La grieta se estaba afinando, sí pero no lo suficiente. Sariel seguía bloqueándose, el cielo aún dudaba, y Adrián ese error humano persistía en salvar a quienes debía romper. Para forzar la mano del mundo, Asmodeo necesitaba ruido, pecado, decisión. Necesitaba que la ciudad eligiera. Y para eso, no hacía falta fuego..Bastaba con tentación. La excusa fue perfecta.
Una oleada de ansiedad colectiva recorrió la ciudad como un virus invisible. Apagones breves pero constantes. Caídas del sistema financiero. Rumores de violencia. Redes sociales saturadas de videos inconclusos, audios distorsionados, amenazas sin firma.
Nada sobrenatural..Nada comprobable..Solo miedo.
Y en el miedo, los demonios encontraron la puerta. Adrián caminaba por una avenida semivacía cuando vio el primer síntoma real. Una mujer discutía a gritos con un hombre frente a un local cerrado. No estaban poseídos. Estaban tentados. La sombra no los habitaba; les susurraba.
—¡Vos me robaste! —gritaba la mujer—. ¡Lo sé!
—¡Estás loca! —respondía el hombre, con los puños cerrados— ¡Siempre fuiste así!
La discusión escaló en segundos. Un empujón. Un golpe. Gente que se acercaba, no para separar, sino para mirar. Para disfrutarlo.
— Esto no es posesión— dijo Eryom, con una inquietud nueva. — Es amplificación.
Adrián sintió un escalofrío.
—Están exagerando lo que ya existe…
— Exacto — respondió el Nefilim— Asmodeo dejó de usar cuerpos. Ahora usa voluntades.
La pelea terminó cuando alguien sacó un cuchillo. Adrián actuó por reflejo. Se interpuso, dobló el espacio apenas lo suficiente para que el arma cayera al suelo. Nadie vio cómo. Solo sintieron el resultado.
—¡Basta! —gritó—. ¡Paren!
El silencio fue incómodo. Las personas retrocedieron, mirándolo con una mezcla de alivio y rencor.
—Siempre aparecés vos —murmuró alguien— Cuando todo se pone feo.
Adrián se alejó sin responder..Se refugiaron en un edificio abandonado, uno de tantos que la ciudad había olvidado. Adrián se sentó en el suelo, agotado. La luz de la luna entraba por una ventana rota y le marcaba el rostro en ángulos duros, resaltando una palidez casi luminosa. El cabello negro caía sobre sus hombros, enmarcando facciones que parecían afilarse con el cansancio.
—Esto ya no es una cacería —dijo— Es un experimento.
— Sí — respondió Eryom — Asmodeo está midiendo cuánto tarda una ciudad en romperse sin demonios visibles.
—¿Por qué ahora? —preguntó Adrián— Podría haber hecho esto antes.
Eryom guardó silencio un momento.
— Porque antes necesitaba a Sariel intacto — dijo al fin. — Y ahora necesita que el cielo se equivoque.
Adrián alzó la vista.
—¿Cómo?
— Si la ciudad cae en caos moral — explicó Eryom — el Trono intervendrá de forma abierta. Romperá el velo por necesidad.
—Y Sariel ya no podrá esconderse —susurró Adrián.
Exacto.
Adrián se pasó una mano por el rostro.
—Entonces todo esto… es para forzar una guerra.
— No, — corrigió Eryom— Es para forzar una elección.
Mientras tanto, en lo alto de la ciudad, los cazadores del Trono observaban..No intervenían..Registraban.
—El índice de corrupción humana aumenta —dijo uno— La presencia del Nefilim acelera el proceso.
—No es él —respondió otro— Es la reacción a su existencia.
—Eso lo vuelve más peligroso —sentenció el primero— No por lo que hace sino por lo que provoca.
Hubo una pausa.
—¿Confirmamos el Protocolo Antiguo? —preguntó una voz más baja— El que no figura en los registros humanos.
El silencio que siguió fue respuesta suficiente.
—Aún no —dijo finalmente el superior—. Primero debemos confirmar si Eryom recuerda.
Adrián despertó sobresaltado horas después. No por un ruido. Por una sensación.
— Nos están buscando distinto — dijo Eryom, alerta— No con rastreadores. Con memoria.
—¿Qué significa eso?
Eryom dudó.
— Que el cielo no quiere destruirme por lo que soy ahora, — respondió— Quiere destruirme por lo que fui.
Adrián sintió un nudo en el estómago.
—¿Qué fuiste, Eryom?
Silencio.
— Un error que casi se repite — dijo finalmente.
Antes de que Adrián pudiera preguntar más, la ciudad gritó. No un grito humano..Miles..Sirenas. Vidrios rotos. Disparos. Incendios pequeños multiplicándose como heridas mal cerradas..Asmodeo había dado la orden final.
No posean. No ataquen. Ofrezcan.
Y los humanos aceptaron..Desde la ventana, Adrián vio a personas correr no para huir, sino para buscar algo. Algo que no sabían nombrar.
—Esto va a empeorar —dijo, con la voz tensa— Mucho.
— Sí — respondió Eryom— Porque cuando los humanos eligen el caos por voluntad propia…
—El infierno ya no necesita tocar nada —completó Adrián.
El teléfono vibró. Mensaje nuevo. Sin número.
El Trono recuerda.
Debajo, otra línea:
¿Y tú?
Adrián apretó el teléfono con fuerza.
—Eryom —susurró— Creo que hay algo de vos que todos saben menos yo.