Adrián con las alas de Gabriel desplegadas detrás de su sombra se puso de pie.
—Hoy empezamos.
Elías (Uriel), sentado en la mesa con una taza… que hervía sola, asintió.
—Si tardamos más… Sariel perderá lo poco que queda.
Miguel cruzó sus brazos.
—Astaroth y Asmodeo esperan que vayamos. La pregunta correcta no es cuándo. Es cómo entramos sin destruirnos en el proceso.
Rafael, con expresión tranquila, respondió:
—No está en nuestra naturaleza entrar… sin destruir un poco.
El tostador hizo un sonido de aplauso.
— ¡Me encantan estos diálogos dramáticos! ¡DENME GUERRA!
Gabriel suspiró.
—¿Por qué un electrodoméstico tiene vida propia?
Eryom desde dentro respondió:
Hermano. Nosotros somos literalmente magia cosmológica. ¿Y te sorprende una tostadora parlante?
Miguel cerró los ojos. El mundo se volvió viento. El cielo se partió a la mitad como un telón.. Y donde debería haber nubes aparecía una boca gigantesca hecha de sombras..Una garganta sin fin..Que respiraba.
—El portal está abierto —dijo Miguel— Pero lo advertiré una sola vez: todo lo que sentimos se amplificará allá dentro.
Elías miró a Adrián con una sonrisa pequeña y temblorosa.
—Entonces no tengas miedo.
Gabriel respiró hondo.
—No puedo prometer eso. Pero prometo no detenerme.
Los cuatro unieron manos..La ciudad entera sintió ese gesto..Los postes de luz brillaron. Las ventanas temblaron. Y miles de humanos sin saber por qué hicieron una plegaria.
Que regresen.
Los arcángeles saltaron. El abismo los devoró. El cielo si es que eso era cielo parecía un océano negro que goteaba. El suelo era una piel tensa y pálida. El aire olía a culpa..Y la oscuridad no era solo ausencia de luz. Era una criatura. Eryom habló:
No permitan que la oscuridad toque su mente. Aquí los pensamientos se vuelven enemigos.
Rafael chasqueó los dedos. Un demonio pequeño del tamaño de un gato salió del suelo e intentó morderlo. El curandero lo miró fijo.
—No muerdo gratis. Si quieres comer mi pie, pide permiso.
El demonio retrocedió.
Miguel murmuró:
—Incluso la oscuridad tiene modales con él. Increíble.
El silencio se rompió..Como si alguien hubiera gritado dentro del tejido mismo del espacio..Miles ,literalmente miles, de demonios surgieron.
Alargados.
Retorcidos.
Sin ojos.
Pero con bocas.
Demasiadas.
Gabriel se adelantó..Sus alas aunque aún hechas de luz se desplegaron con un golpe. El viento se volvió una cuchilla.
—Ni uno tocará a mis hermanos.
Elías sonrió.
—Tienes una forma linda de decir tengo problemas con los límites y el apego emocional.
Gabriel lo miró de reojo..Sus mejillas se encendieron levemente..Demonios cargaron. Miguel levantó solo un dedo:
—Silencio.
Y todos los demonios quedaron congelados.
—Bueno —dijo— Esto no es divertido si mueren sin moverse.
Rafael puso una mano en su hombro.
—Recuerda, lo hacemos por amor..No por espectáculo.
Miguel bajó el dedo..Los demonios volvieron a gritar..Gabriel se lanzó.
Gabriel, pasando a través de demonios como un rayo, cada golpe de su mano purificando cuerpos en luz.
Elías, cada paso suyo creaba círculos de fuego purificador los demonios gritaban al tocarlos.
Miguel, caminaba. Solo caminaba. Y donde él pasaba los demonios se convertían en ceniza.
Rafael, iluminaba y los demonios más feroces se desarmaban en flores marchitas..Y cada vez que un demonio moría la dimensión temblaba con dolor..Asmodeo lo sintió. Astaroth lo escuchó..Una voz cruzó la piel del mundo:
—Hijo del cielo vienes tras lo que nunca podrás tener.
Asmodeo emergió desde un lago rojo como si fuera sangre líquida..Su forma:.un hombre bello, cruel, sonrisa afilada, mirada capaz de destruir autoestima. Astaroth apareció detrás, gigantesco, alas como petróleo.
—Sariel está vivo — dijo Asmodeo — por ahora.
Gabriel dio un paso adelante. Las luces de la dimensión las pocas que existían se inclinaron hacia él.
—Hoy no venimos a morir. Hoy venimos a terminar esto.
Elías añadió:
—Y si no te gusta te aguantas.
Rafael sonrió:
—O tómate un té. Eso ayuda.
Miguel simplemente dijo:
—Estorban.
Los príncipes demoníacos rieron sonido como metal oxidado.
—Prueben entonces si pueden ganar.
De repente muy fuera de lugar un demonio pequeño corrió con un cartel escrito a mano:
Huelga infernal. No peleamos sin beneficios.
Elías lo observó.
—¿Y qué beneficios piden?
El demonio respondió, serio:
—Vacaciones. Un día libre. Y menos dramatismo en sus discursos.
Gabriel parpadeó.
—¿Estamos negociando?
Miguel lo pisó con la bota.
—No se negocia con absurdos.
El suelo se abrió. Y Sariel encadenado, sangrando luz, casi inconsciente fue visible durante un solo segundo. Gabriel gritó:
—¡Padre!
Pero una pared de oscuridad se cerró y lo tragó. Asmodeo sonrió.
—Si quieres recuperarlo tendrás que entrar más profundo.
Astaroth señaló el vacío.
—Siete niveles. Cada uno peor que el anterior.
Adrián con Gabriel en él tembló..Elías tomó su mano.
—Vamos juntos.
Gabriel miró la oscuridad. Y saltó. Los demás lo siguieron. A mitad de caída, una voz la de Sariel llegó como un susurro:
No vengan. No quiero perderlos también.
Gabriel lloró. Pero no se detuvo.