Los Hijos Del Olvido

Siete Días para Salvar al Padre

Día 1 — El plan o lo más parecido que consiguieron

El mensaje ardiente todavía flotaba en el aire cuando Gabriel marcó la mesa con los dedos, pensativo.

—Siete días. Eso significa que Asmodeo y Astaroth harán algo antes. No solo esperan que Sariel muera. Quieren quebrarnos antes.

Elías, sentado a su lado en pijama camiseta de algodón con dibujos de gatitos bebió té con cara de persona al borde de una crisis existencial.

—¿Qué hacemos?

Miguel se cruzó de brazos.

—Necesitamos una estrategia militar.

Rafael levantó una mano.

—Y mantas. Porque cuando Adrián está triste baja la temperatura y los humanos se resfrían.

Un vecino golpeó la pared al escuchar eso.

—¡¡¿PUEDEN ESTAR FELICES POR FAVOR? ESTAMOS CON CAMPERAS DENTRO DE CASA DESDE AYER!!

Gabriel murmuró:

—Lo intento, pero… padre… Sariel…

Elías apoyó suavemente su cabeza sobre su hombro. La temperatura del aire subió tres grados. El calefón dejó de llorar gotas congeladas. La ciudad suspiró.

Mientras tanto el Infierno prepara su jugada

Astaroth observó el cristal infernal de visión múltiple: Imágenes:
—Humanos sonriendo por amor
—Cafeterías regalando pasteles sin razón
—Autos tocando bocina con ritmo romántico

—Debilitante —gruñó.

Asmodeo afiló sus uñas negras.

—El amor fraternal es peor que cualquier arma divina.

El demonio menor Bal’Zar, pequeño, con cara de murciélago espantado, preguntó:

—¿Se–señor? ¿Qué haremos?

Astaroth sonrió.

—Convertir esa ciudad en una trampa. Un escenario diseñado para destruir lo que más aman o hacerlos fallar por exceso de esperanza.

Humor celestial bajo estrés

En el departamento los cuatro intentaron desayunar. Intentaron. Porque:

  • El microondas calentó la leche y también un sermón espiritual.
  • La tostadora expulsó una tostada con la frase Tienes que hablar de tus sentimientos, Miguel.
  • El refrigerador abrió solo la puerta para emitir una voz robótica:
    La ansiedad se cura conversando

Miguel golpeó la mesa.

—Dejen de forzarme a dialogar.

El cielo respondió con un trueno suave.
Un arcoíris pequeño apareció sobre su cabeza..Rafael lo miró con dulzura.

—Tu ser emocional está bloqueado.

—Mi ser emocional está perfectamente enterrado donde debe estar.

Elías susurró a Adrián:

—Necesita terapia.

Gabriel respondió:

—Con urgencia.

Las paredes crujieron intentando contener la vibración emocional..Un vecino gritó desde el pasillo:

—¡¡ESTOY EMPEZANDO A LLORAR Y NO SE POR QUÉ!! ¿¡QUIÉN DE USTEDES TIENE PROBLEMAS NO HABLADOS?!

Los cuatro bajaron la mirada al mismo tiempo.

Interludio — primer ataque demoníaco del día

La puerta del departamento se derritió. De ella emergió una figura oscura con cuernos líquidos, ojos vacíos, dientes como agujas..Adrián tragó saliva.

—Oh, genial. El mensajero matutino del infierno.

El demonio habló con voz distorsionada:

—Asmodeo envía saludos y una advertencia.

Se lanzó directo hacia Gabriel. Pero Elías lo interceptó, poniéndose delante con una sonrisa dulce pero ojos encendidos:

—¿De verdad crees que voy a dejar que toques al hombre que amo?

Gabriel lo miró, completamente sonrojado. La lámpara explotó en corazones luminosos. El demonio, confundido:

—¿Qué… qué es esto? ¿¡¡LUCES EN FORMA DE CORAZÓN!!??

Adrián respiró profundo. Sus ojos se volvieron celestes y dorados..Eryom habló dentro:

Déjame esta parte.

Gabriel, ahora fusionado con él, levantó una mano.

Con un chasquido el demonio se evaporó como ceniza..Una sombra quedó marcada en la pared como caricatura. Rafael murmuró:

—Le falta práctica pero admito que eso fue adorable.

Eryom tomó la palabra desde dentro:

“El Infierno quiere emociones.
Quiere fracturas.
Quiere que uno de ustedes caiga en desesperación.”

Miguel bajó la mirada. Gabriel lo observó.

—Ellos apuntarán a ti.

—¿Por qué?

—Porque eres el que ama más fuerte… y lo demuestra menos.

Rafael apoyó su mano en el hombro de Miguel.

—Si te rompen, Gabriel se romperá también.
Y yo lo sentiré.

Miguel asintió lentamente.

—Entonces no caeré.

Elías sonrió.

—Somos una familia. Pase lo que pase vamos juntos.

La mesa se iluminó con un halo suave. Como bendecida sin permiso.

La ciudad los observa

Deciden caminar para despejarse. En la calle, la gente susurra:

—Esos cuatro jóvenes ¿por qué cuando ellos pasan el viento cambia y las palomas se alinean?
—¡Y las luces del semáforo parpadean como si se pusieran nerviosas!

Un niño señala a Miguel:

—¡Él controla el clima con la cara!

Miguel frunce el ceño.

—No la controlo

Lluvia instantánea sobre él.

Rafael ríe.

—Hermano estás delatándote.

Un adolescente se acerca con su celular:

—¿Podrían hacer que deje de llover? Tengo un TikTok que grabar.

Miguel lo mira.

—Trabaja por tu éxito.

Sol radiante.

El chico corre agradecido. Gabriel y Adrián se miran y el poste de luz detrás de ellos dibuja dos alas de sombra proyectada. Las miradas se quedan fijas. Elías aprieta la mano de Adrián, como recordándole que aún están aquí. Cuando cae la noche una grieta aparece en el cielo sobre la ciudad Astaroth aparece solo con su voz eterna, arrogante:

—Siete días. Cada uno más cruel que el anterior. Cada duda de ustedes será un arma para mí.

Gabriel responde con voz doble, él y Eryom juntos:

Cada día también será una razón para luchar.

Rafael eleva su palma hacia el cielo. Miguel cruza su mirada con él. Y por primera vez la ciudad siente un escudo. No porque el Padre intervino. Sino porque ellos eligieron proteger. Esa noche Adrián se despierta jadeando. Escucha una voz. No del infierno. No del cielo.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.