Los Hijos Del Olvido

Nochebuena bajo alas invisibles

La ciudad nunca había tenido una Navidad tranquila. Pero esa fue distinta. Las calles estaban llenas de luces parpadeantes colgadas torcidamente, bolsas de compras, olor a pan dulce, gente apurada y taxis tocando bocina.

Sin embargo, algo estaba bien. La gente sonreía más. Los insultos en el tránsito bajaron un 90%. Los kiosqueros redondeaban el vuelto a favor del cliente. Y dos comerciantes rivales del mismo barrio se abrazaron frente al local de uno, llorando porque habían pensado en lo mismo al poner adornos navideños con luces de colores.

Todo eso era culpa de dos arcángeles disfrazados de humanos. Adrián, que ya sabía que la ciudad sentía cada latido suyo, caminaba con Elías por la avenida principal, donde un gigantesco árbol navideño brillaba con más fuerza que de costumbre. Las luces parecían respirar.

—Ok —dijo Elías, frunciendo el ceño— ¿Por qué ese árbol parece a punto de cantar villancicos?

—Quizás está feliz —propuso Adrián, alzando los hombros.

Como respuesta, las luces del árbol se acomodaron solas, formando:

FELIZ NAVIDAD

Pero luego, como si tuviera personalidad propia, añadieron:

ARREGLEN SUS PROBLEMAS FAMILIARES

Elías abrió la boca.

—¿Quieres explicarme qué está pasando?

Adrián se puso rojo.

—Perdón. Estaba pensando en voz alta.

—¿En voz alta o con poder angelical que controla luces LED?

—Eh… sí.

En el supermercado

El espíritu navideño llegó demasiado lejos. Una señora estaba a punto de pelearse con un hombre por el último pan dulce con frutas confitadas.

—¡Yo lo vi primero! —gritó ella.

—¡Pero yo llegué antes! —contestó él.

Elías, que estaba comprando sidra barata porque las áureas celestiales no pagan alquiler, alzó una ceja..Adrián cerró los ojos, concentrándose..De repente, las estanterías comenzaron a multiplicar pan dulce como si la Navidad fuera un glitch del universo.

—¿Eso lo hiciste vos? —preguntó Elías.

—No… creo que lo hizo el espíritu navideño.

—Claro. Ese espíritu navideño que casualmente es tu aura —ironizó Elías.

Los empleados del supermercado empezaron a repartir productos GRATIS. Y los carteles electrónicos cambiaron de 2x1 a:

GRATIS SI LE SONRÍES A OTRO SER HUMANO

Los consumidores, confundidos, se miraron. Sonrieron. Y milagrosamente pagaron igual.

Esto está violando alguna ley económica gruñó Eryom en su mente. — Y me gusta.

En el departamento

Adrián y Elías regresaron con bolsas llenas, risas acumuladas y un árbol de Navidad comprado a último momento que empezó a armarse SOLO cuando lo apoyaron en el piso.

—No, no, no — murió Elías— ¡Dejen de hacer todo por nosotros! ¡Necesitamos sentir que trabajamos!

El árbol, ofendido, dejó caer las luces al piso. Adrián carraspeó.

—Se siente como…. como si mi esencia quisiera celebrar.

—Tal vez tu esencia quiere algo más —murmuró Elías sin mirarlo directamente.

Silencio eléctrico..Elías siguió colocando adornos a mano, aunque el árbol insistía en levantarlos. Adrián lo observó. Cada movimiento suyo. Cada respiración. El aura entre los dos cambió. El departamento lo sintió.

La calefacción se encendió sola. Las luces se atenuaron. Una canción suave empezó a sonar desde el televisor apagado..Elías rió nervioso.

—Tu esencia es muy romántica cuando quiere.

—¿Te molesta? —preguntó Adrián, apenas audible.

Elías lo miró.

—No. Me da miedo. Pero no me molesta.

Medianoche

La ciudad entera se detuvo. Literalmente. Los autos dejaron de tocar bocina. Los bares, llenos, guardaron silencio. Hasta los perros dejaron de ladrar..Una nieve fina cayó desde un cielo despejado. Pero no era nieve fría..Era templada. Como un abrazo. Elías y Adrián estaban sentados en el balcón, envueltos en mantas, mirando la ciudad.

—¿Sentís eso? —dijo Adrián— Como si el mundo respirara.

—Sí —respondió Elías, apoyando sin pensar su cabeza en el hombro de Adrián— Se siente como casa.

Eryom habló, suave, con una sinceridad que nunca había mostrado:

— Yo también pertenezco aquí.

En el infierno

Asmodeo sintió el poder navideño. Y se atragantó con un hueso de pollo demoníaco.

—¿Qué es esta energía? —gruñó.

Astaroth apareció, con expresión perpleja.

—Parecen emociones humanas compartidas.

—¿EMOCIONES HUMANAS? —bufó Asmodeo— ¡Eso nos debilita! ¡Prohíban la Navidad!

Ningún demonio respondió. Estaban llorando viendo un especial navideño en la tele infernal. De vuelta en la ciudad Los fuegos artificiales iluminaron el cielo. Elías exhaló.

—Feliz Navidad, Adrián.

Adrián lo miró. Sus corazones arcángel, humano, y Nefilim escondido latieron al mismo tiempo.

—Feliz Navidad, Elías.

A lo lejos, una pantalla gigante de un edificio mostró un mensaje sin que nadie la tocara:

EL AMOR TAMBIÉN ES UNA GUERRA QUE SE GANA DESPACIO

Y la ciudad, por primera vez en siglos, soñó en paz.




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