Había un ángel.
No un símbolo.
No una metáfora.
Un ángel real.
Las redes sociales explotaron como si alguien hubiera presionado el botón equivocado del apocalipsis digital.
#ElÁngelDelSur
#NosCuida
#YoViLasAlas
#NoFueUnDron
Videos temblorosos mostraban la plaza desde distintos ángulos. Ninguno captaba la figura completa, pero todos coincidían en lo mismo: una sombra imposible, alas gigantes proyectadas sobre el pavimento, como si la luna hubiera decidido dibujar un recuerdo.
—No se ve nada —decía un periodista en televisión— Pero hay cientos de testigos.
—No importa —respondía una mujer— Yo estaba ahí.
Eso bastó.
—¿Por qué mi cara está en un meme? —preguntó Adrián, mirando el celular de Elías.
—No es tu cara —respondió Elías, mordiendo una tostada— Es una silueta parecida a vos con alas y una corona.
—¡NO TENGO CORONA!
Todavía, añadió Eryom, divertido.
—Este dice “el ángel protege a los pobres” —continuó Adrián— Y este… este dice que sos mi novio.
Elías casi se atragantó.
—¿QUÉ?
—Felicitaciones —sonrió Adrián—. Sos tendencia conmigo.
— Esto es peor que el Abismo — murmuró Eryom.
El departamento vibró. Una planta en la esquina floreció de golpe… y explotó en pétalos.
—Uriel —dijo Adrián—. ¿Estás emocional?
Elías suspiró.
—Me irrita la estupidez humana —respondió— Y cuando me irrito pasan cosas.
—Quemaste el ficus.
—Era feo.
La convivencia se había vuelto interesante. Cuando Adrián se angustiaba, las luces del departamento parpadeaban como si el lugar entero compartiera su ansiedad. Cuando reía, el aire se volvía liviano y las discusiones del edificio se apagaban sin explicación. Cuando Elías se frustraba las cosas ardían.
—¡¿QUIÉN DEJÓ LA CANILLA ABIERTA?! —gritó una noche.
El agua empezó a hervir.
—¡URIEL! —gritó Adrián— ¡Eso no es una solución!
—¡ES UNA ADVERTENCIA!
Les recuerdo que yo sigo aquí, intervino Eryom— Y que no tengo cuerpo para huir si esto explota.
Silencio.
—Perdón —dijeron los dos al mismo tiempo.
Se miraron. Y se rieron. Entrenaban todos los días.
—Concéntrate —decía Elías— El fuego purifica, no destruye.
—¡Estoy concentrado! —respondía Adrián— ¡Pero también estoy nervioso!
Una taza explotó.
—Eso fue nervios —aclaró Adrián.
—Eso fue Gabriel —corrigió Elías.
— Eso fue divertido,— agregó Eryom.
A veces entrenaban en el balcón..A veces en la azotea. Una vez en el living, cuando Adrián intentó invocar un escudo y terminó flotando el sillón, la mesa y a Elías.
—¡BAJAME! —gritó Uriel.
—¡NO SÉ CÓMO!
—¡ENTONCES DEJÁ DE SENTIR CULPA!
El sillón cayó. Elías quedó sentado, despeinado, mirándolo fijo.
—Tenemos que hablar de tus emociones.
—Las odio.
— Eso explica todo — dijo Eryom.
A pesar de todo, algo profundo se estaba formando..No una alianza. No un pacto. Una familia. Comían juntos. Discutían. Entrenaban. Se protegían. Adrián se dio cuenta una noche, cuando los tres estaban sentados en el suelo del living, rodeados de comida barata y risas cansadas.
—Nunca tuve esto —dijo, casi sin darse cuenta.
Elías lo miró con suavidad.
—Ahora sí.
Eryom sintió algo nuevo expandirse.
Yo tampoco.
Mientras tanto, en el cielo.....
—La fe humana se está desviando —dijo Rafael, observando los registros— No lo veneran lo recuerdan.
Miguel apretó la empuñadura de su espada.
—Gabriel siempre fue un problema.
—No —corrigió Rafael— Siempre fue una grieta.
Y en el infierno Asmodeo sonreía, observando los hashtags.
—Un ángel amado —murmuró— Qué delicioso punto débil.
Esa noche, Adrián se acostó con el celular vibrando sin parar.
—Eryom…
¿Sí?
—¿Vos creés que esto pueda durar?
El Nefilim guardó silencio un segundo.
No.
Adrián sonrió igual.
—Entonces disfrutémoslo.
En la ventana, la luna iluminó por un instante el pavimento de la plaza. Y por un segundo fugaz, unas alas gigantes volvieron a reflejarse. No como advertencia. Como promesa. Pero muy lejos, alguien ya había decidido romperla. Y esta vez, no iba a venir con demonios ni con cazadores. Venía con una verdad capaz de dividirlos.