La ciudad seguía dormida, pero algo respiraba debajo del asfalto, como un pensamiento incómodo..Azazel había intentado tocar el mundo y descubrió, para su sorpresa, que ahora el mundo tenía dueño. Y ese dueño se llamaba:
Gabriel.
Adrián abrió los ojos. No sobresaltado. No asustado.
—Ya sé que estás ahí —dijo, mirando al techo vacío.
Silencio. Elías apareció en la puerta, despeinado, con una camiseta que decía:
NO MOLESTAR, ESTOY EN MODO HUMANO
—¿Quién está dónde? —preguntó medio dormido.
Adrián señaló el aire.
—Azazel.
Elías pestañeó.
—¿Aquí? ¿Ahora? ¿En mi horario no laboral?
Gabriel sin cambiar su expresión dejó que su esencia se encendiera. Sus ojos, que eran celestes, brillaron como la luna reflejando una espada. Una voz una que no pertenecía a nadie presentehabló temblorosa:
…te reconocí… por fin…
Gabriel se sentó en la cama con calma sobrenatural.
—Y ahora que me reconociste, calla.
Todo el edificio se quedó en silencio. Incluso las cañerías. Eryom murmuró en su mente, maravillado:
Lo callaste como si fuera un niño en penitencia.
—Exacto —respondió Adrián— Porque así debe ser.
Azazel, derrotado — sin pelea, sin ruido sin gloriaMientras tanto, en el abismo, Astaroth observó la grieta oscura que representaba a Azazel. Se expandía, se contraía hasta que, de repente se volvió pequeña. Mínima. Como una idea olvidada.
—¿Qué… qué pasó? —gruñó Asmodeo.
Astaroth abrió los ojos con terror puro.
—Gabriel lo miró.
Asmodeo escupió:
—¿Y eso basta?
Astaroth susurró:
—Para un arcángel basta.
La familia improvisada y el desayuno que casi destruye el universoDe vuelta en el departamento: Sariel sostenía un sartén con expresión marcada de concentración máxima.
—Quiero… aportar… como padre.
Elías retrocedió instintivamente.
—¡NO—!
Demasiado tarde. La mezcla de panqueques comenzó a levitar. Y luego tomó forma de ¿ángel bebé de masa?
—Uh… ¿eso es normal? —preguntó Adrián.
Eryom dentro de él suspiró:
Padre está aprendiendo pero todavía necesita tutorial.
El panqueque volador gritó en latín, se estampó contra el techo y se quedó pegado. Sariel bajó la mirada con solemnidad.
—Intenté… amor.
Elías le puso una mano en el hombro.
—Y se notó. El amor casi incendiado. Pero se notó.
Ciudad bendecida por accidenteMientras desayunaban, lo imposible ocurrió: Del cielo cayó miel. Literalmente. Miel..En gotas gigantes y pegajosas. Los autos frenaron. La gente salió con frascos..Un vendedor puso un cartel que decía:
OFERTA: PALITOS PARA MIEL, 500 PESOS.
Adrián se cubrió la cara:
—Otra vez mis emociones están filtrándose.
Elías lo miró con esa mezcla de amor y burla.
—Sí. Pero al menos esta vez no fue nieve en verano. O lluvia de rosarios.
Sariel intervino:
—Esto es una bendición involuntaria.
Elías murmuró:
—Bueno, a ver Arcángel nivel principiante. Hay margen de mejora.
Conversación familiar — versión celestialMás tarde, sentados los tres en el sillón: Adrián dijo:
—Azazel no volverá.nNo mientras yo exista.
Sariel respiró, cerrando los ojos.
—Y tú existirás mientras yo respire.
Elías los observó… dejando que una sonrisa suave apareciera.
—Somos una familia. A nuestra manera… imperfecta… peligrosa… con daños a la propiedad privada… pero familia.
Sariel asintió.
—Sí. Pero Asmodeo no ha terminado.
Eryom intervino:
Lo sé. Porque yo escucho sus pensamientos. Él ya no quiere liberar Vigilantes.
Los tres lo miraron, tensos.
Ahora quiere destruir lo que ustedes crearon.
Elías se cruzó de brazos.
—¿Una familia? Óyeme, demonio: ni el infierno ni el cielo nos la van a quitar. ¿Está claro?
—Está claro —respondió Adrián—.Y si lo intenta tendrá que enfrentarse a mí.
Su sombra se proyectó en la pared: gigante, con alas aunque su cuerpo seguía sentado.
Lejos, en una torre abandonada Asmodeo golpeó el suelo con furia.
—Si un arcángel detiene a un Vigilante…
Astaroth lo interrumpió:
—Entonces debemos atacar lo que el arcángel no soportará perder.
Asmodeo sonrió.
—Exacto. No se puede destruir a Gabriel.pero podemos destruir a su corazón.
Y la escena final muestra: una foto robada
de Adrián y Elías. en el balcón riendo.
El viento se detiene. La amenaza respira. Y el infierno sonríe.