Los Hijos Que Le Crie A Mi Esposo

Capítulo 1

POV VALERIA.

El celular vibró sobre el escritorio antes de que alcanzara a sacar las carpetas del bolso, y en cuanto vi la foto de mi esposo en la pantalla, solté todo y contesté.

—Dime que dormiste algo —le pedí, apretando el teléfono contra la oreja.

—Dormí. —La voz le salió arrastrada, ronca, la voz de un hombre que lleva cinco días durmiendo mal.

—Diego.

—Dormí, Vale. Dos horas en el sillón.

—En el sillón de dos plazas de tu mamá —le dije, dejándome caer en la silla—. Tú mides uno ochenta y cinco. Vas a volver de Monterrey con la columna en forma de signo de interrogación.

Lo escuché reírse bajito, y hasta ese momento no me di cuenta de que llevaba toda la mañana esperando esa risa.

—Ay, mi amor, qué romántica amaneciste.

—Soy romántica a las seis. A las nueve ya soy administrativa. —Bajé la voz, porque Adrián tenía la puerta del despacho abierta y no me hacía ninguna gracia que me oyera hablar como esposa en horario de oficina—. ¿Cómo amaneció mi suegra favorita?

—No empieces, Valeria.

—Perdón, pero sabes que tu mamá me odia ¿Cómo amaneció?

—Mejor. —Pero lo dijo no muy convencido—. Anoche se comió media sopa. Media, Vale. Y hoy temprano me pidió el periódico. Cuatro días llevaba sin pedir nada.

Cerré los ojos un segundo. Se me aflojó un nudo que llevaba toda la semana en el pecho y que yo ni sabía que estaba ahí.

—Entonces ya está buscando en los obituarios a quién le ganó esta vez —dije, y me mordí el labio esperando el regaño.

Diego soltó una carcajada tan fuerte que alguien lo mandó callar al fondo.

—No seas mala, mujer.

—Dile que le mando un beso y que cuando se levante le hago los tamales que le gustan.

—Te va a decir que no.

—Que diga lo que quiera. Igual me los como yo. —Cambié el lápiz de mano y me acomodé la agenda enfrente—. A ver, ¿qué necesitas? Porque tú no te ríes a las nueve de la mañana si no necesitas algo.

—Doce años de matrimonio y todavía te sorprende —me dijo, con esa sonrisa que se le oye, aunque no se le vea.

—Doce años de matrimonio y tú todavía lo intentas. Habla.

—Dejé el informe trimestral del restaurante en la computadora del estudio y se lo tengo que mandar a Aldo antes de las cinco o nos cae una multa enorme. ¿Puedes pasar por la casa al mediodía?

—Puedo salir a las once y media, pero tengo junta a las dos —le advertí, buscando de dónde robarle minutos al día.

—Te toma cinco minutos, te lo juro. Entras, lo mandas, te vas. La clave de la computadora es la de siempre.

Me quedé con el lápiz apoyado en la hoja.

—Diego, yo nunca he sabido la clave de tu computadora.

Del otro lado se hizo un silencio. Dos segundos, nada más.

—Cierto. Perdón, tengo la cabeza en veinte cosas. —Carraspeó—. Es CAMILA2014, todo en mayúsculas.

Camila.

El nombre de mi hermana pegado al año en que Diego y yo nos casamos.

Fruncí el ceño mirando la pared. Después solté el aire despacio y me dio risa de mí misma. Mi marido junto dos cosas fáciles de recordar, eso era todo.

—Ajá —fue lo único que le contesté.

—Gracias cariño, te debo una.

—Cuida a tu mamá. Dije y colgué pues mi jefe me hizo una señal con la mano.

A las once y media salí de la torre haciendo malabares con la agenda para regresar a tiempo y no saltarme el almuerzo, la junta de las dos será larga, a las doce menos cuarto estaba estacionado frente a mi casa. En la entrada seguían tiradas las sandalias rosadas de Valentina, exactamente donde se las quitó el domingo. En el corredor todavía estaban los rayones de gis de un juego que Isabella dibujó hace tres semanas y que nadie quiso borrar. Me quedé mirándolos dos segundos de más, como una tonta, con las llaves en la mano.

Al fondo del jardín, detrás de las buganvilias, asomaba el techo del anexo, Diego lo levantó hace años para que mi hermana se mudara, y fue la mejor decisión, su compañía y la de los niños llegaron a darle a mi casa las risas que le faltaban, y sigo pensando que no había en todo Texas una mujer con mejor suerte que yo. Aunque con Mateo internado y Diego en Monterrey, la casa se había quedado tan callada que yo había empezado a poner la radio en la cocina para no oírme respirar.

Entré al estudio y encendí la computadora. CAMILA2014

El informe estaba donde él me dijo, con el nombre del trimestre y todo. Lo adjunté, abrí su correo para escribirle a Aldo y ahí, en la columna de la izquierda, entre las carpetas de proveedores y facturas del restaurante, había una carpeta titulada.

Hospital.

Me quedé mirándola con la mano quieta sobre el mouse. El hombre que no era capaz de acordarse de una clave tenía una carpeta ordenada y tres correos sin leer. El más reciente, de esa misma mañana.

Confirmación de tercera sesión de donación de médula ósea. Paciente menor: Mateo Montalbán Solís. Donante: Diego Montalbán.

Lo leí el encabezado del correo. Lo leí otra vez, palabra por palabra, como si al releerlo fuera a cambiar algo, que ilusa.

Hace unas semanas, cuando los médicos nos dijeron que lo único que podría salvar a mateo era un trasplante de medula, ese hombre lloró sentado en mi comedor diciendo que era alérgico al contraste, que el médico le había prohibido las pruebas de compatibilidad, que se iba a morir de culpa el resto de su vida por no poder ayudar al niño. Yo le sostuve la mano por debajo de la mesa y le dije que nadie lo culpaba, porque de repente tenia este correo del hospital. Abrí el correo. Bajé hasta el archivo adjunto y le di doble clic sin pensarlo.

Estudio de paternidad biológica. Probabilidad de paternidad: 99.998 %. Mateo y Diego.

Me quedé con la mano en el mouse buscándole la vuelta, porque tenía que haber una. Un error del laboratorio. Un nombre repetido. Una carpeta vieja de otro paciente que se traspapeló en el correo de mi marido. Bajé un poco más, pero fue peor encontré correos que también tenían información de mis otros sobrinos, controles médicos, actividades escolares y hasta gastos programados, cada una organizada por nombres.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.