Los Hijos Del Olvido

Cuando el dolor no quiebra, sino despierta

Adrián no volvió a abrir los ojos. Fue Gabriel quien despertó..No despertó como humano. Despertó como arcángel. Su piel humana era apenas un velo sobre un sol enfermo..Su respiración, un temblor que hacía vibrar los cimientos de la ciudad. Elías lo vio incorporarse con los ojos llenos de una luz dolorosa la luz de quien ha amado demasiado y ha pagado por ello.

—Gabriel, detente, no puedes ir solo— imploró Elías.

Pero Gabriel no era súplica. Era decisión.

—Me lo arrebataron dos veces —dijo, su voz traspasando paredes— Nunca habrá una tercera.

Y desapareció, dejando tras de sí un temblor que agitó hasta las luces callejeras. Asmodeo y Astaroth sintieron la llegada antes de verla. Porque la luz duele cuando entra a un lugar que no la merece. Gabriel irrumpió como un incendio blanco, desgarrando la prisión dimensional..Las cadenas que sujetaban a Sariel se retorcieron como si sintieran miedo. Asmodeo gruñó:

—¡No puede entrar así! ¡Está roto!

Astaroth retrocedió:

—La luz rota corta más profundo.

Sariel estaba suspendido, inconsciente. Y dentro de él, prisionero, torturado. Eryom.

Gabriel acercó la mano. La prisión lo castigó primero..Llamas negras le mordieron las alas, chamuscando las puntas doradas. Cada pluma quemada emitió un sonido como gritos de pájaros muriendo. El dolor sería suficiente para matar a un hombre. Pero Gabriel no era hombre.

—No vuelvo sin él —dijo.

Eryom lo sintió desde la oscuridad, su esencia temblando.

¿Vienes otra vez? ¿Incluso así?

—Siempre —fue la respuesta silenciosa.

Gabriel hundió la mano en el pecho celestial de Sariel, no para dañarlo, sino para recuperar lo que era suyo.

Un torbellino dorado atravesó el cuerpo del ángel caído. Las cadenas gritaban al romperse. El infierno vibró. Eryom salió expulsado.como un corazón arrancado al universo. Y Gabriel lo absorbió de nuevo. Pero esta vez no para ocultarlo. Esta vez lo ancló.

El vínculo quedó grabado en su propia esencia..Un sello vivo. Sólo Miguel, Rafael, Uriel o el Padre podrían separarlos ahora. Y mientras el sello se formaba, las alas de Gabriel ardían más pero no cayeron. Porque el amor no destruye alas. Solo las deja cicatrizadas.

El regreso — caída desde el cielo

Gabriel atravesó la dimensión de vuelta
pero su cuerpo, humano, ya no resistía la magnitud del arcángel..Cayó desde diez metros de altura como una estrella rindiéndose al cansancio. Elías gritó y corrió.

—¡¡GABRIEL!!—

Y alcanzó a atraparlo abrazándolo contra su pecho como si contuviera al mundo entero.

Gabriel estaba inconsciente pero Eryom, dentro, lo sostuvo espiritualmente.como si lo acunara. Antes de que Elías perdiera la cordura dos figuras descendieron del cielo.como columnas de día. Miguel.y Rafael.

Miguel no dijo palabra..Solo observó a Gabriel con esa mezcla de orgullo y rabia que existe entre hermanos..Pero Rafael, el curador,.dio un paso adelante..Las alas chamuscadas se desplegaron en automático.como reflejo. Rafael tocó las puntas negras.y dijo:

—A ningún arcángel se le rompen las alas mientras yo exista.

Y el milagro sucedió. Las plumas una a una volvieron a crecer recién nacidas, doradas, inocentes luminosas.

Gabriel lloró incluso dormido pero las lágrimas no tocaron la piel de Adrián porque eran lágrimas de alma..Mientras Rafael curaba.la ciudad entera se volvió un teatro emocional.

📺 Televisores encendidos solos susurraban:
Lo perdió pero lo recuperó…

📱 Celulares enviaban mensajes automáticos a contactos al azar:
Abrázame.”

🚦 Semáforos cambiaron a blanco y dorado.

⛈️ El clima se volvió loco: lluvia cálida que sabía a miel, arcoíris nocturnos y nieve que caía en forma de plumas doradas Una señora gritó desde un balcón:

—¡NO SÉ QUIÉN SE SIENTE TRISTE, PERO MIS FOCOS SE ESTÁN CONFESANDO!

Un hombre respondió desde otra ventana:

—¡MIS TOSTADAS SALIERON CON CARITAS FELICES, AYUDA, ESTO ES MUY TIERNO!

Dentro del alma del arcángel

En la oscuridad donde Gabriel descansaba Eryom lo abrazaba como si fuera su única tierra.

Gracias. Gracias. Gracias. Dos veces me arrancaron..Dos veces viniste. Esa… es mi familia.

Gabriel, sin voz, respondió:

—Tú eres mi casa.

Elías acarició el cabello de Gabriel con miedo y amor y rabia mezclada.

—No vuelvas a hacerme esto —susurró— No me dejes aquí sin ti.

Miguel observó frío duro pero con algo en los ojos. Rafael sonrió apenas.

—El mundo aún no está salvado —dijo— Pero él sí.

Y mientras hablaban una sombra demoníaca
desde lejos susurró entre dimensiones:

Si salvaron al hijo, ahora torturaremos al padre.




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