La ciudad seguía viva. Ese era el problema. Luces, colectivos, gente hablando fuerte, vendedores ambulantes, música saliendo de algún local abierto hasta tarde. Todo normal. Demasiado normal para lo que Adrián sentía vibrándole en el pecho como una alarma rota.
—Nos encontraron—repitió, en voz baja.
—Sí —confirmó el Nefilim— Y no vinieron con sutileza.
Elías caminaba a su lado, atento a cada gesto. Cuando Adrián empezó a respirar mal, le tomó la mano sin decir nada. Solo eso bastó para que el temblor bajara un punto.
—Estoy acá —murmuró.
Gabriel lo sintió como un ancla clavándose en el fondo del mar.
—No lo mires —advirtió Uriel— Sentilo. La multitud es tu cobertura pero también tu riesgo.
—Genial —susurró Adrián— Me atacan en público. Siempre quise una muerte escandalosa.
—No dramatices —respondió el Nefilim— Dramático soy yo cuando caigo en un ritual mal hecho.
La temperatura bajó de golpe. Una ráfaga de viento recorrió la avenida y apagó varias luces a la vez. La gente murmuró, confundida. Nadie gritó todavía. Eso vendría después..Las sombras comenzaron a desprenderse de los cuerpos. Literalmente.
—Ok —dijo Adrián—. Esto ya no es discreto.
Ataque en plena multitudUn hombre gritó cuando su sombra se levantó del suelo y se volvió contra él. Otra persona cayó de rodillas, llorando sin saber por qué.
—Demonios de posesión parcial —dijo Gabriel, tenso— Están usando emociones humanas como puertas.
—Eso es asqueroso —murmuró Adrián.
—Y efectivo —agregó el Nefilim— Bienvenido al infierno urbano.
Uno de los demonios avanzó hacia ellos, deformando el aire a su paso..Elías se interpuso sin pensarlo.
—¡No! —dijo Adrián— Elías, atrás.
—No te suelto —respondió él— Ni loco.
El demonio lanzó algo parecido a una garra. Adrián reaccionó por reflejo..Un semáforo cambió a rojo en todas las direcciones. Los autos frenaron en seco, creando un muro improvisado entre la criatura y la gente.
—Eso fue creativo —admitió el Nefilim.
—No planeado —jadeó Adrián.
Gabriel estaba luchando consigo mismo.
—No puedo contenerlo más…
—Sí podés —ordenó Uriel—.Canalizá, no explotes.
—¡Pero están usando humanos!
—Y vos sos humano —dijo Uriel— Recordalo.
Elías apretó la mano de Adrián.
—Respirá conmigo.
Adrián lo hizo..Una, dos veces. El ruido bajó. El pánico no, pero la energía sí.
Asmodeo entra en escenaEl aire se partió como un telón..Asmodeo apareció en medio de la avenida, caminando entre autos detenidos como si nada. Traje impecable. Sonrisa divertida. Aplausos lentos.
—Excelente, excelente —dijo—. Mucho mejor que observar desde un techo.
La gente no lo veía como demonio. Solo como alguien. Y eso era peor.
—Asmodeo —gruñó Gabriel.
—Ah, Gabriel… —respondió él— Sigues tan emotivo. Y vos, Adrián —miró directo a sus ojos— Qué decepción. Pensé que ibas a perder el control antes.
—Todavía puedo —respondió Adrián— Dame un segundo.
—No —intervino Uriel con firmeza— No le des ese gusto.
Asmodeo rió.
—¿Ves? —dijo—. Siempre tan controlados. Tan contenidos. Por eso los humanos se rompen.
Chasqueó los dedos. Una oleada de miedo recorrió la multitud.
—¡Basta! —gritó Adrián.
El suelo vibró. Las sombras se detuvieron. Asmodeo alzó una ceja.
—Uh. Eso fue nuevo.
Gabriel estaba temblando pero no de miedo.
—Adrián —susurró— Estoy con vos.
El Nefilim sonrió.
—Ahora sí equipo completo.
La contraofensiva improvisadaUriel tomó el mando.
—Elías, no te separes.
—No pensaba hacerlo.
Adrián avanzó un paso.
—Asmodeo —dijo— ¿Querías ver qué hago cuando no puedo esconderme?
Las luces de la avenida se encendieron todas a la vez. Las sombras gritaron..No fue un ataque brutal. Fue preciso. Las posesiones se rompieron como vidrio mal templado. La gente cayó al suelo… viva. Asustada, pero viva. Asmodeo retrocedió un paso. Solo uno. Pero fue suficiente.
—Interesante —murmuró— Muy interesante.
La policía apareció a lo lejos. Sirenas. Caos humano recuperando su curso. Asmodeo sonrió por última vez.
—Esto recién empieza, Adrián. Y la próxima vez no voy a jugar en público.
Desapareció. El silencio volvió poco a poco..Adrián se desplomó hacia atrás, exhausto. Elías lo sostuvo de inmediato, abrazándolo fuerte.
—Estoy acá —repitió— Siempre.
Gabriel se replegó, agotado pero en calma.
—Gracias —dijo— A los dos.
Uriel permaneció firme, pero satisfecho.
—Sobrevivieron —dictaminó— Eso cuenta como éxito.
El Nefilim agregó:
—Y sin destruir la ciudad. Récord absoluto.
Adrián rió, débil, con la frente apoyada en el pecho de Elías.
—La próxima vez —murmuró— Juro que quiero una noche tranquila.
Desde algún lugar que no pertenecía a este plano, Asmodeo observaba sonriendo.
—No.