Los hijos de las tinieblas

Capítulo 22

Habitación de Lena en la Mansión Höller, vecindario privado de Renania, Santiago de Surco, Lima, Perú.

Tras la partida de Marianne junto a Kiram, Lena se sentía triste. La niña extrañaba a su madre y hermano mayor, por lo que Ravi se propuso animar a su pequeña hija. Todas las noches, antes que la pareja de compañeros eternos vaya a su habitación, contaba un cuento a la menor de sus hijos, para que los sueños que tenga sean bonitos, cálidos y brillantes. Ravi había tomado una de las muñecas de Lena, aquella que tenía el cabello ondeado y castaño como el de Marianne, y empezó a simular que ahí se encontraba su amada licántropa. A Lena le hizo mucha gracia escuchar a su padre tratando de imitar la voz de su madre, además de que entre la muñeca y el brujo compartían la narración del cuento. Los párpados de Lena empezaban a caer, estando muy cerca de quedarse dormida, cuando los gritos desgarradores de las tres ex Lunas Höller sobresaltaron a la pequeña, a la par que Ravi dejó la habitación de su menor hija para averiguar lo que ocurría.

Al subir las escaleras hacia la tercera planta de la mansión, donde estaba la habitación de Karl y Margot, pudo ver a Cassie en su forma de loba defendiendo a sus tatarabuela, bisabuela y abuela del ataque de un orco. Preocupado porque no veía a Ania en el corredor, ingresó a la habitación, donde su hija había alzado una barrera de protección para que las ex Lunas no sean dañadas por un mago oscuro al cual la adolescente tenía controlado.

  • ¡Papá! –pronunció Ania con notorio miedo en la voz.
  • ¡Tranquila, mi niña! Lo estás haciendo bien –dijo Ravi. El brujo cantó un hechizo que puso a dormir al mago oscuro-. Voy a ayudar a Cassie. Mantén la barrera de protección –dijo Ravi y salió de la habitación.

Cuando Ravi llegó al final del corredor del tercer piso, vio que Cassie pudo destruir el cuerpo del orco y que el demonio estaba aturdido. El brujo abrió un portal por donde arrojó al maldito, y le pidió a su sobrina regresar a su forma humana. Cargando en brazos a Cassie, llegó a la habitación donde su hija mantenía la barrera de protección. Después de dejar a la hija de Haldir y Marion a salvo con Ania y las tres ex Lunas Höller, el brujo se dirigió al segundo piso, para poner a salvo a Lena.

El brujo caminaba alerta al bajar las escaleras, ya que podría haber algún otro seguidor de Satanás escondido, esperando el momento preciso para atacarlo, cuando un fuerte golpe sobre su cabeza lo desestabilizó, cayendo aparatosamente al suelo. Un orco de mediano tamaño había pasado inadvertido por el hechizo que el mago oscuro puso sobre él para que la energía demoniaca del ser que lo poseía y el olor putrefacto de los cadáveres que lo componían no sean detectados por ningún sobrenatural. Ravi no perdió la consciencia, pero el golpe había abierto una herida en su frente, por lo que la abundante sangre que empezaba a brotar no le permitía ver adecuadamente.

  • Eres un brujo. Tu sangre huele exquisita –gruñó ese horrendo ser que tenía la cabeza y el tórax de humano, pero las extremidades eran formadas por diferentes partes de animales, teniendo en un puño un colmillo de elefante, en el otro una garra de tigre, y las piernas de gorila.

Ravi ignoró al orco poseído porque tenía un único objetivo: llegar a donde estaba Lena para ponerla a salvo. Tambaleando porque la pérdida de sangre empezaba a causar estragos en su movilidad, el brujo intentó avanzar, pero de la manera más cobarde, el orco lo golpeó por la espalda con el puño donde llevaba un enorme colmillo de paquidermo. La violencia con la que el seguidor de Satanás arremetió contra Ravi fue tanta que el colmillo atravesó el pecho del brujo, haciendo que vomite sangre y un gran agujero deje expuestos sus órganos vitales.

  • ¡PAPÁ! –se escuchó un grito desgarrador de una voz ligera. Era Lena que había visto cómo su padre había sido herido gravemente por un cobarde demonio que había poseído a un orco.
  • Ahora entiendo. A ella es a quien querías ocultar –gruño el orco mirando a Ravi, quien empezaba a tener problemas para respirar.
  • L-lena, h-huye –Ravi, en un último intento de proteger a su hija, usó todas las fuerzas que le quedaban para asirse a las piernas del orco, a la vez que le pedía a su pequeña hija que se alejara de ahí. Sin embargo, de una débil patada, el seguidor de Satanás logró deshacer el agarre del brujo, quien estaba a punto de perder la vida.
  • Tranquilo, brujo, que la muerte ya llegará por ti. Luego me llevaré tu cuerpo para que junto a mis hermanos nos demos un gran festín –una carcajada terrorífica salió de la garganta de ese maligno ser.
  • ¡No te llevarás a mi papá! –gritó Lena, concentrando toda su energía vital en la palma de sus manos. Ella había visto a Ravi entrenando a Ania para que, ante la necesidad de atacar para mantenerse a salvo, pueda hacer disparos de energía vital, los cuales dejaban graves heridas al contrincante. Aunque el brujo que ejecutaba esa técnica se debilitaba, ya que utilizaba su propia energía de vida para realizar el ataque, tenía una oportunidad para escapar, por lo que Lena se propuso hacerla, y lo estaba logrando. Sin embargo, la pequeña desconocía la correcta ejecución de la técnica, por lo que en un solo disparo acumuló toda su energía vital, lo que haría que ella cayera al suelo desvanecida. Al final, el esfuerzo de Lena fue en vano porque el orco logró moverse a tiempo para evitar que ese disparo de energía cayera sobre él, el cual habría destruido el armazón hecho con pedazos de cadáveres.
  • ¡Qué suerte la mía! Me llevaré el cuerpo de un brujo para disfrutar de su dulce carne y sangre al lado de los míos, y me divertiré violando el cuerpo de esa pequeña y deliciosa niña –decía el orco, que había sido poseído por un demonio íncubo, aquellos malditos que pecan de lujuria.




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