Los Hijos Del Olvido

Donde la luz tiembla, pero no cae

La ciudad amaneció con resaca emocional..No había destrucción nueva, no sirenas, no gritos. Pero todo parecía un poco más lento, como si el mundo hubiera pasado la noche entera conteniendo el aliento..Adrián lo sintió apenas abrió los ojos.

—Algo pesa —murmuró.

Elías, sentado en el borde del sillón con una taza de café humeante, lo miró de reojo.

—Sí. El café también. ¿Quién decidió que esto fuera tan amargo?

—Vos —respondió Adrián—Te advertí sobre la sal.

—¡FUE UN ERROR HONESTO!

La cafetera carraspeó. Literalmente.

—No puede carraspear —dijo Elías, indignado.

—Puede —respondió Adrián— Está sensible. Como yo.

Como todos, agregó Eryom, con una calma nueva, más profunda. La ciudad todavía está procesando..Adrián se sentó despacio. El cuerpo no le dolía, pero el pecho… el pecho sí. No como herida, sino como recuerdo.

—Anoche soñé con la nieve —dijo—.Pero no caía. Se quedaba suspendida.

Elías no bromeó esta vez. Se acercó y se apoyó contra la pared, brazos cruzados.

—Eso no fue un sueño.

Adrián alzó la vista.

—¿Cómo lo sabés?

—Porque yo también lo sentí —respondió— Cuando Astaroth se retiró dejó algo. Como una promesa mal cerrada.

La luz del living bajó apenas un tono.

—No —dijo Adrián de inmediato— Tranquilo. No es culpa tuya.

Elías suspiró.

—Eso también es muy tuyo.

Gabrieldijo Eryom con cuidado, usando el nombre solo para él — El dolor no siempre es castigo. A veces es aviso.

Adrián apretó los dedos.

—¿Aviso de qué?

Antes de que Eryom respondiera, las pantallas se encendieron solas.mNo noticias..No emergencia. Un mapa.mLa ciudad con puntos de luz.

—Ok —dijo Elías— Eso no lo hice yo.

Los puntos parpadeaban, débiles, como velas.

—Son personas —susurró Adrián— Las que anoche estuvieron cerca las que sintieron miedo.

Y esperanza, añadió Eryom. Ambas dejan marca. Adrián se puso de pie de golpe.

—Tenemos que ir.

—Siempre “tenemos” —murmuró Elías— Nunca “desayunamos primero”.

—Podemos desayunar en el camino.

—Eso no es desayunar.

La primera parada fue un hospital improvisado en una escuela. Camas en los pasillos, gente hablando en voz baja. Al entrar, algo cambió. No luz cegadora. No milagro. Solo alivio.

Un niño dejó de llorar.
Una mujer respiró hondo.
Un monitor dejó de pitar erráticamente.

—No estoy haciendo nada —susurró Adrián.

—Exacto —respondió Elías— Estás siendo.

Una enfermera los miró sin reconocerlos del todo y sonrió.

—Gracias por venir —dijo— No sé por qué, pero sabía que alguien iba a hacerlo.

Adrián tragó saliva.

—De nada.

Al girar, chocó con un hombre poseído residual. No demonio completo. Solo restos. Ira, miedo, eco oscuro..El hombre alzó la mano, temblando.

—¡No se acerquen!

Elías dio un paso adelante, instinto puro.

—Tranquilo. Nadie te va a hacer daño.

—¡MENTIRA! —gritó el hombre—. ¡TODOS SE VAN!

Adrián sintió el impulso de usar su poder. Y se detuvo. Se acercó despacio.

—Yo no —dijo— Yo me quedo.

La sombra del hombre se agitó y se disolvió como humo cansado. El hombre cayó de rodillas, sollozando.

—Perdón —susurró— Perdón…

Elías miró a Adrián con algo nuevo en los ojos.

—Eso fue increíble.

Adrián se encogió de hombros, con una sonrisa triste.

—Ojalá fuera más fácil.

—Lo estás haciendo más fácil —respondió Elías— Para todos.

La luz del pasillo se estabilizó..En las profundidades olvidadas, Sariel abrió los ojos..No vio paredes..Sintió. A sus hijos. Más fuertes..Más unidos.

—Eryom —susurró— Adrián…

Las cadenas vibraron, no para romperse, sino para resistir. Y entonces lo sintió..Muy cerca.

—Astaroth —murmuró, con una calma peligrosa— Te estás equivocando de lugar.

La oscuridad respondió con una risa distante.

—Todavía no —dijo la voz— Pero pronto.

Sariel tensó las alas rotas.

—No esta vez.

Al caer la tarde, Adrián y Elías volvieron al departamento.

—Estoy agotado —dijo Adrián— Emocionalmente agotado.

—Eso también es humano —respondió Elías— Bienvenido al club.

Se dejó caer en el sillón, mal y volvió a levantarse.

—¿Por qué sigue siendo tan incómodo?

—Porque todavía no aprendiste a caer —sonrió Adrián.

La televisión se encendió sola. Un noticiero.

—Última hora —decía el presentador— Extraños fenómenos de calma han sido reportados en varios puntos de la ciudad…

Adrián apagó el televisor.

—No quiero escucharme en tercera persona.

—Cobarde.

Rieron. Por un segundo, todo estuvo bien. Entonces, el aire se tensó..Eryom habló, grave:

No estamos solos.

Elías se puso de pie de inmediato.

—¿Asmodeo?

No.

—¿Astaroth?

Tampoco.

Adrián sintió algo distinto. No oscuro. No luminoso..Antiguo.

—¿Entonces?

La ventana se empañó sola. Y una palabra apareció escrita desde afuera, trazada en hielo:

PRONTO.

Adrián y Elías se miraron.

—Odio cuando hacen eso —dijo Elías.

—Sí —respondió Adrián, con el corazón latiendo fuerte— Pero no vamos a correr.

Eryom brilló, firme, protector.

— Juntos,— dijo.

La luz del departamento se sostuvo..Y aunque el aviso helaba la sangre,
ninguno dio un paso atrás. Porque esta vez, la luz no estaba sola.




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