Adrián despertó como si alguien hubiera tirado de su alma desde adentro. Su respiración era desigual..El peso del mensaje de Sariel aún lo atravesaba:
Hijo… no vengas.
Elías dormía abrazado a él, como si pudiera impedir que el mundo siguiera girando. Y por unos minutos Adrián deseó quedarse así. Pero siete días son una sentencia. Y el primer día había comenzado. Eryom habló desde el interior, con voz seria:
El infierno ya está actuando.
Y entonces la ciudad gritó.nLiteralmente. Voces humanas desde las calles, desde los edificios, desde los televisores estallaron en un mismo rugido:
¡AYÚDENNOS!
Primera ofensiva demoníaca — la ciudad como tablero de guerraDesde la ventana, Gabriel vio lo imposible: Sombras saliendo del pavimento como bocas. Autos devorados por oscuridad líquida. Farolas convertidas en dedos huesudos. Personas cayendo al suelo, gritando, sin saber qué los atacaba. Pero lo más terrible fue lo más pequeño: Una niña de ocho años llorando en la vereda, sola.
—¿Dónde está mi mamá?
No había sangre. No había cuerpos. Había vacío. Eryom susurró:
Astaroth se los está llevando. Pero no los mata. Los corrompe.
Gabriel apretó los puños. Su respiración encendió las luces del edificio todas a la vez como si la electricidad temiera ofenderlo.nElías se levantó a su lado, ya despierto, ya humano, ya arcángel.
—Entonces comenzamos hoy —dijo, con sonrisa tensa—
¿Listo?
Gabriel no respondió. Solo saltó por la ventana. No cayó.
No lo permitieron. Siluetas de alas surgieron detrás de él no físicas, sino sombra y luz y la ciudad se inclinó, como si el mundo aceptara que Gabriel era un eje. Elías saltó detrás, aterrizando junto a él. Sus pies tocaron el suelo humano pero el concreto hizo un sonido como campana celestial.
La avenida principal se había vuelto un campo de guerra.
Demonios sin piel hechos de niebla negra perseguían a los humanos restantes. Gabriel caminó lento hacia ellos..Su aura se encendió. Cada paso: el asfalto se reparaba las ventanas rotas se reconstruían, la gente respiraba como si despertara de un sueño oscuro. Pero cuando extendió su mano para liberar a un niño atrapado en sombras un grito lo atravesó. La voz de Sariel.
—¡NO TE EXPONGAS!
Gabriel tembló por un instante. Eso bastó para que un demonio se llenara de dientes y saltara a su rostro. Elías interfirió levantando una mano y el demonio explotó en ceniza dorada.
—No dudes —dijo con voz suave— No dudar es nuestro único escudo.
Gabriel tragó saliva. El amor te fortalece..La culpa te mata.
La tortura invisible — Astaroth y su vozMientras destruían a decenas de sombras una voz serpenteó dentro de sus mentes.
“¿Por qué salvarlos?”
“Los humanos no salvaron a Sariel.”
“Ellos nunca te amaron, Gabriel.”
“Tú lloraste solo.”
Las manos de Gabriel temblaron. Las luces de toda la avenida se apagaron a la vez. Elías lo tomó del rostro, obligando a que lo mirara.
—Escúchame. El dolor que sientes es real. Pero no pertenece al enemigo. Pertenece a tu historia. Y puedes reescribirla.
Gabriel cerró los ojos. El mundo respiró. Y siguió.
Miguel y el duelo silenciosoA varias calles de distancia, Miguel y Rafael caminaban. Así de simple. Pero nada es simple con arcángeles. Miguel observaba la ciudad mientras Rafael curaba silenciosamente al que podía.
—Ellos piensan que no los merecen —dijo Miguel— que el Padre condena, que amar es debilidad.
Rafael respondió:
—Y tú piensas lo mismo de ti.
Miguel no reaccionó. Pero el cielo sí. Nubes —tormenta — viento — hielo. Rafael lo miró con compasión.
—Hermano tú eres el más sensible de todos. Por eso escondes cada emoción. Porque eres el primero que sangraría si Europa entera grita de dolor en una noche.
Miguel dejó caer la mirada.
—¿Cómo puedo proteger si sentir me destruye?
—Sintiendo contigo —respondió Rafael.
Y el cielo se despejó. En un rayo de sol inesperado,
Miguel finalmente inhaló sin dolor.
Gabriel y Elías regresaron al punto donde todo comenzó: La niña. Seguía allí. Temblando. Sola. Gabriel se agachó.
—¿Dónde está tu madre?
La niña señaló hacia el vacío.
—Un monstruo la llevó al cielo negro.
Gabriel tragó saliva. No era una metáfora. Era una dimensión infernal. Elías tocó su hombro.
—Tenemos seis días.
Gabriel lo corrigió.
—Tenemos uno. Cada segundo que uno de ellos pasa allá pierde el alma.
Elías apretó su mano. Y la niña los miró con inocencia y certeza absoluta.
—Tú eres un ángel, ¿verdad?
Gabriel abrió la boca pero fue la ciudad quien respondió. Una paloma blanca cayó del cielo se posó en su hombro
y cantó..Elías sonrió.
—Creo que la respuesta es sí.
Antes de que pudieran moverse el cielo, el verdadero, se abrió..Miguel descendió..Rafael detrás. Miguel dijo una sola frase:
—El Padre habló.
Rafael añadió:
—El segundo día no será contra demonios..Será contra ustedes mismos.
Y la tierra tembló.