Los Hijos Del Olvido

Ciudad en alerta, corazones en ruinas

La Navidad había pasado, pero su eco seguía flotando sobre la ciudad como un perfume imposible de borrar. Desde entonces, algo raro demasiado raro ocurría:
  • los bancos perdonaban intereses por atraso,
  • los colectivos dejaban subir gratis a quienes parecían tristes,
  • y los políticos… donaban dinero.
    Un analista económico gritó en la televisión:
  • —¡Esto no es normal! ¡Alguien está saboteando el capitalismo!
    Y justo cuando dijo eso, la luz de su estudio lo dejó calvo en vivo.
    (Elías estornudó en su departamento al mismo tiempo; coincidencia… tal vez).
El departamento — hogar de caos celestial y electrodomésticos traumatizados

Adrián se despertó temprano. Raro..Elías ya estaba de pie en la cocina, intentando preparar café sin que la cafetera explotara por emoción.

—Por favor, por favor, compórtate —le rogó al aparato.

La cafetera, ofendida, le lanzó espuma a la cara. Eryom se carcajeó dentro de la mente de Adrián.

Te odia porque pensó que ibas a comprar una italiana de acero inoxidable. Se siente reemplazada.

Elías suspiró.

—Una cafetera con inseguridad emocional… —se limpió la cara— Lo peor es que lo entiendo. Viví en el cielo, pero esto sí da miedo.

Adrián entró al ambiente con sueño. Su cabello negro ahora tenía mechones rubios fijos desde que Gabriel había despertado del todo. Parecía recién salido de un comercial de shampoo, pero con ojeras..Elías se quedó mirándolo dos segundos demasiado.

Adrián parpadeó.

—¿Por qué me miras así?

—Porque —Elías apretó los labios— Hiciste que las luces formen un corazón otra vez.

Y, efectivamente, el ventilador de techo había girado hasta dejar su sombra en forma de corazón.

—Es involuntario —se excusó Adrián.
—Eso dicen todos los que están enamorados —susurró Elías.

El microondas explotó de felicidad. Literalmente.

Mientras tanto — en el infierno alguien golpea

Asmodeo y Astaroth jugaban ajedrez. Cada ficha era un alma humana. Cada movimiento, una catástrofe potencial..Pero cada vez que intentaban planear algo, una sensación los debilitaba. Astaroth gruñó:

—Esta… emoción… ¿cómo se llama?

—Amor —gruñó Asmodeo como si escupiera veneno— ¡El maldito arcángel está enamorándose!

Un demonio menor se acercó temblando.

—Señor el infierno está teniendo problemas.

—¿Problemas?

—Los departamentos de tortura dejaron de funcionar porque los tormentos se cancelan solos si detectan tristeza humana real.
Y alguien —tragó saliva— colocó nieve dentro del abismo.

Asmodeo se levantó bramando.

—¡BASTA! ¡Preparen un ataque! Si Gabriel ha encontrado consuelo debemos arrebatárselo!

La ciudad — tensión antes de la tormenta

La noche cayó como una cortina pesada. Adrián y Elías caminaban por el barrio pobre donde se habían quedado atrapados tantas veces. Todo estaba demasiado tranquilo.

—¿Lo sientes? —susurró Adrián.

—Sí —respondió Elías.

—¿Miedo?

—No olor a champán barato. Creo que alguien festeja Fin de Año antes de tiempo.

—Elías. Estoy hablando en serio.

Elías lo miró. Su humor se apagó un instante.

—Yo también. Algo va a pasar.

Como si respondiera al guion, las farolas parpadearon sincronizadas, como si una inteligencia oculta las manejara.

—;Vienenadvirtió Eryom.

Ataque demoníaco versión absurda y violenta

Las alcantarillas se abrieron..Sombras viscosas salieron. Huesos resonaron.
Voces susurraron. Y después un demonio se tropezó con una baldosa rota y cayó de nariz. Elías alzó una ceja.

—¿Eso fue… la peor entrada de la historia?

El demonio, humillado, gruñó:

—¡Silencio! ¡Soy el heraldo del infierno! ¡El señor del caos!

Intentó sacar sus alas… pero le crujió la espalda.

—Necesita estiramientos —comentó Adrián, genuinamente.

—¡MUERAN! —chilló el demonio, lanzándose.

Antes de que pudiera tocar a Adrián, salió volando disparado..Porque la ciudad entera lo rechazó. Los autos arrancaron solos, pitando como un ejército. Los postes de luz cayeron formando barreras..Los semáforos se pusieron en rojo aunque no había tránsito.

—Oh —susurró Elías, impresionado— La ciudad está… protegiéndote.

Adrián bajó la mirada.

—No protege solo a mí.

Elías lo miró con suavidad..Y detrás de ellos.algo oscuro se formaba.

Asmodeo manifiesta una parte de su poder en Tierra

El aire ardió..Las luces se apagaron excepto donde Adrián estaba parado..Una sombra imposible se alzó a metros de ellos. Asmodeo no descendió..Pero su voz sí.

—Gabriel… tú, que deberías reinar arriba… ¿juegas en el fango con humanos?

Elías apretó los puños, listo para pelear. Adrián, en cambio sonrió, cansado, pero firme.

—A veces —dijo— el fango contiene semillas.

Silencio total. Hasta el infierno pareció detenerse. Asmodeo siseó.

—Te destruiré quitándote recursos. Quitándote aquello que amas.

Eryom tembló dentro de Adrián.

No le respondas —susurró— Quiere que te duela.

Pero Gabriel despertó en la voz de Adrián, y dijo:

—No conoces el amor. Por eso crees que se arrebata. Pero se entrega. Y se vuelve más fuerte.

Las luces de la ciudad brillaron. Los humanos a su alrededor sonrieron dormidos, como si un sueño colectivo los abrazara..Asmodeo rugió.

—Entonces los quebraré a todos para que tú sufras.

Y desapareció.

Después del peligro — un silencio humano

La nieve empezó a caer..Esta vez fría. Adrián tembló. No por la temperatura.
Por el peso..Elías lo tomó de los hombros.

—Hey.

Adrián levantó la vista..Sus ojos celestes tenían brillo húmedo.




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