Amanecer — y el caos empieza temprano
La mañana inició con algo inusual..Sariel estaba sentado a los pies de la cama de Adrián, observándolo dormir como si estudiara un arte ancestral.
—Sariel ¿qué estás haciendo? —preguntó Adrián medio dormido.
—Practicando.
—¿Practi… qué?
—Ser padre. Estoy monitoreando tu respiración para asegurar tu supervivencia.
Adrián se sentó, despeinado, ojos celestes confundidos.
—Papá… puedes… dejarme dormir.
Sariel cerró los ojos y apoyó una mano sobre su corazón.
—Nunca más volveré a perder a un hijo —susurró, apenas audible.
Eryom habló en su mente, tierno:
Él nos ama… a su manera… anticuada, aterradora… pero nos ama.
Adrián sonrió, y un pequeño temblor de luz recorrió el techo, encendiendo todas las lámparas de la casa.
Escenas cotidianas donde nada sale bienElías entró a la cocina bostezando.
—Buenos días —dijo con voz ronca—. ¿Qué hay para desayunar?
Sariel se irguió como si recibiera una orden militar.
—Te prepararé huevos.
—¿Sabes cómo hacer huevos? —preguntó Adrián, alarmado.
Silencio..Sariel tomó un huevo, lo observó… con demasiada intensidad y luego intentó cocinarlo con energía celestial. La sartén se derritió. El huevo flotó. Se convirtió en una luz radiante y explotó.
BOOM.
Las cortinas ardieron..El microondas levitó.
El refrigerador emitió una oración en idioma antiguo.
—Es oficial —dijo Elías con calma— No podemos dejar que toques nada que esté vivo, ni muerto, ni con cáscara.
Sariel agachó la cabeza.
—Intentaba cuidarlos.
Adrián se acercó y lo abrazó por detrás.
—Eso es suficiente.
La casa, de golpe, dejó de levitar.
Tarde de comprasDecidieron salir. Sariel cargaba una lista que él mismo escribió, aunque nadie sabía cómo aprendió a escribir en 24 horas.
— COSAS PARA SER PADRE — decía arriba.
Los ítems incluían:
En la tienda, ocurrió…. LA ESCENA.
Una señora chocó contra Adrián sin querer. Adrián, amable, le sonrió. La mujer quedó paralizada, lágrimas cayendo por sus mejillas.
—…No sé por qué… pero ahora quiero llamar a mi hijo y decirle que lo amo.
Sariel observó eso como si fuera una revelación divina.
—Así se… cuida —murmuró.
Y entonces, con solemnidad absoluta. Se dirigió a un niño en un carrito.
—Eres valioso. Tu existencia tiene propósito.
El niño empezó a llorar de emoción..El padre comenzó a abrazarlo. Toda la fila del supermercado se abrazó. Elías se llevó la mano a la cara.
—Felicitaciones, Adrián. Nuestro padre está provocando un movimiento social de terapia colectiva y aún no sabe usar una tostadora.
—Es mejor así —respondió Adrián, sonriendo.
Noche — el momento en que el amor habla en silencioCuando todos dormían, excepto él…
Elías salió al balcón. La nieve artificial que Gabriel creaba cuando estaba triste había cesado. Ahora caían destellos de luz, suaves, como luciérnagas. Adrián se acercó, envuelto en una frazada.
—No puedo dormir —confesó.
—Yo tampoco —dijo Elías, apoyado en la baranda— A veces lo divino no sabe descansar.
Quedaron en silencio, uno junto al otro. El corazón humano de Adrián era una tormenta..El corazón arcangélico de Elías, una hoguera. Elías rompió el silencio.
—Cuando estaba encerrado en esa prisión, hubo un momento en que pensé que nunca volvería a reír..Y tú…...tú me devolviste eso.
Adrián lo miró..Sus ojos celestes brillaban como si guardaran el amanecer.
—Yo pensaba que sería un arcángel solo.
Pero ahora tengo algo que nunca soñé.
Elías sonrió débilmente.
—¿Familia?
—…y algo más.
El silencio, eléctrico. Las farolas de la calle parpadearon, embelesadas. Una brisa cálida recorrió la ciudad… en invierno.
—No sé qué somos aún —susurró Adrián— Pero me gusta serlo contigo.
Elías, como respuesta, extendió una mano y la apoyó en la de él. Un toque. Suave. Casi nada. Pero suficiente para que:
Eryom, desde dentro, murmuró:
…debo fingir que estoy dormido, ¿verdad?
Adrián se sonrojó. Elías rió, apoyando su frente contra la suya.
—Sí, hermano nefilim. Es cortesía básica.
Plano celeste — la decisión que nadie esperabaEn el cielo: Miguel observaba. Rafael observaba.nEl Padre sonrió. Muy levemente.
—Es imposible —susurró Miguel— Un vigilante caído, un nefilim, dos arcángeles encarnados y una familia.
Rafael respondió:
—Lo imposible siempre fue Su especialidad.
El Padre cerró los ojos. Y la orden no fue un mandato. Sino un susurro.
Déjenlos vivir.
Más tarde, cuando la noche los abrazó, Sariel despertó abruptamente. Se levantó, temblando, como si hubiese recibido una señal. Adrián corrió a verlo.
—¿Qué pasa?
Sariel levantó la vista aterrado.
—Asmodeo encontró uno más.
—¿Uno más qué?
Sariel tragó saliva.
—Un Vigilante..Y si lo libera nuestra familia será el primer sacrificio.
La ciudad se volvió negra. Los postes se apagaron. La electricidad desapareció. Y una sola palabra resonó en miles de mentes humanas al mismo tiempo:
SEAN FELICES MIENTRAS PUEDAN.
La voz del Infierno había llegado.