba un punto fijo en el salón y mantenía todos sus músculos tensos al hacer el esfuerzo de controlar sus ganas de acabar con el mago oscuro-. Sabes que conozco tu secreto, a medias porque no sé el nombre de ese brujo, pero que en este castillo tienes oculto a un ángel encarnado es real. Solo porque desde que te conocí, hace varias décadas atrás, me encantó tu belleza, voy a darte la opción de que me lo digas ahora que estamos tan cerca uno del otro –Kerem susurraba las palabras en el oído de Lucian-. Vamos, Príncipe Dracul, sé un buen vampirito y revélame el nombre de ese brujo.
  • No hay ningún brujo en el Castillo Dracul, en Bran, en Transilvania, ni siquiera en toda Rumania –fue lo único que dijo Lucian esforzándose por no atacar al mago oscuro. Kerem se alejó del vampiro y continuó hablando.
  • Bien. Te di la opción de que sea por las buenas, pero parece que, al igual que a mí, te gusta jugar rudo –la expresión lasciva y malvada de Kerem asqueó a Lucian.




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