Los Hijos Del Olvido

Humanos con alas (manual de fallas técnicas)

El primer indicio de que Uriel había vuelto demasiado humano fue el estornudo.

—Achís.

Elías se quedó inmóvil, con una mano en el pecho, como si acabara de ser traicionado por el universo.

—¿Acabo de…?

—Sí —respondió Adrián desde la cocina—. Estornudaste.

—Yo no estornudo.

—Ahora sí.

Elías frunció el ceño, ofendido en lo más profundo de su dignidad celestial.

—Esto es inaceptable.

Bienvenido a la carne — comentó Eryom con alegría mal disimulada. —Tiene mucosa.

Adrián se rió, y esa risa bastó para que la tostadora expulsara el pan como un proyectil y el televisor subiera el volumen sin permiso.

—¡EH! —protestó Adrián—. ¡No estoy TAN feliz!

—Sí lo estás —dijo Elías, sonriendo pese a sí mismo—.Y la tecnología lo sabe.

—La tecnología es una chusma.

El microondas pitó tres veces, indignado. Salir a la calle juntos fue una experiencia. Elías caminaba rígido, atento a todo, como si esperara que el mundo lo atacara con una banana resbalosa.

—¿Por qué todos caminan tan lento? —murmuró.

—Porque son humanos —respondió Adrián— Y porque hoy hace frío.

—El frío es innecesario.

—Decís eso ahora —sonrió Adrián— Esperá a que te duelan las manos.

Cinco minutos después.

—Me duelen las manos.

Adrián se rió tan fuerte que una farola cercana se encendió y apagó como si aplaudiera.

—¡CONTROLÁTE! —susurró Elías—. ¡Hay gente mirando!

Una mujer pasó a su lado y sonrió sin saber por qué.

—Qué lindo día —dijo, aunque estaba nevando.

—Eso fuiste vos —acusó Elías.

—Tal vez.

Definitivamenteconfirmó Eryom.

El Nefilim se sentía distinto. Más estable. Más presente. La esencia de Gabriel ya no era un peso, sino una estructura firme en la que podía apoyarse.

Me gusta estar acá, — dijo— Es más silencioso. Más fuerte.

Adrián asintió.

—Yo también te siento distinto.

No estoy huyendo explicó Eryom— Estoy creciendo.

Elías los miró de reojo.

—Eso es inquietante.

—Para el infierno, sí —respondió Adrián— Para nosotros no tanto.

La primera pelea del día llegó en una esquina cualquiera. Un demonio menor, oculto en el cuerpo de un hombre de traje, discutía con un taxista. La discusión escaló demasiado rápido. Gritos. Un empujón. Una sombra que no coincidía con el cuerpo.

—Ahí —dijo Adrián.

—Déjame —respondió Elías—. Quiero probar algo.

—¿El qué?

—Mi paciencia humana.

Duró cuatro segundos.mEl demonio atacó. Elías reaccionó por instintoby tropezó.

—¡ESTO NO PASABA ANTES! —gritó mientras caía.

Adrián levantó un escudo justo a tiempo. El demonio chocó contra él y rebotó como si hubiera golpeado una pared invisible.

—Nota mental —dijo Adrián— Arcángel o no, seguís siendo humano.

Elías se levantó, furioso.

—Bien. Entonces peleo como humano.

Le dio un puñetazo..No fue elegante. No fue celestial. Pero estuvo cargado de fuego purificador. El demonio salió expulsado del cuerpo humano como humo negro, chillando. El hombre cayó inconsciente, vivo.

Elías se quedó mirando su mano.

— Eso dolió.

—Eso también es humano.

La gente alrededor parpadeó, confundida.

—¿Todo bien? —preguntó alguien.

—Sí —respondió Adrián— Discusión de tránsito espiritual.

Esa noche, en un lugar donde no existía la noche ni el día, Sariel despertó. No abrió los ojos. Los sintió..A Eryom..A Adrián..Más fuertes..Más unidos.

—Hijos míos —susurró.

Las cadenas de su prisión vibraron. No se rompieron, pero respondieron. La energía celestial reprimida empezó a moverse como un mar inquieto..Entonces sintió algo más.

Oscuridad..Cercana..Demasiado cercana..Sariel tensó las alas rotas.

—Asmodeo —murmuró— Te estás acercando demasiado.

Por primera vez en siglos, la prisión no estuvo completamente en silencio..Y por primera vez, Sariel sonrió..No por esperanza. Por advertencia. De vuelta en la ciudad, Adrián y Elías subían las escaleras del edificio cargando bolsas.

—Nunca pensé que decir “comprar pan” sería una misión peligrosa —dijo Elías.

—Dale tiempo.

Adrián abrió la puerta del departamento..Las luces se encendieron solas..La cafetera empezó a funcionar..El televisor puso un noticiero y lo cambió inmediatamente a un programa de cocina.

—Ok —dijo Adrián—. Esto ya es demasiado.

Están contentos explicó Eryom— Los lugares también sienten.

Elías dejó las bolsas y se dejó caer en el sillón.

—Entonces —dijo— Arcángeles, humanos, demonios, tecnología sensible.¿qué sigue?

Adrián miró por la ventana, serio por primera vez en horas.

—Asmodeo no va a quedarse quieto.

Eryom habló, firme:

Y mi padre tampoco.

En algún lugar bajo la tierra, una prisión antigua respondió con un temblor. Y el mundo, sin saberlo, empezaba a acercarse al verdadero conflicto.




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