Los hijos de las tinieblas

Capítulo 11

Aunque sabía que, ante algún hecho desfavorable, la Madre Luna alertaría de inmediato a Amelia para que lleguemos al rescate del equipo que enviamos a territorio Dracul, no podía dejar de estar preocupado por los míos. Durante la semana que estuve pendiente del entrenamiento de Catalin para que controle su don de nacimiento, había descuidado mis responsabilidades en los temas del holding, por lo que esa tarde de sábado estaba reunido con mi séquito en la biblioteca de la mansión poniéndome al día en mi labor profesional. Sin embargo, no lograba concentrarme en los negocios que se basaba la prosperidad que gozaba la manada porque estaba ansioso por tener noticias desde Bran.

  • Vamos, Stefan. Todo va a salir bien. Basta con que Katha encienda las llamas para que todos Los Dracul se alejen de ellos –comentó Patrick para calmar mi preocupación.
  • Es que yo debería estar liderando esa incursión –recalqué nuevamente.
  • Si Amelia te pidió que no lo hicieras, es por algo –mencionó Matthias, y eso me dejó pensando.
  • Exacto. Piénsalo un poco. Para mí que en los planes de la Madre Luna está que tú no fueras parte de ese equipo de rescate –dijo Gonzalo, y encontré sentido a sus palabras.
  • Ahora que lo pienso, creo que de alguna manera era adecuado que yo no vaya –sostuve, y ellos estaban de acuerdo conmigo-. Sigamos viendo los temas que nos tienen aquí reunidos.

Tras acabar con todos los pendientes de los negocios y cenar, me fui a descansar al lado de mi Luna, quien ya no necesitaba dormir, pero igual se acostaba a mi lado para mimarme mientras relajaba mi cuerpo por unas pocas horas, ya que, como licántropo, no necesitaba dormir tantas como lo hacen los humanos. Cuando desperté, aún era de madrugada. Al ver la hora en el reloj de muñeca que dejé en la mesa de noche, calculé de inmediato la hora que estarían en Europa, por lo que supe que era cuestión de minutos para que los míos dejen Teramo junto a los guerreros Barone y se dirijan a Bran.

Sin poder permanecer un minuto más en la cama –cosa que a Amelia le llamó la atención porque me encantaba estar echado junto a ella, haciendo más que dormir-, le pedí a mi Luna que me acompañe a caminar por el vecindario. Necesitaba despejar mi mente.

  • Creo que estás tan tenso porque aún no superas lo ocurrido durante la celebración de nuestra boda humana –y mi Luna tenía razón, aún el recuerdo de verla cayendo desde la terraza de la mansión, con su vestido de novia ensangrentado, con los latidos apenas audibles, era algo que no se me hacía fácil dejar en el pasado.
  • Mi Luna, sé que estás bien, que todo salió a nuestro favor, pero los hechos de esa noche aún están frescos en mi memoria. Creo que con el paso del tiempo podré dejarlos en el baúl de los recuerdos de mi mente –dije mientras detuve el paso y la atraje hacia mí para acariciar su lindo rostro. En ese momento tenía la mirada oscura como el café, esa tan linda de la que me enamoré.
  • Stefan, eres un licántropo, y sabes que lo que ocurrió se queda en el pasado. No le des más vueltas en tu mente a ese recuerdo –dijo Amelia y puso su delicada mano derecha sobre mi sien izquierda-. Si quieres puedo quitarte ese recuerdo.
  • No, mi Luna, por favor, no lo hagas –en ese momento la abracé tan fuerte para asegurarme que ella era real y no un espejismo creado por mi imaginación-. Todo recuerdo sobre ti, sea bueno o malo, no lo quiero perder. Solo abrázame y conforta mi mundano ser con tu divina existencia.

Desde que Amelia recuperó la consciencia divina y el poder que con ella se le otorgaba, tenerla entre mis brazos me proveía de una paz que me hacía feliz. Que me hiciera recordar el tiempo que siendo espíritu pude compartir con ella, y saber que estábamos destinados a ser el uno para el otro por la eternidad, fue algo más que me llenó de confianza y seguridad sobre la relación predestinada que teníamos, por lo que pensar en perder un recuerdo, aunque fuese ese tan desagradable, no cabía en mi entendimiento porque todo lo que tenía que ver con ella era para mí precioso.

Al llegar el amanecer a Lima, las calles del vecindario empezaron a llenarse de miembros de la manada que salían para hacer sus actividades de domingo. Todos nos saludaban con mucha alegría, con sonrisas y gestos que nos dejaban su aprecio por nosotros. Ellos, que estaban asentados en Perú, lejos del territorio original de Los Höller, nunca habían pensado que el Alfa y la Luna vivirían entre ellos, por lo que valoraban mucho ese tiempo que pasábamos en el vecindario de Renania. Estábamos regresando a la mansión cuando Amelia recibió telepáticamente un mensaje de Killari.

  • Todo ha resultado mejor de lo que esperábamos, amor. Dentro de una hora, Killari y Helmut llegarán para comentarnos los pormenores –dijo Amelia sonriendo y jalando de mi mano para ir pronto a nuestra habitación-. Debemos cambiar nuestras ropas y vestir algo más imponentes y elegantes.
  • Pero ¿por qué? Además, ¿solo regresarán Killari y Helmut? ¿Por qué no lo hace todo el equipo? –saber que solo la bruja de los Andes Peruanos y su compañero llegarían a la mansión hizo que la preocupación regresara.
  • Stefan, todo está bien. Vamos a la habitación, cambiemos de ropa rápido y pidamos que nos lleven el desayuno a la biblioteca, para esperar a Killari y Helmut. Ellos tienen mucho que contarnos.

Tras lanzar un suspiro de rendición ante mi Luna, me dejé llevar por ella y seguí todo al pie de la letra, como ella lo había indicado. Apenas habíamos recibido las viandas del desayuno en la biblioteca, cuando volví a demostrar mi ansiedad al no dejar de mover la pierna derecha.

  • ¿Qué debo hacer para que te tranquilices? –preguntó Amelia-. Quizá te ayude que te distraiga –dicho eso, mi Luna se sentó sobre mí a horcajadas. Y sí, en esa posición me olvidé de todo.
  • Veo que has escondido tu divinidad –mencioné provocativamente al ver los ojos rojos de vampira.
  • Si quiero portarme osada contigo, debo mantenerla oculta –después me dio un beso apasionado que hizo que pegara mis manos a sus caderas y me olvidara hasta de mi nombre.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.