La impaciencia por ver al sol brillar en sus ventanas había llegado a su fin. Era sábado; ahora solo anhelaban que llegara la noche para ir a su cita.
—¿Vas a salir con esa muchacha? —pregunta doña Leticia.
—¡Sí, madre! Estoy enamorado de ella —contestó su hijo, mirándose en un espejo. Su madre se le acerca, le acomoda la camisa y la chaqueta, y luego comenta: —No sé qué decirte. Cuando uno está enamorado, no escucha a nadie.
—¡Tranquila! Darly también me ama.
—¡Ay, hijo! Que te vaya bien en tu cita.
—Deme la bendición para que me vaya bien.
—¡Que Dios te bendiga! Regresa temprano —le bendice su madre, mirando cómo Hernán se aleja.
Sentado en la banca del parque, mi amigo miraba impaciente su reloj y de pronto escuchó: —¡Hola, Hernán! Perdona, como siempre, llego tarde.
Mi amigo se levanta, le da un beso en la mejilla y comenta: —Sentémonos un momento, quiero decirte algo —ayudando a su amada a sentarse.
—¿Qué quieres decirme? —
Hernán sacó un papel de su chaqueta, se lo entregó y le dijo: —Quiero que lo leas y luego hablamos.
Ella lo tomó y le contestó: —¡Gracias! Lo leeré en la casa.
—¡No, quiero que lo leas en este momento! —
Darly lo quedó mirando e hizo una petición: —¡Está bien! Lo voy a leer, pero no me mires.
—¡Bueno! Me daré la vuelta.
Luego de unos minutos, mi amigo no aguantó la paciencia y exclamó: —¡Ya terminaste de leer! —.
—¡Sí, gracias! Es lo más lindo que he leído —comentó ella, dejando escapar una lágrima.
Hernán se levantó, le tomó las manos y le declaró: —Darly, sabes lo que siento por ti, lo que has despertado en mi corazón. Quiero que me respondas algo —.
—¿Qué? —, le respondió ella, mientras levantaba su cabeza para mirarlo a los ojos.
—¿Qué sientes por mí? —
Ella volvió a bajar su mirada, guardó el papel en su chaqueta, lo volvió a mirar y respondió: —No sé, pero he pensado demasiado en ti. La verdad, no sé lo que siento.
—¡Darly, yo te amo y sé que tú me amas! —
—¿Crees que lo que estamos sintiendo es amor? —, pregunto ella.
Él se acercó aún más y le preguntó: —¿Quieres ser mi novia? —
Ella le apretó las manos y le dijo: —¡Sí, quiero ser tu novia! —
Él se inclinó y le dio un beso en la boca, el primer beso, el más sincero que se da en el amor.
La noche fue corta para los enamorados. Hernán acompañó a Darly hacia su casa y esperó desde la esquina a que ella entrara. Mi amigo llegó a su casa muy tarde, pero feliz.
Pasaron las horas y se les acababa la paciencia a mis amigos. Querían volver a verse en el colegio.
—¡Hijo, levántate! Que se te hace tarde para ir al colegio —exclamó doña Leticia.
—¡Ya, madre! Gracias por despertarme.
Luego de unos minutos, su madre volvió a exclamar: —¡Mauricio te está esperando! —
—¡Me estoy cepillando! Dile que ya voy. —
—Hola, Hernán. Se te hizo tarde hoy; ¡llegaremos tarde! —le recriminó a mi amigo.
—Es que no pude dormir y en la madrugada me cogió el sueño —me contesta, colocándose el buzo.
—¿Y eso qué te pasó? —
—¡Darly ya es mi novia! —
—¿En serio? Pensé que Darly no te daría una oportunidad, lo digo por su padre —comenta, caminando hacia el colegio.
—Te dije: que, si ella me aceptaba como su novio, no me importaría lo que piense el resto del mundo.
—No es el resto del mundo, es lo que piensen sus padres.
—¡Nos amamos y ellos lo deben aceptar! —
—¡Ojalá! Que sus padres te acepten como su novio, te lo digo de corazón.
—¡Gracias! Espero que nadie se interponga entre los dos —exclama mi amigo, entrando al salón.
A la hora del descanso confirmé lo que había dicho mi amigo. Luego de volver del baño, allí estaban sentados en las gradas. Ella tenía apoyada su cabeza en el hombro de Hernán.
—¡Con permiso! —exclamó Sandra, pasando por un lado de Darly, por lo cual ella le gritó:
—¡Casi me pisas! —
—¡Ja, ja, ja! No es para tanto —replicó Sandra, abrazando a su amiga.
—¿Por qué tan juntitos? —continuó preguntando.
—¡Deja solos a los novios! —le gritó.
Ella, con asombro, preguntó: —¡No! ¿Es en serio? ¿No me digas que te metiste con este? —
—¿Cuál este? —reclamó Hernán.
—¡Tú, cállate! Que estoy hablando con mi novia —replicó Sandra.
—¡Ja, ja, ja! Ya deja de decir eso. Ya te lo iba a contar —dice Darly y luego sonríe.
—Desde el sábado somos novios, así que ya no molestes con eso de que Darly es tu novia —afirmó Hernán muy serio.
—Pensé que solo iban al cine y nada más —responde ella.
—¡Sandra, deja tranquilos a los novios! Ven, vamos al restaurante —le sugerí a mi amiga, llevándomela del brazo.
Habíamos perdido a nuestra amiga. Desde ese momento, se la pasaba con Hernán. Aquellos sábados que disfrutábamos de su compañía habían terminado.
Para ellos, todo marchaba bien, pero los padres de Darly ya sospechaban de las salidas muy continuas de su hija. Un sábado que llegó tarde, su madre le preguntó:
—¿Hija, con quién estás saliendo? —
—Con mis amigos: Sandra y Mauricio. —
—¡Mira, hija! Si andas saliendo con ese muchacho que te llama muy seguido, es mejor que lo traigas para conocerlo. —
—¡Ya te dije: no estoy saliendo con nadie! —
—¡No te creo! Esa cara de enamorada que traes estos últimos días te delata. —
—¡Está bien! Sí, estoy saliendo con ese muchacho. Su nombre es Hernán. —
—Hija, primero dedícate a estudiar y luego vas a encontrar un amor. Además, tu padre ya tiene planes para ti y no le va a gustar que tengas novio. —
—Él no es mi novio, solo estamos saliendo como amigos. —
—¡Ay, hija! Si no son novios, solo es cuestión de tiempo para que lo sean. —
Darly bajó la mirada y confesó: —Sí, madre. Él es mi novio. —
—¡¿Cómo?! ¡Ay, hija! A tu padre no le va a gustar esto. —
—¿Qué tiene de malo que tenga novio? —
Su madre la abrazó y le explicó: —Nada, hija, pero aún no es el momento. Tu padre sueña que seas una profesional. Ya sabes cómo es él.—
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Editado: 22.02.2026