El problema de las decisiones imposibles no es elegir mal. Es que todas las opciones te rompen algo. Adrián seguía mirando la pantalla del kiosco como si, por pura voluntad, pudiera atravesarla. La imagen de Elías inconsciente se repetía en bucle, con una cámara demasiado estable para ser casual.
—Eso es grabado —dijo en voz baja—. No puede ser en tiempo real.
— Ojalá — respondió Eryom, con un temblor que no intentó ocultar. — Pero la energía es reciente. Muy reciente.
La voz volvió a sonar, envolviendo la calle entera, deslizándose por parlantes, celulares, alarmas de autos.
—No te apures, Gabriel —ronroneó Asmodeo— Pensar también es un privilegio.
Adrián cerró los ojos un segundo. Solo uno. El suficiente para sentir la ciudad. El miedo era un enjambre. La ira, una marea. La desesperación un combustible perfecto. Y debajo de todo eso, latiendo como un corazón enfermo, la trampa.
—Está usando la plaza como ancla —dijo Adrián— La cuarentena, la sirena, la transmisión todo converge ahí.
— Y Elías es el cebo — añadió Eryom, con furia contenida — Lo sabe.
Adrián abrió los ojos y suspiró.
—Por supuesto que lo sabe. Si yo fuera Asmodeo, también me secuestraría al aliado más temperamental.
— Gracias, — masculló el Nefilim.
—No era un cumplido.
La sirena cambió de tono. Más grave. Más urgente. Como si el barrio entero estuviera entrando en una fase nueva del infierno.
—Tenemos minutos —dijo Adrián— No horas.
Un grupo de poseídos dobló la esquina corriendo, chocando entre ellos, riendo mientras uno de ellos se arrancaba pedazos de piel como si no sintiera dolor.
—¡AHÍ! —gritó uno—. ¡EL DE LA LUZ!
—Genial —murmuró Adrián—.Fama instantánea.
Levantó las manos.
—¡Chicos! —gritó—. ¡Hora de la limpieza espiritual express!
El poder brotó sin pedir permiso. Las luces de la calle explotaron en un destello celeste. Las sombras demoníacas se desprendieron como parásitos arrancados a la fuerza, chillando mientras se evaporaban..Los cuerpos humanos cayeron al suelo, inconscientes pero vivos. Adrián respiró agitado.
— Esto no es sostenible — dijo Eryom.— Te estás drenando rápido.
—Lo sé —respondió— Y Asmodeo también.
Una risa profunda resonó, no desde un punto fijo, sino desde todas partes.
—Muy bien observado —dijo la voz— Te estás cansando. Y todavía no elegiste.
En una pantalla gigante, el mapa del barrio apareció marcado en rojo. Zonas infectadas. Zonas limpias. Y una flecha parpadeante hacia la plaza.
—Si vienes —continuó Asmodeo— libero a algunos. Si no vienes la cuarentena se vuelve definitiva.
Adrián apretó los puños.
—Eso no depende de vos. Eso es humano.
—Oh, Gabriel… —se burló— Los humanos solo creen decidir.
La transmisión cambió. Ahora mostraba a un grupo de soldados apuntando a una familia que intentaba cruzar una barrera.
—¡RETROCEDAN! —gritaba un oficial—. ¡ÓRDENES!
—Van a disparar —susurró Adrián.
— No — dijo Eryom con horror. — Van a provocar.
Un poseído se lanzó contra un soldado. El disparo sonó seco. Otro soldado gritó. El pánico se expandió como pólvora. La imagen se cortó. Adrián tembló.
—Esto se va a salir de control.
—Ya lo está —dijo Asmodeo con suavidad— La diferencia es si tú estás mirando o participando.
Adrián levantó la vista hacia la plaza, visible a lo lejos entre edificios.
—Quiere que vaya solo.
— Quiere separarnos,— afirmó Eryom.
—Y no voy a hacerlo.
Adrián respiró hondo y tomó una decisión distinta. No la que Asmodeo esperaba..Se subió a un auto estacionado, abollando el techo.
—¡ESCUCHEN! —gritó, amplificando su voz sin tecnología, solo con presencia—. ¡NO CORRAN! ¡NO SE ATAQUEN ENTRE USTEDES!
La ciudad lo escuchó. No todos..Pero suficientes..Las emociones bajaron apenas un grado. El pánico dejó de ser marea y se volvió oleaje.
—¡Esto es una manipulación! —continuó—. ¡No están solos, aunque quieran que lo crean!
Las pantallas parpadearon.
—¿Qué estás haciendo? —gruñó Asmodeo— Esto no es parte del juego.
—Cambiando las reglas —respondió Adrián—. Soy muy malo siguiendo instrucciones.
Un poseído saltó hacia él desde un balcón. Adrián ni lo miró. La sombra demoníaca se desintegró en el aire como ceniza mojada.
—¿Ves? —dijo, alzando la voz— ¡NO SON INVENCIBLES!
El murmullo creció. La fe no era devoción..Era esperanza desesperada. Y eso…...eso era peligroso para el infierno.
—¡BASTA! —rugió Asmodeo.
La sirena se detuvo de golpe. El silencio fue ensordecedor. La plaza se iluminó con una luz antinatural. Oscura. Roja. El aire se curvó, como si alguien estuviera doblando la realidad con las manos.
—Ven —ordenó Asmodeo— Ahora.
El suelo tembló.
—Si no vas —añadió— muere tu amigo.
La pantalla mostró a Elías… moviendo un dedo..Vivo. Adrián cerró los ojos..Eryom habló con voz firme:
No vayas solo.
—No pienso hacerlo.
Adrián dio un paso… y otro.
—Voy a ir —dijo—. Pero no como él quiere.
El poder de Gabriel se expandió, no en un estallido, sino en una onda constante. Las luces de los edificios se encendieron todas a la vez. Los celulares vibraron. Las pantallas cambiaron..Ahora mostraban solo una cosa: Un símbolo antiguo. Un sello celestial.
—¿QUÉ HICISTE? —rugió Asmodeo.
Adrián sonrió, cansado pero determinado.
—Activé algo que Miguel odiaría.
— Y Rafael desaprobaría, — añadió Eryom.
—Y Uriel incendiaría si estuviera despierto —completó Adrián.