Los Hijos Del Olvido

EPÍLOGO

Aprender a vivir

La voz del Padre no cayó del cielo. Se posó. Como una brisa tibia que no ordena, que acompaña.

—Sariel —dijo con una calma que no admitía discusión ni castigo— Vigilante que conoció el error, la culpa… y el amor.

Sariel no se atrevió a levantar la cabeza. Sus alas, aún visibles, temblaban.

—Has pagado más de lo que se te pidió —continuó la voz— Y has amado más de lo que creíste posible.

La luz descendió despacio, envolviéndolo. No fue violenta. No fue cegadora. Fue hogareña. Las alas se replegaron. La esencia inmortal se acomodó en límites nuevos. Pulmones se llenaron de aire por primera vez. Un corazón, torpe, humano, latió. Sariel inhaló y tosió.

—Esto —dijo con voz ronca— Esto es respirar.

—Sí —respondió el Padre— Ahora te cansarás. Tendrás hambre. Te dolerá la espalda si dormís mal.

Un silencio.

—¿Y sabes qué más?

Sariel levantó la vista, confundido.

—Vivirás.

Sariel lloró. Sin dignidad. Sin culpa. Lloró como quien suelta siglos de cadenas de una sola vez.

—Eryom —dijo la voz después—, hijo nacido del error y de la esperanza.

La esencia del Nefilim vibró.

—No volverás a ser refugio, prisión ni arma.

La luz lo rodeó, lo comprimió con delicadeza, y lo dejó caer. Eryom abrió los ojos y cayó de rodillas.

—¡AU! —se quejó— ¿Siempre duele así el suelo?

Uriel se llevó una mano a la boca para no reírse. Eryom miró sus manos. Las tocó. Se tocó la cara. Se pellizcó.

—¡AY!
—¡DUELE!
—¡PAPÁ, DUELE!

Sariel lo abrazó de inmediato, torpe, humano, desesperado.

—Eso significa que estás acá —le dijo— De verdad acá.

Eryom rió entre lágrimas.

—Me gusta estar acá.

Gabriel sintió algo aflojarse en su pecho. Algo antiguo. Algo que nunca supo que estaba roto. l Padre habló una última vez.

—Gabriel. Uriel. Pueden quedarse.

Adrián abrió los ojos, incrédulo.

—¿Como humanos?

—Como eligieron ser —respondió la voz— El cielo no se pierde por amar la tierra.

Elías tomó la mano de Adrián sin pensarlo. Las luces del lugar parpadearon y luego se estabilizaron, como si el mundo aprobara el gesto.

—Miguel. Rafael —continuó el Padre— Regresen hijos míos.

Miguel inclinó la cabeza, solemne. Rafael sonrió con tristeza dulce.

—Cuídenlos —les dijo Rafael a Gabriel y Uriel— Y cuídense.

El cielo se abrió sin estruendo. Ambos ascendieron, dejando atrás una calma que no pesaba.

Dos departamentos, una familia

Mudarse fue una experiencia. Sariel observaba el ascensor como si fuera una criatura peligrosa.

—¿Está vivo? —preguntó.

—Solo cuando se traba —respondió Elías—
Ahí sí muerde.

Eryom apretó todos los botones a la vez.

—¡Mirá! ¡Hace música!

—¡NO! —gritaron todos al unísono.

El ascensor bajó, subió, volvió a bajar y se detuvo.

—Bienvenido a la vida humana —dijo Adrián, resignado.

Finalmente, Sariel y Eryom se instalaron en el departamento de al lado.

—¿Por qué tan cerca? —preguntó Eryom.

Sariel miró a Adrián y a Elías.

—Porque aprender a vivir… se hace acompañado.

La primera cena

Sariel insistió en cocinar.

—He observado a los humanos durante siglos —aseguró— No puede ser tan difícil.

Quemó el arroz. Hirvió de más la pasta. Usó azúcar en lugar de sal.

—Esto sabe interesante —dijo Eryom, masticando con valentía.

Uriel bebió agua de golpe.

—Interesante es una palabra generosa.

Adrián miró a Sariel, que esperaba juicio con nerviosismo.

—Está… hecha con amor —dijo— Eso cuenta.

Las luces del comedor se encendieron un poco más, como si sonrieran.

Noche tranquila

Esa noche, la ciudad durmió. Sin alarmas. Sin gritos. Sin sombras. En dos departamentos contiguos, cinco personas aprendían cosas pequeñas:

  • Que el piso frío despierta.
  • Que el café ayuda, pero no hace milagros.
  • Que reír duele en el estómago cuando no estás acostumbrado.

Sariel se quedó en la puerta del balcón, mirando la ciudad.

—Durante siglos —dijo— creí que proteger significaba vigilar desde lejos.

Eryom se apoyó en su brazo.

—Ahora protegés quedándote.

Sariel sonrió. Adrián y Elías se miraron desde el sillón. No dijeron nada. No hacía falta..Las luces del edificio parpadearon una última vez y quedaron estables. Como si el mundo, por fin, hubiera encontrado su ritmo.

FIN 💫




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