En el departamento, la electricidad aún vibraba como si recordara la voz de la cañería infernal. Elías guardaba silencio mirando la ventana consciente de que el miedo podía morder el alma incluso más que los demonios. Adrián se acercó, todavía con la respiración temblorosa. Su voz fue baja. Real. Humana.
—Elías…..yo….no puedo seguir… callando.
Elías lo miró, lento, atento, casi temeroso. Adrián dejó que Gabriel y él se mezclaran en un mismo suspiro.
—Cuando estás cerca todo es menos oscuro. Cuando sonríes, recuerdo por qué vale la pena luchar. Y…..yo te amo.
El silencio se expandió. Elías parpadeó. Y la ciudad entera respondió.
📱 Todos los celulares del sector enviaron automáticamente el mismo mensaje:
“Él dijo TE AMO. No la arruines.”
🏢 Las luces de los edificios hicieron un efecto como fuegos artificiales.
🚗 Los autos estacionados tocaron bocina como si celebraran una boda.
🌬️ Una brisa cálida abrazó la zona, como si el cielo exhalara alivio.
Elías, con lágrimas brillando como reflejos de luna, sonrió.
—Yo también te amo, Adrián.
Y cuando se abrazaron las lámparas del apartamento formaron un corazón de luz. La computadora del vecino imprimió: “ship oficial aceptado” Y los microondas del edificio hicieron palomitas de maíz solos. Desde dentro, Eryom susurró:
Era hora.
Los dos arcángeles caminaron por las calles pero visualmente parecían dos jóvenes de 18 años buscando una cafetería. Miguel, serio, recto, eterno mármol emocional, dijo:
—No comprendo por qué debemos… caminar.
Rafael respondió con una sonrisa:
—Porque aquí caminar es vivir. Observas. Escuchas. Sanas.
Un niño pequeño se tropezó frente a ellos.
Rafael solo lo miró y sin siquiera tocarlo
el raspón de su rodilla se cerró al instante como si el tiempo retrocediera.
—¡Mamá! ¡Ese chico arregla piernas! —gritó el niño.
La madre, aterrada, corrió.
—¡NO ABRACES EXTRAÑOS! —y huyeron.
Pasaron frente a un kiosco. Miguel frunció el ceño.
—Los humanos gastan dinero en papeles con azúcar procesada. ¿Este es el destino de la creación?
Inmediatamente: Nubes negras se formaron sobre el kiosco. Llovió solo allí. Un relámpago cayó a centímetros del vendedor. El kiosquero gritó:
—¡SEÑOR SERIO, PIENSE COSAS FELICES O NOS MATA A TODOS!
Rafael puso una mano en el hombro de Miguel.
—Tu preocupación altera el clima. Respira.
Aprende. Confía.
Miguel respiró lento. El cielo se despejó. Un arcoíris apareció.bTres palomas se posaron ceremoniosamente sobre una farola. Y el kiosquero murmuró:
—…creo que me enamoré.
Pasaron luego por una tienda de celulares. Rafael vio un teléfono exhibido.
—Ese aparato está triste.
Miguel lo miró incrédulo.
—Es un objeto.
—Pero tiene memoria —respondió Rafael con solemnidad.
El teléfono encendió su pantalla y mostró:
GRACIAS POR VERME
Lentamente, todos los celulares de la tienda encendieron al mismo tiempo.bSus pantallas mostraron frases:
“¿Estaré haciendo lo correcto con mi vida?”
“Necesito sanar mi batería emocional.”
“¿Quién soy sin WiFi?”
El dueño de la tienda gritó:
—¡¡¡ALGUIEN LLAME A UN EXORCISTA DIGITAL!!!
Miguel suspiró, agotado.
—Rafael por favor, deja de sanar los teléfonos.
—Pero tienen alma…
—NO TIENEN.
Cuando Miguel y Rafael regresaron, encontraron a Elías y Adrián abrazados en el sofá. Elías, nervioso, se separó apenas los vio. Miguel habló sin filtro, como siempre:
—El estado emocional de ustedes dos está provocando anomalías leves en la atmósfera de la ciudad.
Gabriel ya plenamente consciente dentro de Adrián respondió:
—Lo sé. Y no voy a disculparme.
Rafael sonrió con ternura.
—El amor también es una forma de sanación.
Eryom habló desde dentro:
Si siguen así, el edificio flotará antes del amanecer.
Los cuatro, arcángeles y nefilim, compartieron una risa cansada pero real. Por un momento , solo un momento, la guerra no existió. Los infiernos callaron. El mundo respiró. Y el Padre, desde donde nadie puede verlo, susurró a las estrellas:
Prepárense la familia ha despertado.
Justo cuando la calma parecía eterna, un mensaje apareció, sin tecnología, sin luz, sin sonido físico. Grabado en fuego celestial en el aire mismo:
SARIEL. Último aviso..Su alma se apagará en siete días.
Elías apretó la mano de Adrián..Adrián sintió al arcángel dentro responder. Y Gabriel, en voz baja, juró:
—No perderé a mi padre ni esta vez ni nunca.