Los Hijos Del Olvido

Manual práctico para sobrevivir al apocalipsis

El problema con acostumbrarse al caos es que, cuando todo parece tranquilo, eso es exactamente lo que da miedo. Adrián lo supo cuando despertó y el despertador no explotó, el celular no se apagó solo y la cafetera no levitó.

—Esto no es normal —murmuró desde la cama.

Elías, medio dormido, giró la cabeza.

—¿Qué cosa?

—La calma.

Uriel abrió un ojo dorado, evaluando el ambiente con una atención que ningún humano tendría.

—Coincido —dijo— Asmodeo nunca deja silencios largos. Le aburren.

Y a mí me dan náuseas añadió Eryom— El infierno cuando calla, planea.

Adrián se incorporó, pasó una mano por su cabello negro que chisporroteó apenas con destellos azules y suspiró.

—Genial. Día tranquilo. Vamos a morir.

La ciudad estaba demasiado bien. Las calles limpias..La gente amable..El tránsito fluido.

—Esto es perturbador —dijo Adrián, mirando a un hombre que ayudaba a una anciana a cruzar la calle—. Nadie hace eso sin motivo.

—Optimización emocional —explicó Uriel—. El infierno aprendió a no empujar al caos directamente. Ahora lo cultiva.

Como una infección lenta — dijo Eryom.

—Excelente —respondió Adrián—. ¿Dónde firmo para cancelar la suscripción?

Pasaron frente a una plaza. Niños jugando. Padres sonriendo..Un vendedor ambulante regalando globos.

—No —dijo Adrián, deteniéndose—. Esto es una trampa.

El globo de un niño explotó. No con ruido. Con susurros. Las risas se apagaron de golpe. Los niños quedaron quietos, confundidos. Los adultos empezaron a fruncir el ceño, inquietos, sin saber por qué.

—Influencias emocionales en red —dijo Uriel—. Están usando la felicidad como vector.

—Eso es bajo —murmuró Adrián—. Incluso para demonios.

El vendedor levantó la vista. Sus ojos no parpadearon.

—Buenos días —dijo con voz amable—. ¿Un globo?

—No, gracias —respondió Adrián— Ya explotó uno.

La sombra del vendedor se movió tarde. Demasiado tarde. La energía demoníaca brotó como tinta negra, extendiéndose por el suelo de la plaza, tocando pies, bancos, juegos infantiles.

—¡ELÍAS! —gritó Adrián—. ¡ESCUDO!

Uriel reaccionó al instante. El fuego purificador descendió como un anillo invisible, limpiando sin quemar, aislando la influencia infernal de los humanos. El demonio sonrió.

—Siempre tan protectores —susurró—. Siempre tan… cansados.

La tecnología alrededor respondió: cámaras apagándose, semáforos parpadeando, parlantes urbanos lanzando un pitido agudo que hizo llevarse las manos a los oídos a media plaza. Adrián sintió el tirón interno.

Está atacando la sincronía, — dijo Eryom— Quiere separarnos.

—No lo va a lograr —respondió Adrián, frme.

El poder de Gabriel se manifestó sin alas visibles, pero con autoridad. El aire se estabilizó. El pitido cesó. Las sombras retrocedieron.

—No podés tocar este lugar —dijo Adrián al demonio—. Acá hay niños.

—Eso nunca detuvo al infierno —respondió la entidad—. Pero admito que tú sí incomodas.

Uriel avanzó.

—Retírate.

El demonio inclinó la cabeza.

—No hoy.

Se deshizo en humo y la plaza quedó en silencio. Los niños parpadearon.

—¿Por qué estoy triste? —preguntó una nena.

Adrián se agachó frente a ella.

—Porque el mundo es raro —sonrió— Pero ya va a pasar.

La niña lo abrazó sin saber por qué..La energía alrededor se calmó. Uriel observó eso con atención profunda.

—Sigues siendo humano —dijo—. Incluso completo.

—Siempre —respondió Adrián.

Esa noche, el entrenamiento fue… caótico.

—No —dijo Uriel—. No proyectes la sombra tan grande.

—¡Pero se ve increíble! —protestó Adrián.

La sombra de Gabriel, gigantesca, con alas extendidas, cubría media terraza y tres edificios vecinos.

Los drones de noticias están orbitando —señaló Eryom— Literalmente.

—¡No los mires! —ordenó Uriel—. ¡Concéntrate!

Adrián frunció el ceño. La sombra se redujo demasiado. El aire se comprimió y una antena cercana se dobló como papel.

—Ups.

—Eso era infraestructura —dijo Uriel con paciencia forzada.

—¡Estoy aprendiendo!

Y yo estoy disfrutando esto más de lo que debería, confesó Eryom. Un vecino gritó desde abajo:

—¡EH! ¡DEJEN DE ALTERAR LA GRAVEDAD!

—¡PERDÓN! —respondió Adrián—. ¡PROBLEMAS FAMILIARES!

Uriel se llevó una mano al rostro.

—Esto va a ser largo.

El ataque llegó desde adentro. No demonios visibles. No posesiones. Noticias. Titulares falsos. Rumores virales.
Teorías conspirativas.

El ángel es una amenaza.”
“Los incidentes aumentaron desde su aparición.”
“¿Protector o manipulador?”

—Ah —murmuró Adrián, mirando el celular—. La fase dos.

—:Asmodeo aprendió del cielo,— dijo Eryom— Ahora ataca la fe.

Uriel apretó los dientes.

—Esto es peligroso.

—¿Por qué? —preguntó Adrián.

—Porque si los humanos dejan de creer —respondió— El vínculo se debilita.

Las luces del departamento parpadearon. El ambiente se volvió pesado.

—Ok —dijo Adrián—. No me gusta esto.

Bajaron a la calle. Una discusión estalló frente a un kiosco. Gritos. Acusaciones. Una violencia contenida que buscaba excusa.

—Influencias sutiles —dijo Adrián— Están sembrando desconfianza.

Una mujer señaló a Adrián.

—¡ES ÉL! —gritó—. ¡EL DE LAS ALAS!

El murmullo creció.

—No —dijo Adrián, levantando las manos— Tranquilos.

El miedo se expandió y con él, algo más..Una sombra se desprendió de un poste de luz.




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