Los Hijos Del Olvido

El nombre que nunca debía pronunciarse

Silencio antes del rugido

La ciudad seguía sumida en la oscuridad. No un apagón normal. Sino una sombra consciente. Las calles estaban inmóviles. Los edificios, mudos. Y el cielo demasiado quieto. Adrián apretó el pecho, sintiendo una vibración antigua:

—Es… él.

—¿Quién? —preguntó Elías, retrocediendo un paso.

Sariel cerró los ojos, como si volviera a vivir una herida milenaria.

—Azazel.

La sola pronunciación hizo que los postes temblaran.

—¿Quién… quién es Azazel? —susurró Adrián, tragando saliva.

Sariel respondió sin emoción, pero con miedo:

—Fue el que enseñó a los hombres el filo de las espadas el polvo que se convierte en fuego el arte de matar con las manos. Les enseñó a moldear metales para la guerra y tintes para ocultar su rostro en traición.

Elías abrió los ojos, horrorizado:

—Él les enseñó el conocimiento.

Sariel lo corrigió:

—No. Les enseñó el conocimiento sin sabiduría.

La prisión que no era prisión

Asmodeo se hallaba frente al abismo. Una grieta sin forma. Un agujero del que no salía aire. Ni sonido. Ni tiempo.

—¿Dónde está? — gruñó.

Astaroth, con voz serpenteante, respondió:

—Esa es la prisión.

—No veo cadenas. No veo jaula. —gruñó Asmodeo— ¡No veo nada!

Astaroth sonrió.

—Exacto. Su condena fue ser olvidado.

El infierno se erizó. Azazel no estaba preso en rocas o fuego. Su castigo era peor:

Ser borrado de la existencia hasta que un ser celestial pronunciara su nombre con intención de liberarlo.

Asmodeo giró hacia la oscuridad absoluta.

—Azazel pronto tendrás forma otra vez.

Pero la grieta respondió. Una voz como huesos masticando luz:

El precio será tu propia alma.

Astaroth retrocedió por primera vez.

—Cuidado, Asmodeo. Azazel no se someterá ni siquiera al Infierno.

El secreto de Sariel (el poder que ningún otro tiene)

De vuelta en el departamento: Sariel se arrodilló. Su respiración se tornó pesada. Adrián corrió hacia él.

—¡Papá! ¿Qué pasa?

Sariel tembló..Y en su piel comenzó a aparecer texto..Escritura antigua..Palabras que nunca antes habían sido pronunciadas por una garganta humana. Elías se tapó la boca.

—No puede ser…

Adrián preguntó:

—¿Qué es eso?

Elías respondió:

—El poder de Sariel. El único entre los Vigilantes que no fue creado para enseñar ni para caer sino para firmar pactos.

Sariel levantó la cabeza. Sus ojos ya no eran ojos..Eran sellos.

—Fui creado para custodiar los contratos entre lo divino y lo mortal..Las leyes invisibles que mantienen al universo sin romperse.

Adrián susurró:

—Entonces tú puedes cerrar o abrir prisiones.

Sariel respiró hondo.

—Sí..Pero solo una vez..En toda mi existencia.

Silencio..La ciudad contuvo el aliento. Elías, con voz suave, dijo:

—Si lo usas ya no habrá regreso..No podrás protegerlos jamás.

Sariel bajó la mirada hacia sus hijos.

—¿Y de qué sirve una vida eterna si mis hijos no existen para vivirla?

Amor que no entiende de cielo o infierno

Más tarde, mientras Sariel dormía para contener su propio cuerpo Adrián salió al balcón..Elías lo siguió..La nieve había cambiado..Ahora caían cristales dorados.

—Te está afectando —dijo Elías.

—¿Qué cosa? —preguntó Adrián.

—Saber que podríamos perderlo...Que podrías volver a estar solo.

Adrián apretó los labios.

—No quiero perder a nadie..Ni a Sariel..Ni a ti.

Elías desvió la mirada, sonrojado.

—Yo tampoco quiero perderte.

El viento cambió de dirección..Las luces de la ciudad encendieron todas al mismo tiempo.

—¿Somos más que hermanos? —preguntó Adrián con voz quebrada.

—Somos… lo que el corazón de un arcángel no debería sentir. —susurró Elías.

Y aun así…..Sus manos se tocaron..Apenas un roce. Pero suficiente para que:

  • Los semáforos hicieran un corazón rojo y verde
  • Las nubes formaran dos alas entrelazadas
  • Y diez personas en balcones cercanos se abrazaran sin razón

Eryom murmuró, incómodo:

Si van a… ya saben… bésense o algo, al menos avisen. Necesito cerrar los ojos espirituales.

Adrián se rió..Elías también..El humor les salvó el alma.

La señal que lo cambia todo

Sariel despertó sobresaltado.

—Está comenzando.

Adrián corrió hacia él.

—¿Qué viste?

Sariel habló con la voz de un sello rompiéndose:

—Asmodeo…pronunció su nombre.

Elías palideció.

—¿Azazel?

Sariel asintió.

—Su prisión ya respira.

Las ventanas estallaron. Las luces desaparecieron. El aire se volvió espeso como olvido. Y en la mente de todos.una voz habló:

El conocimiento regresa.

El susurro del vigilante enterrado

En el balcón, Adrián sintió una presión en el pecho. Una voz diferente más antigua que los cuatro elementos susurró su nombre.

Gabriel. Hijo de la luz. ¿Vendrás por mí?

Adrián abrió los ojos..Eran fuego y hielo al mismo tiempo. Elías retrocedió..Sariel cayó de rodillas. Eryom gritó dentro de él:

No le respondas. Si le respondes Azazel volverá.

Y Adrián, temblando pronunció:

—Sí.




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