—¿Gabriel? —preguntó con un tono inseguro.
Gabriel sintió un tirón interior..Como si alguien, algo estuviera tratando de arrancar su nombre de su alma. Y entonces entendió: este nivel no busca matar..Busca borrar. No había color..Solo tonos de gris..Sombras sin dueño. Y estructuras hechas de recuerdos rotos. Puertas que daban a nada..Espejos que reflejaban solo vacío. Grabaciones de voces humanas pero sin rostro, sin dueño.
Adrián dio un paso. Cada vez que lo hacía, imágenes borrosas flotaban a su alrededor. Un niño rubio llorando frente a una puerta. Un cielo sin ángeles. Manos de demonio arrancando alas de un cuerpo caído..Un arcángel sosteniendo un Nefilim y pidiendo clemencia al Padre. Pero cada imagen, antes de poder comprenderla,
se disolvía. Como agua entre los dedos..Elías intentó hablar:
—Yo soy… yo soy…
Y se quedó en blanco. Su corazón se aceleró.
—No recuerdo… ¿quién era antes de…? —apretó sus sienes— de ser Elías.
Miguel y Rafael se acercaron lentamente. Y ellos también titubearon.
—Yo… era… — Miguel cerró los ojos con fuerza—
guerra, juramento, espada…
pero… ¿para quién?
Rafael tocó su pecho.
—Yo… curaba… pero… no sé… por qué.
Una voz femenina surgió, suave como caricia, cruel como sentencia:
—Los ángeles existen porque recuerdan. Sus nombres = su ser. Su misión = su existencia.
Sin identidad, no son. Sin memoria son polvo. La voz tomó forma. Una figura de mujer, gris, sin ojos ni boca. Un vacío humanoide.
—Díganme quiénes son —ordenó— y se salvarán.
Gabriel sintió algo dentro de sí forcejear una fuerza sagrada intentando responder. Pero la dimensión tiraba al mismo tiempo:
No eres nada. No mereces ser recordado. No exististe.
Y por un instante......
Gabriel vio su propia historia desmoronarse. Como si no hubiese habido cielo. Ni caída..Ni Nefilim. Ni hermanos. Ni amor. Ni Adrián..Solo vacío. Gabriel cayó de rodillas, respiración quebrada. Elías aún confuso, aún inseguro lo vio. Algo dentro de él algo humano, algo arcángel fue más fuerte que el olvido. Se arrodilló frente a él, tomó su rostro con ambas manos.
—No necesitas recordar para saber quién eres —susurró.
Gabriel lo miró con los ojos vidriosos.
—¿Y quién soy?
Elías sonrió.
—Eres el que me salvó..El que lloró cuando creyó perderme. El que sostuvo el alma de un niño llamado Adrián cuando el cielo quiso romperlo. El que me dio una familia sin tener obligación alguna. Eres Gabriel porque eres amor.
El suelo tembló. El color volvió a la mirada de Gabriel..El olvido retrocedió. Mientras tanto Miguel y Rafael seguían perdiéndose. Las sombras susurraban:
“No eres necesario.
El Padre te reemplaza.
Tu misión no importa.”
Eryom desde el interior del alma de Gabriel alzando su voz con fuerza incomparable:
“¡¡YO LOS RECUERDO!!”
Y el grito creó luz. Recuerdos como relámpagos se proyectaron: Miguel enfrentando a Lucifer con lágrimas al hacerlo. Rafael sosteniendo un ala rota de un ángel caído que jamás lo agradeció..Ambos sintieron dolor., sangre, amor, propósito. Y su identidad volvió a afianzarse. Miguel recobró el aire y susurró:
—Soy la espada del Padre.
Rafael se incorporó, temblando:
—Soy la mano que cura aunque nadie lo vea.
Las sombras chillaron.y se disolvieron como ceniza mojada..Al fondo en medio de la dimensión una puerta. Hecha de nombres. Nombres grabados a fuego:
SARIEL
ERYOM
ADRIAN
URIEL
MIGUEL
GABRIEL
RAFAEL
Y una línea separada, al final:
El que será olvidado.
Gabriel tragó saliva.
—Este lugar quiere anunciar algo.
Elías apretó su mano.
—No será ninguno de ustedes. Porque aunque el cielo olvide yo no.
La puerta se abrió. Del otro lado un viento caliente. Un olor a hierro. Un eco de gritos. Miguel habló:
—Entrar aquí significa aceptar que duele.
Gabriel exhaló.
—Entonces entremos antes de pensar demasiado.
Elías sonrió.
—Como siempre.
Los cuatro cruzaron la puerta. El cambio fue inmediato. Ya no había vacío. Ya no había olvido. Solo dolor Físico. Psicológico. Inevitable..Dentro, voces gritaban sin garganta..Cadenas arrastraban almas que no tenían cuerpo..Y el aire ardía..Elías tomó la mano de Gabriel antes de que la puerta se cerrara.
—No importa lo que venga —dijo—.si duele, lo atravesamos juntos.
La puerta se cerró detrás de ellos y la dimensión del Dolor abrió sus ojos.