Lo primero fue el silencio. Uno tan abrupto tan antinatural que hasta las sombras dejaron de moverse. Luego, el aire se volvió frío. Sariel que estaba sentado leyendo un libro de crianza humana levantó la mirada.
—Algo viene —dijo.
Y llegó.
Asmodeo y Astaroth rasgaron la realidad como tela podrida. Una abertura negra se abrió en el medio de la sala.bElías gritó:
—¡SARIEL, ATRÁS!—
Pero fue tarde. Cadenas de oscuridad como serpientes afiladas surgieron del vacío, se enroscaron en su cuello y pecho, y lo arrastraron dentro. Sariel apenas logró decir una palabra antes de desaparecer:
—…hijos…
Y la grieta se cerró como si jamás hubiera existido. Adrián cayó de rodillas, como si le hubieran arrancado el corazón con las manos.
—No… no…
Eryom gritó dentro de él, desesperado:
¡Sariel! ¡No! ¡Padre!
La desesperación se volvió física. Se volvió peso. Se volvió tormenta. El cielo tembló. Las farolas reventaron como granadas. Las ventanas lloraron agua, como si lloraran por él. Y antes de que pudieran reaccionar, la segunda trampa se abrió.
La trampa demoníaca — extracciónUn círculo oscuro emergió debajo de Adrián, brillando como una boca hambrienta..Elías intentó alcanzarlo.
—¡NO LO TOQUES!—
Pero ya era tarde. La oscuridad tiró de algo y por primera vez desde que conoció el mundo Eryom gritó de dolor.
¡NO! ¡NO ME ARRANQUEN! ¡GABRIEL!
Una luz dorada salió del pecho de Adrián
como si le estuvieran robando el alma.
El Nefilim se separó del arcángel. Adrián gritó. Y su grito quebró cristales en diez cuadras. Asmodeo habló desde la nada:
Ahora uno carece de poder y el otro carece de futuro.
En un espacio desconocido Sariel estaba encadenado, inconsciente suspendido como un mártir celestial. Y frente a él Eryom, reducido a esencia, fue empujado dentro del cuerpo del ángel caído como si lo depositaran en un ataúd viviente. Astaroth susurró:
—Ahora… el hijo dolerá… desde dentro de su padre.
La prisión estaba completa.
El desastre — Gabriel sin anclaDe vuelta en la ciudad…
Adrián , o mejor dicho, Gabriel, se levantó con el cuerpo doblado en agonía.
Sus ojos ya no eran celestes. Eran dos estrellas rotas. Elías lo tomó por los hombros:
—¡Gabriel! ¡Escúchame! ¡Él sigue vivo! ¡Eryom también! ¡Tienes que.....!
Pero Gabriel no escuchaba. Su furia salió primero. Y el mundo cambió. El cielo se oscureció, pero no por nubes: por alas. Gigantescas. Inmensas. De sombra y luz al mismo tiempo. Su sombra creció, cubriendo edificios enteros. Las calles se quebraron. Todo dispositivo electrónico gritó mensajes:
📱 “Estoy triste”
📺 “Ayuda”
💡 “No lo dejes solo”
Las alarmas empezaron a sonar sin parar. Los árboles del parque se inclinaron
como si suplicaran. Elías, temblando, murmuró:
—Está devastado..El mundo siente su corazón roto.
Mientras todo colapsaba, se escuchó:
—¡¡MI PLANCHA ESTÁ ARRODILLADA Y PIDIENDO PERDÓN!! —gritó una vecina.
Otro vecino lloró:
—MI ASPIRADORA ME DIJO QUE “TODOS MORIREMOS” Y LUEGO SE APAGÓ.
Un anciano en pijama salió al balcón con un megáfono:
—¡ARCÁNGEL, POR FAVOR CALMATE! ¡TENGO ARTRITIS Y NO PUEDO EVACUAR RÁPIDO!
Elías —Uriel— extendió sus alas.
Luz blanca desplegada..Poder puro. Autoridad angelical.
—¡GABRIEL, DETENTE!—
Pero su fuego purificador chocó contra la furia de Gabriel y salió despedido contra una pared de puro dolor.
Gabriel no escuchaba nada.solo veía dos cosas: Sariel encadenado y su hijo arrancado de él. Y gritó.
Ese grito estalló antenas de televisión
rompió parabrisas y congeló el océano costero durante ocho segundos.
Elías se arrastró por el suelo cubierto de sangre y tomó la mano de Adrián.
—Mírame —susurró— Tú no estás solo..Él te necesita. YO te necesito.
Un parpadeo. Un hilo. Un puente. Gabriel, a través de su furia, escuchó su nombre. Adrián. Elías apoyó su frente contra la de él.
—No me dejes solo aquí..No luches sin mí.
Gabriel vuelve.
Silencio. Y de pronto Gabriel desapareció y quedó solo Adrián
desmayado entre los brazos de Elías.
En la prisión oscura Asmodeo sonrió.
—Está roto. Ahora vendrá solo.
Astaroth respondió:
—Y cuando llegue nos ofrecerá su alma.a cambio de los nuestros.
La cámara se aleja mostrando a Sariel colgado en cadenas de oscuridad y el cuerpo celestial respirando con dificultad mientras dentro Eryom solo piensa una cosa:
Hermano no vengas.