Los Hijos Del Olvido

Dolor que se ríe de sí mismo

No hubo transición. No hubo aviso. La dimensión del Dolor simplemente los tragó.

El primer impacto fue físico. Gabriel cayó al suelo sintiendo agujas invisibles perforar cada músculo. No era una ilusión era una transmutación: el dolor del mundo condensado en sensaciones reales. Elías gimió intentando incorporarse, pero apenas lo hizo un venazo de luz roja le atravesó la espalda, haciéndolo caer de boca literal.

—Okay —escupió tierra— esto…... esto no estaba en la guía turística.

Miguel apretó los dientes.

—Este es el reino donde los demonios se fortalecen —dijo con voz ronca— aquí la angustia es alimento.

Rafael estaba intentando respirar..Con cada inhalación, su pecho ardía como si estuviera tragando fuego.

—¿A quién… se le ocurrió venir aquí sin aspirinas? —se quejó entre jadeos.

Gabriel solo murmuró:

—A mí.

Elías suspiró.

—Por supuesto.

La dimensión tenía una ley propia: el dolor aumenta con lo que amas..Gabriel era el que más tenía para perder. Por eso, fue el primero en ser castigado. Una visión estalló frente a él como si sus ojos se volvieran pantalla: Adrián niño, solo en una casa vacía. Elías desplomado, sangrando en un campo sin nombre..Sariel encadenado en una oscuridad eterna. Una voz demoníaca murmuró directamente en su corazón:

—Salvarlos siempre fue inútil. Los perderás. Los perderás a todos.

La garganta de Gabriel ardió..Sintió deseos de gritar. Pero no lo hizo. Solo apretó los puños y dejó que la lágrima que quería nacer retrocediera y se hiciera acero. Elías lo vio temblar y, aun sufriendo, arrastró su propio cuerpo hasta él.

—Hey —jadeó— si te vas a quebrar avísame, porque yo me niego a llorar solo, ¿sí?

Gabriel soltó una carcajada rota, pero fue suficiente para evitar que el dolor lo devorara del todo. Rafael, temblando y con los ojos llorosos, atisbó las sombras que los rodeaban.

—Ok… ok….soy el arcángel de la cura dijo, y su voz tembló como un gatito mojado pero ¿quién me cura a mí?

Una criatura amorfa como un cuerpo hecho de manos y dientes se lanzó sobre él. Miguel reaccionó primero, atravesándola con una espada de luz..La criatura explotó en una nube negra. Rafael lo miró, temblando.

—Gracias hermano.

Miguel no respondió con palabras. Solo puso una mano torpe en su hombro gélida.y murmuró:

—No quiero perderte tampoco.

Rafael lloró dos segundos….y en el tercero dijo:

—Si vamos a morir acá, quiero que sepan algo.

Todos lo miraron, expectantes.

—No pienso compartir cama con ninguno —gruñó.

Elías soltó una risa, aunque le dolió hasta el alma:

—¿Quién te quiere en su cama? Primero báñate, santo sucio.

Gabriel tosió intentando reír y respirar al mismo tiempo
mientras la dimensión intensificaba el tormento al sentir alegría. De pronto, sus propias voces pero distorsionadas empezaron a oírse en el aire. Como altavoces invisibles:

Gabriel los perderá.”
“Uriel caerá primero.”
“El Nefilim te abandonará al final.”
“El Padre no vendrá.”

Elías cerró los ojos con fuerza.

—No les crean son básicamente trolls del inframundo —dijo con respiración entrecortada.

Rafael, llorando, añadió:

—Trolls ¿con Wi-Fi? ¿Cómo transmiten nuestras inseguridades así de rápido?

Miguel, serio como un monolito, dijo:

—Son demonios. No necesitan Wi-Fi.

Elías lo miró con lentitud.

—Miguel ¿te das cuenta que acabas de hacer tu primer chiste?

Miguel parpadeó. El silencio fue absoluto.

—Eso no fue un chiste —replicó.

Rafael tomó aire y gritó:

—¡¡¡EL FIN ESTÁ CERCA, MIGUEL APRENDIÓ HUMOR!!!

De repente, todo quedó inmóvil. La dimensión suspiró como algo vivo, inquietante. Y frente a ellos…

Apareció una puerta. Hecha de luz y de sangre. Grabada con una sola frase:

Nadie sale de aquí sin perder.

Elías tragó saliva.

—¿Perder qué?

Gabriel respondió primero.

—Algo que aman.

Rafael tragó saliva de manera audible.

—¿Puedo entregar… mi contrato con la vida? —intentó bromear.

Pero nadie rió. Miguel dio un paso adelante.

—Gabriel si cruzamos esa puerta, lo que ocurra podría… romperte.

Gabriel cerró los ojos.

—Ya estoy roto —susurró— pero aún sigo en pie.

El silencio fue una reverencia..Antes de que pudieran acercarse,.una pared de humo se abrió como una cortina y mostró algo que ninguno esperaba ver:

Sariel.

Encadenado. Inconsciente. Sangre oscura brotando de su pecho como tinta. Y junto a él Eryom. No dentro de Gabriel. Sino suspendido, como un corazón arrancado, atado por cadenas negras latiendo débilmente. Gabriel sintió un rugido nacer desde lo profundo de su alma.

—No —susurró Elías, poniendo una mano temblorosa en su brazo— si te dejas sentir todo ese dolor esta dimensión te romperá.

Gabriel respondió con voz baja, casi inhumana:

—Entonces que lo intente.

La puerta se abrió sola. Y de su interior surgió
una figura ni demonio ni ángel ni humano. Un guardián hecho de puro sufrimiento acumulado. Su voz si es que podía llamarse voz dijo:

—Para liberar uno debe quedarse.

Elías y Rafael dieron un paso atrás. Miguel apretó su espada. Gabriel dio un paso adelante. Sin mirar a ninguno de ellos. Como aceptando ya su destino. Elías gritó:

—¡¡No te atrevas a elegir morir sin avisarme antes!!

Gabriel respondió sin volver la vista:

—No voy a morir.

—¿Entonces qué vas a hacer?

Gabriel sonrió.

—Voy a reír en la cara del dolor.

Y cruzó la puerta.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.