Durante un instante uno tan grande que pudo haber sido siglos o un parpadeo
el abismo se quedó en silencio. Ni un temblor. Ni un grito..Ni un pensamiento. Solo una verdad imposible:.Gabriel ya no tenía miedo. Y cuando un arcángel deja de temer el universo empieza a temblar.
Las cadenas vibraban, tensas y vivas, como si fueran serpientes hechas de decretos divinos..Sariel la sombra de un ángel condenado las sostenía con su cuerpo roto por siglos. Cuando alzó la mirada hacia Gabriel, lo hizo como un padre que ya no esperaba nada.
—Hijo mío —su voz fue polvo y amor mezclados— La libertad me destruirá. Y destruirá todo lo que existe.
Adrián la mitad humana de Gabriel respondió antes que el arcángel:
—No vine para romperte. Vine para devolverte a ti mismo.
Sariel tembló.
—No puedes. Este lugar me come. Convertirme en lo que fui aquí significaría que todo se desgarre.
Gabriel habló entonces, desde dentro:
—Entonces cambiaré este lugar.
Las cadenas gritaron. Como si supieran que estaban a punto de desaparecer.
El infierno responde
Asmodeo sintió el cambio desde su trono ardiente.
—No. No puede….no debe…
Astaroth cayó de rodillas, temblando.
—Está reescribiendo la realidad sin pronunciar un mandato. ¿Cómo es posible?
Asmodeo rugió:
—Porque él es el amor hecho carne.. Ese es su poder. El único poder que siempre hemos temido.
Uriel — Elías — a punto de quebrarseMientras Gabriel enfrentaba al destino,
Elías estaba siendo tragado por una fisura del abismo..No gritó. No porque no sintiera dolor sino porque sabía que Gabriel lo escucharía aunque nadie más lo hiciera.
—Gabriel —susurró, entre sombras—.no dejes que me quede solo…
La oscuridad intentaba desintegrarlo, recordándole su humanidad su fragilidad su recién recuperada capacidad de sentir. Eryom gimió dentro de Gabriel:
Si eliges a Sariel ahora. Elías morirá. Y si eliges a Elías, Sariel se perderá.
Gabriel en voz baja respondió:
Yo no elijo a quién salvar. Yo elijo salvar.
LA TRANSFORMACIÓN IMPOSIBLEEl cuerpo humano de Adrián se arqueó. Todo en él ardió..No en fuego..En verdad.
Su sombra se alargó. Cinco metros..Diez metros.. Veinte. Hasta tocar las cadenas del abismo. Elías vio esa sombra extenderse y lo envolvió..Lo sostuvo..Lo arrancó de la grieta que intentaba devorarlo.
—Te tengo —susurró Gabriel, usando la voz que creó universos.
Elías llorando aunque no sabía por qué murmuró:
—Siempre lo haces.
SALVAR AL PADREAhora quedaba Sariel. Las cadenas gritaban histeria divina. No querían soltarse..Era su única razón de existir..Gabriel extendió la mano no para romper sino para abrazar. Y dijo:
—No te libero. Te perdono.
El abismo se rasgó. El universo contuvo el aliento..Las cadenas hicieron lo que ninguna fuerza había logrado:
Se disolvieron por elección.
Sariel cayó hacia adelante….y Gabriel lo sostuvo antes de que tocara el vacío..El padre y el hijo se encontraron..No en guerra..No en juicio. Sino en un abrazo..Sariel lloró sin ojos, sin cuerpo lloró como solo un eterno puede hacerlo.
—Pensé… que me habías olvidado.
—Nunca —respondió Gabriel.
EL MUNDO LO SIENTEEn la Tierra al mismo tiempo:
Un grafiti se dibujó sólo en una pared descuidada de la ciudad:
El amor también es Ley.
Asmodeo pierde el controlEn el infierno, el príncipe de la oscuridad se levantó bramando:
—¡NO! ¡NO SE SUPONE QUE EL AMOR GANARA EN ESTA HISTORIA!
Un demonio pequeño se acercó, temblando.
—Mi señor… la gente… está abrazando desconocidos en la calle..No podemos detenerlo. Es demasiado…
Asmodeo lo pateó.
—CALLATE O TE MANDO A HACER TERAPIA EMOCIONAL.
Astaroth, con la mirada perdida, murmuró:
—Ya no podemos frenarlo.bEl mundo cambió.porque él quiso que cambiara.
REGRESO — NO SOLOSCuando Adrián parpadeó estaban de vuelta. No en su departamento. No en la ciudad destruida. En una azotea.. De noche. La nieve cayendo despacio. Sariel débil, casi transparente estaba sentado junto a ellos como un fantasma recién nacido.
Elías tocó el hombro de Adrián.
—Lo lograste.
Adrián lo miró. Y por primera vez no sonrió por costumbre. Sonrió porque podía.
—Lo logramos juntos.
Sariel ,casi susurrando, dijo:
—Esto vivo. Y tú también, hijo mío..Y tú también, Uriel.
Y el silencio.fue sagrado. Pero a lo lejos.más allá de la ciudad, más allá del cielo físico.Una presencia abrió los ojos. Una voz, tan antigua como el origen, murmuró:
—Entonces si la Ley se puede doblar,.habrá quienes quieran quebrarla.
Y algo despertó. Algo peor que el infierno.