Los Hilos Del Amor

ROMANTICISMO

Aquel día, Hernán se trasnochó pensando en mis palabras, además todavía tenía dudas sobre los sentimientos de Darly.

En la mañana volvió la rutina y en el colegio, mi amigo me entregó un sobre de papel para que se lo entregara a la dueña de sus sueños.

— ¿Puedo leerlo? —, le pregunté en forma de broma.

— ¡Qué te pasa, es algo privado! —.

— Seguro le dices que la amas, que no puedes vivir sin ella... —, seguí.

—¡Cállate! Y ve a entregárselo—, me ordenó. Ahora, hará lo que tiene que hacer Cupido.

—¡No lo leas! —, me advirtió otra vez, mientras me alejaba de él.

Darly, con su cabello color castaño, era muy fácil de reconocer. Ahí estaba con sus amigas y la inseparable Sandra.

—¡Darly! —, le grité. Ella me miró y corrió hacia mí.

—-¡Qué quieres, Mauricio? —, me dio un beso en la mejilla.

-Mira, te mando esto, un admirador—.

—¿Cuál admirador? -ella sabía muy bien quién se lo enviaba.

—Jajaja, el que te tiene loca de amor—.

La miré, sonreí y le dije: — Te lo manda Hernán —. Le brillaron los ojos a la señorita.

—¡Gracias! —, me dijo. -Muchas gracias -y guardó el sobre en el bolsillo de su falda.

—¿Qué le entregaste a mi amiga? —, interrumpió Sandra.

—Hola, que te lo cuente Darly. Yo ya hice mi trabajo—.

—Ah, amiga, entre nosotras no hay secretos. ¿Qué te entregó Mau? —, preguntó.

—Ahora te cuento. Gracias, Mauricio —, se despidió mi amiga y se fue con Sandra.

Me dirigí al curso, donde me esperaba mi amigo, quien me dijo: —¿Qué pasó? —.

—Nada, no se lo entregué —.

—¡Pero si te vi hablar con ella! —, me recriminó.

—Jajaja, me estabas espiando —.

—No, solo los vi en el pasillo, cuando venía para el salón—, mintió mi amigo.

—Estuvimos hablando y se me olvidó entregárselo —.

—¡Pásamelo, entonces! —, exclamó, extendiendo su mano.

—Jajaja, ya se lo entregué. Solo estaba bromeando —.

—¿Qué pasa ahí? —, gritó el profesor.

—Nada, profe, solo le pedía un lapicero a mi amigo —, le respondí al profe de historia.

A la hora del descanso, Hernán me reprochó: —¡Para qué me haces enojar en vano! —.

—¡Tranquilo! —, le respondí. —Tu amada ya tiene tu carta de amor —.

—¡No es una carta de amor! Solo es un mensaje —.

—¡Lo que sea! Ya lo tiene Darly. Deberías darme las gracias y no recriminarme —.

—¡Lo siento! Gracias, pero siempre sales con tus bromas pesadas —.

Mientras Hernán me hablaba, miré a Sandra y le dije a mi amigo: —¡Lo siento! Voy a hablar con Sandra. Nos vemos —.

—Y luego dices que no te gusta —, me respondió.

—Solo voy a preguntarle algo —, le dije, sonriendo.

—Espero que no vayas a averiguar lo que decía en el papel —.

—Jajaja, no. Es por un favor que me pidió. Nos vemos en el salón —.

—Bueno, ya nos vemos —.

Me acerqué a Sandra, ella me miró, sonrió y me dijo: —No te voy a saludar hasta que me digas qué le diste a mi amiga —.

—Era un sobre que le mandó Hernán —.

—Con razón salió a meterse al baño, seguro va a ver lo que dice —.

—Ahí viene. Vamos a ver qué dice —, le sugerí a mi amiga, pero Sandra no aguantó las ganas y preguntó: —¿Ya leíste el papel? —.

—¿Cuál papel? ¡Ay, Mau! —, me reprocho Darly.

—Jajaja, ya dinos qué dice —, le respondí, dándole una palmada en la espalda.

—Se tienen que aguantar, porque no les diré nada —.

—¡Ya, dinos! ¿Qué te escribió tu novio? —, exclamó Sandra.

—¿Cuál novio? No les voy a decir nada. Me voy para el salón. Chao —, nos dijo y se fue.

De camino a casa, Hernán venía muy pensativo, por lo cual le pregunté: —¿Qué te pasa? No has dicho una palabra —.

—¿Crees que ya leyó lo que le escribí? —.

—¡Uuu! Hace rato —.

—¿Y cómo sabes eso? —.

—Porque Sandra me dijo que Darly había ido al baño a leerlo —.

—¿O sea, que ibas a averiguar lo que le había escrito? —.

—Jajaja, de ninguna manera. Solo quería hablar con Sandra y ella me contó lo que te dije —.

Luego de unos pasos más, nos encontramos con un amigo del barrio, quien le comentó a Hernán: —¿Has pensado en lo que te dije? —.

Mi amigo me miró y le contesto: —No, por ahora no tomaré tu propuesta —.

—Bueno, pero en unos meses haré ese viaje. Solo piénsalo —, propuso y se despidió de nosotros, Beny.

—¿A qué viaje se refiere, Beny? —, le pregunté a Hernán, mirándolo a los ojos.

—Un viaje a Estados Unidos. Allá está su hermano, ganando bastante plata en dólares —.

—Sé quién es el hermano de Beny, pero lo que oí es que se fue con cuatro amigos como migrantes a Estados Unidos y que solo él llegó con vida —.

—Lo sé. Antes de Darly, lo estaba pensando, pero ahora ya desistí de esa aventura —.

—¡Tú! Lo has dicho, es una aventura donde puedes morir —.

—¡Ya te dije que ya no voy a hacer ese viaje! —, respondió Hernán.

Le creí y ojalá que Darly le haya quitado esa peligrosa idea de la cabeza a mi amigo.

Esa noche, después de pensarlo bien, mi amigo decidió llamar a su ilusión.

—Buenas noches, ¿a quién necesita? —, responde doña Aurora.

—Buenas noches, soy amigo de Darly. ¿Será que puedo hablar con ella? —.

—Dígame, ¿cómo se llama o no tiene nombre? —, preguntó la señora.

Mi amigo guardó silencio por un momento y contestó: —Dígale que es de parte de Hernán —.

—¡Darly! —, exclamó la señora Aurora. —¡Te necesita un joven llamado Hernán! —.

—¡Dile que ya voy! —, dijo ella.

—¡Espere, un momento, joven! —.

—Bueno, señora. Muchas gracias —, respondiendo aliviado.

—¡Hola, Hernán! ¡Qué alegría que llamaste! —, contestó su amada, feliz.

—Hola, quería hablar contigo —.

—Jajaja, te voy a creer —.

—¡Es en serio! Te he pensado mucho —.

—Hernán, gracias por lo que me escribiste. Está hermoso —.

—Ves, lo escribí porque pienso en ti —.

—¿Me volverás a escribir? —, preguntó ella.




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