Los Hijos Del Olvido

Cuando la Madre llamó por su nombre

El primer paso de la Madre

La ciudad no explotó. No hubo fuego del cielo ni grietas en el suelo. Eso fue lo más aterrador. La Madre caminó por la avenida principal como si fuera una tarde cualquiera.
Vestía de negro, pero no un negro común: era un vacío que devoraba la luz a su alrededor.

Los focos de la calle parpadeaban al verla pasar. Los semáforos se quedaban congelados en rojo. Los celulares perdían señal excepto uno de cada diez, que grababa sin permiso. Los humanos no huían. Sonreían.

—¿No es hermosa? —susurró una mujer, dejando caer su bolso.
—Me recuerda a mi madre—dijo un hombre, con lágrimas tranquilas.

La Madre alzó el rostro..Y habló No con voz alta. Con pensamiento compartido.

—Hijos estoy en casa.

En distintos puntos del mundo, personas se detuvieron.nAlgunas cayeron de rodillas. Otras abrazaron a desconocidos. Algunas se arrojaron al vacío convencidas de que podían volar.

Los cuatro se mueven

Gabriel sintió el golpe primero. No en el cuerpo. En el pecho. Eryom gritó dentro de él con un terror primitivo, infantil:

“¡ES ELLA!”

Elías (Uriel) apretó los dientes.

—Está tocando las emociones humana como cuerdas.

Rafael ya estaba avanzando, extendiendo sus manos. Una ola de luz verde recorrió las calles, estabilizando corazones, frenando impulsos suicidas, devolviendo conciencia. Miguel desplegó sus alas de inmediato.

—No se acerquen solos —ordenó— Ella no ataca con fuerza. Ataca con amor distorsionado.

Sariel observaba en silencio. Cuando habló, su voz pesó siglos.

—Ese siempre fue su don. No creaba monstruos creaba dependencia.

Defender sin destruir

La Madre alzó una mano. Edificios enteros comenzaron a inclinarse, no por gravedad, sino por obediencia. Las estructuras parecían querer arrodillarse ante ella. Miguel se elevó, espada en mano.

—¡ALTO!

Su voz retumbó como trueno. El cielo se cubrió de nubes. La Madre lo miró y sonrió con dulzura genuina.

—Oh, espada del Padre ñ, sigues siendo tan rígido.

Miguel atacó. No con odio. Con precisión. La onda de choque habría destruido la ciudad
si Rafael no hubiera extendido sus alas en ese mismo segundo, creando una cúpula de sanación que amortiguó el impacto.

—¡Miguel! —gritó— ¡No aquí!

Gabriel y Elías descendieron juntos. El fuego purificador de Uriel y la luz protectora de Gabriel se entrelazaron, evacuando personas, cerrando grietas mentales, empujando la influencia oscura fuera de los cuerpos humanos. Era una danza imposible:
defender sin matar, contener sin castigar.

La Madre nombra a su hijo

La Madre dejó de caminar. Sus ojos negros como vientres de noche se clavaron en Gabriel..Y por primera vez, habló solo para uno.

—Eryom.

El nombre atravesó a Gabriel como un rayo. Eryom se encogió dentro, temblando, refugiándose en la misma escencia del arcángel.

No quiero… no quiero ir…”

La Madre abrió los brazos.

—Ven, hijo. El cielo te rechazó. El infierno te usó. Pero yo….yo siempre te quise.

Gabriel gritó:

—¡NO LO TOQUES!

La Madre inclinó la cabeza, con una ternura devastadora.

—No necesito tocarlo. Él siente.

Eryom sollozaba.

Gabriel… me duele…

Elías se colocó frente a Adrián, instintivo.

—No lo tendrás.

La Madre lo miró por primera vez.

—Tú no eres de mi sangre.

Elías respondió, fuego en la voz:

—No. Pero soy su familia.

Y por un segundo, algo cambió en el rostro de la Madre. Algo parecido a sorpresa.

Choque de voluntades

La Madre avanzó un paso. No hubo explosión. Pero todos los humanos en un radio de kilómetros cayeron de rodillas, abrumados por una emoción única:

nostalgia.

Rafael jadeó.

—Está llamando al recuerdo del vientre.a la idea de ser protegido sin responsabilidad…

Sariel dio un paso al frente.

—Basta.

La Madre se giró lentamente.

—Tú —susurró— el que me traicionó.

Sariel no retrocedió.

—Yo no te traicioné. Elegí a mi hijo.

La Madre lo observó largo rato.

—Y ahora él elegirá entre tú y yo.

La presión aumentó. Gabriel cayó de rodillas, sujetándose el pecho..Eryom gritaba dentro, desgarrado entre el llamado y el amor que había encontrado. Elías lo sostuvo.

—Mírame —le susurró a Adrián— No estás solo. Nunca lo estuviste.

Gabriel cerró los ojos. Y habló hacia dentro.

—Eryom elige.

Eryom levantó su voz. No como Nefilim. No como hijo perdido. Sino como alguien que había sido amado.

Madre ,yo ya tengo un hogar.

La Madre retrocedió un paso. El mundo tembló. Y su voz, por primera vez, se quebró:

—Entonces arderán todos.

El cielo se partió en dos. Y desde la grieta, legiones comenzaron a descender. La guerra real acababa de comenzar.




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