No hubo suelo. No hubo aire. Solo caer. Como si el infierno quisiera asegurarse de que, antes de tocar fondo, sus mentes se rompieran. Adrián, o Gabriel, no sabía ya cuál identidad respiraba.
Elías gritó su nombre, pero la voz se perdió en la negrura, tragada por un silencio vivo. Y entonces golpearon. El suelo se materializó bajo ellos como un animal que espera una presa. El lugar era inmenso..Un desierto negro. El cielo cubierto por espejos suspendidos en el vacío. Cada espejo mostraba un rostro:
Cada vez que uno levantaba la cabeza… su peor recuerdo los miraba desde arriba. Rafael fue el primero en susurrar:
—Este reino… no está hecho para matar. Está hecho para destruir convicción.
Miguel habló como quien recuerda un trauma enterrado:
—Fue creado para quebrar ángeles.
La arena bajo sus pies se volvió un mar oscuro. Y desde ella emergió la voz.
—No se necesita espada para vencerlos. Solo basta recordarles quiénes fueron.
Los espejos comenzaron a vibrar. Se arrancaron a sí mismos del cielo. Y cayeron. Miles. Cada uno rompiéndose en pedazos frente a ellos. Y de cada cristal surgió una criatura: su miedo hecho carne. Gabriel Su miedo tomó forma: Un ser idéntico a él pero con alas negras.y ojos sin vida.
—Salvarlos y luego perderlos —susurró el doble— eso será tu historia siempre.
Las uñas de Gabriel sangraron contra su palma.
—No.
El miedo sonrió.
—¿No? ¿Y cuántas veces has visto morir al mundo? ¿Cuántas veces traicionaste con tu silencio?
El doble se lanzó..Gabriel retrocedió, paralizado. Eryom gritó desde su interior:
¡RESISTE!
Gabriel se dejó golpear. Pero no se quebró. Se incorporó, tembloroso.
—Tal vez he fallado. Tal vez nunca fui suficiente. Pero ahora.....
Sus alas estallaron en luz.
—No estoy solo.
Elías (Uriel)
Su miedo tomó otra forma: No era un monstruo. Era su padre celestial, mirándolo sin orgullo.
—Nunca fuiste Gabriel. Nunca fuiste Miguel. Eres el sobrante.
Elías cayó de rodillas.
—Lo sé.
Sus lágrimas ardían. Sus manos temblaron, incapaces de conjurar fuego.
Rafael gritó:
—¡Uriel! ¡Respira!
Pero el miedo de Elías lo pisó con crueldad.
—¿Crees que el amor de Gabriel te hizo digno?.El amor solo sirve para destruirlos a ambos.
Los ojos de Elías se apagaron. Hasta que Adrián gritó su nombre.
—¡Elías! ¡No te atrevas a desaparecer!
Elías respiró. Tembló. Y su fuego volvió. Lento. Débil. Pero real.
Miguel
Su miedo tenía la forma de miles de humanos suplicando:
—¿Por qué no viniste?
—¿Por qué no nos salvaste?
—¿Dónde estabas?
Miguel cerró los ojos.
—Porque yo no podía.
Y Rafael tomó su mano.
—No tienes que hacerlo solo.
Rafael
Su miedo tomó forma de cuerpos podridos que lo rodearon.
—Curaste carne. Pero nunca fuiste suficiente para curar almas.
Rafael se abrazó a sí mismo. Y dijo:
—Quizás nunca fui suficiente..Pero ahora no es mi alma sola.
Y su luz brotó como agua viva. Los miedos eran solo la entrada..Las sombras se apartaron. Y Astaroth surgió. Gigante. Rostro como calavera coronada..Ojos como agujeros al vacío.
—Este es solo el primer nivel —dijo— Si lloran ahora nunca llegarán a Sariel.
Gabriel levantó la cabeza. Su respiración era temblor..Su determinación hierro ardiente.
—No somos los mismos que mataste antes.
Astaroth inclinó la cabeza.
—¿Y quién eres ahora, ángel roto?
Gabriel sonrió. Una sonrisa que ardió.
—El hijo que viene por su padre.
Y corrió. Elías detrás. Miguel y Rafael al flanco. Y el primer choque sacudió la dimensión..Espadas de luz. Fuego celestial. Ríos de oscuridad volviéndose cuchillas. El sonido de creación y muerte en un mismo golpe..Gabriel gritó, al atacar:
—¡SARIEL! ¡RESISTE! ¡VAMOS!
Astaroth respondió:
—Él ya no escucha.
El mundo entero se volvió rojo. Y el capítulo terminó con la visión:.Sariel.encadenado su cuerpo consumido por oscuridad.su voz débil en la mente de Gabriel:
—Hijo no llegues tarde.