Los Hijos Del Olvido

Una Casa Pequeña para Cuatro Arcángeles

Miguel y Rafael bajaron del cielo en la noche más tranquila que la ciudad había tenido en meses. Esa tranquilidad duró exactamente treinta y cuatro segundos.

Porque apenas sus pies tocaron el pavimento, luces de la calle explotaron como fuegos artificiales y los autos estacionados hicieron sonar sus alarmas como si celebraran la llegada de dos estrellas de rock celestiales. Gabriel se llevó una mano a la frente.

—Perfecto ahora tenemos público.

Elías (Uriel) sonrió con un gesto dulcemente orgulloso.

—Padre dijo que no intervinieran, no dijo que no bajaran para hacer ruido y observar ¿Cierto?

Miguel no sonreía. Miguel nunca sonreía.

—Es irrelevante. —dijo— Estamos aquí porque el equilibrio está roto.

Rafael, por su parte, estaba concentrado mirando un horno eléctrico en la vereda de un local en refacción.

—Ese aparato necesita ser sanado… —susurró.

Gabriel cerró los ojos y exhaló.

—No vas a sanar un electrodoméstico, Rafael.

—Tiene dolor.

—…es un horno.

Una convivencia imposible

El departamento, pequeño, modesto, alquilado con el sueldo mínimo de Adrián, ahora debía alojar a:

  • Adrián (más Gabriel que humano)
  • Elías (Uriel, con cuerpo de humano y cero paciencia ante la economía terrenal)
  • Miguel (serio, observador, dueño de silencios incómodos)
  • Rafael (curandero eterno preocupado por la calidad del agua del mundo)

…y en medio de ellos, una pequeña taza de té donde Eryom moraba simbólicamente cuando no hablaba desde el interior de Adrián.

La primera noche fue una comedia involuntaria.

La cama:

—Solo hay una matrimonial —informó Elías, mirando a los recién llegados.

Miguel elevó una ceja.

—No necesito dormir.

—Pero necesitas respetar que yo sí —respondió Adrián, encogiéndose del frío.
Rafael levantó la mano.

—Yo puedo dormir en el horno.

NO —gritaron los tres al mismo tiempo.

La ducha:

Rafael entró y salió con cara traumatizada.

—¿Por qué los mortales se bañan con agua que duele?

—Eso se llama presión —dijo Adrián.

—Pues tu ducha necesita sanación urgente. Está agonizando.

La ropa:

Miguel miró su abrigo celestial con preocupación y exclamó:

—Necesito ropa humana.

Gabriel lo miró de pies a cabeza.

—No, necesitas entender el concepto de rebaja.

Miguel y el clima emocional

A la mañana siguiente, Miguel salió al balcón a observar la ciudad. Se quedó quieto. Muy quieto. Pensando. El clima respondió.

🌧️ Nieve.
🌩️ Tormenta.
🌤️ Sol.
🌪️ Tornado pequeño en una avenida.

Los ciudadanos levantaron la vista:

—¡Otra vez el arcángel del balcón está sintiendo cosas raras! —gritó una señora desde abajo.

Elías entró corriendo a la cocina:

—¡Miguel, basta! ¡Tus emociones están provocando cuatro estaciones por minuto!

Miguel lo miró, serio.

—Estoy preocupado.

Instantáneamente, el cielo se volvió gris, dramático, poético..Gabriel sonrió con ternura melancólica.

—Te entiendo, hermano.

Rafael y la tecnología viva

Mientras tanto, Rafael decidió “ayudar” en casa. Sostuvo el microondas y este se encendió solo. La tostadora empezó a expulsar pan recién horneado sin haber pan dentro. Los celulares de todos se cargaron a 100% automáticamente..Y, sin permiso, la televisión mostró un anuncio luminoso:

Rafael dice: hidrátate y respira profundamente.

La vecina del cuarto B gritó:

—¡AMO A QUIEN SEA QUE ESTÉ SANÁNDOME EL TELÉFONO! ¡Mis selfies nunca tuvieron tanta luz!

Para el mundo, seguían siendo dos jóvenes comunes..Pero cada vez que se miraban la electricidad fallaba. Las luces parpadeaban con rubor..Las cafeteras preparaban chocolate caliente solas..Y la ciudad entera se acurrucaba con mantas sin saber por qué. En la cocina: Elías: preguntó a Adrián:

—¿Dormiste mejor hoy?

—Sí. Soñé que Sariel nos miraba desde la distancia. Sonreía.

Elías baja la mirada, suave:

—Es porque se siente menos solo gracias a ti Adrián.

La lámpara del techo estalló en chispas color rosa..Miguel desde el pasillo:

—¿Pueden dejar de enamorarse tan cerca de la infraestructura eléctrica? Es un desastre lo que provocan chicos.

En la tarde, Gabriel reunió a los cuatro.

—No iremos aún..No con mi cuerpo humano todavía cansado y no con ustedes sin adaptación terrestre.

Miguel asintió.

—Sabio. Una mente precipitada muere antes de elegir.

Rafael también:

—Y un cuerpo sin descanso no puede sanar a otros.

Elías tomó las manos de Adrián.

—Te salvarás a ti y luego salvaremos a Sariel juntos.

Las luces del departamento brillaron suaves.
Las sombras en las paredes parecían alas cubriendo al joven. Eryom habló, con voz baja desde dentro:

Esta vez no estamos solos.

Cuando la noche cayó, un ruido metálico sonó dentro del baño..Los cuatro se tensaron..La puerta tembló..El agua del grifo comenzó a caer negra..Y una voz salió de las cañerías:

Los ángeles seguirán cayendo. El primero fue Sariel. El siguiente será uno de ustedes.

El espejo se resquebrajó..Las luces se apagaron..Gabriel, con ojos dorados, murmuró:

—Viene




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.