Había escuchado muy poco del tapón del Darién. Sé que es una selva muy densa y que atravesarla conlleva muchos peligros. Por el bien de mi amigo y Beny, espero que logren llegar a Estados Unidos con vida.
Pasaron unos días sin ver a Darly ni a Hernán. Sandra me propuso ir a ver a nuestra amiga, aunque no quería ir, ya que sus padres seguían molestos conmigo. Eso pensaba, porque al llegar encontramos a la señora Aurora arreglando las plantas del jardín y nos recibió muy cariñosa:
—¡Hola, muchachos! Qué bueno verlos después de tanto tiempo —.
—¡Ja, ja, ja! —ríe Sandra, igual que yo, y contesto— No ha pasado tanto tiempo.
—Solo tres meses — me responde la madre de Darly.
—Bueno, tal vez sea bastante tiempo — le confieso, pensando que su comentario era para mí.
—¡Sigan y tomen asiento! Ya llamaré a mi hija —.
La casa de la señora Aurora es muy hermosa, con pinturas antiguas en las paredes.
—¡Qué hermosa pintura! — exclama Sandra, pegándome con el codo.
—Esa pintura es nueva, no la había visto — le comento, justo cuando Darly grita:
—¡Hola, mis amigos preferidos! — y, luego de saludarnos, nos lleva a su cuarto.
—¡Ya les mando café con galletas! — exclama la señora Aurora.
Ya en el cuarto de Darly, ella nos pregunta:
—¿Han visto a Hernán? —
Sandra me queda mirando, como esperando una respuesta, y les digo:
—Hace unos días lo vi conversando con Beny —.
—¿Crees que Hernán se vaya para Estados Unidos? — pregunta Sandra, sentándose en la cama de Darly, quien asombrada exclama:
—¿Cómo que a Estados Unidos? ¡Nunca me dijo eso! —
—¡Lo siento, amiga! No sé qué te habrá dicho Hernán, pero él piensa irse como migrante a Estados Unidos — le aclaro, poniendo mi mano en su hombro.
—¡Si se va, que se olvide de mí! No se lo perdonaré — dice Darly, muy enojada.
—Pero, ¿por qué se le metió esa tonta idea de irse como migrante? — me cuestiona.
—Dice que todo lo hace por tí, que quiere trabajar, ahorrar plata... para que tus padres no se interpongan entre ustedes—.
—¡Pero podría morir en ese viaje! — exclama mi amiga, dejando escapar unas lágrimas.
—¡Esperen! ¿Cómo que podría morir? Eso no lo sé — llena de dudas, pregunta Sandra.
—Sandra, ellos van por tierra, deben atravesar el tapón del Darién, que es una selva llena de peligros, y luego toda Centroamérica — le explico.
—¡Y si es tan peligroso! ¿Por qué se van por ahí? — vuelve a exclamar Sandra.
—Es una ruta que algunas personas toman para cumplir el sueño americano. No todos logran llegar a EE.UU. — le digo.
—¡Si veo a Hernán, le voy a decir algo! — amenaza Sandra, mientras Darly se acuesta con una expresión de tristeza en su rostro.
Sandra me hace un gesto y decidimos no seguir hablando de esa aventura que está a punto de emprender el novio de Darly. Al cabo de un minuto, golpearon la puerta. Era Irma, quien nos trajo lo que nos prometió la señora Aurora.
Estaba a punto de terminar el café cuando Darly preguntó:
—¿Mauricio, hace tres días que no sé nada de Hernán? — y agregó — ¿Crees que ya se fue en esa aventura?
—No lo sé, pero hoy pasaré por su casa a ver qué me cuenta —.
Ahí estuvimos hablando de Hernán y solo nos quedaba despedirnos.
—Bueno, amiga, ¡ya no llores por ese tonto! Cómo te va a dejar para irse a EE.UU. — le reclama Sandra, dándole un abrazo a su amiga. Yo también la abracé y le dije:
—Darly, Hernán te mandó este papel, para que lo leas cuando estés sola —.
—Gracias — dijo ella, y en sus ojos tristes brillaba la alegría.
Luego de visitar a nuestra amiga, Sandra me pega con el codo y pregunta:
—¿Qué decía ese papel? —
—No lo sé, solo me pidió que se lo entregara —.
—¡Tonto! Se lo hubieras entregado cuando llegamos, así ella podría haberlo leído y contarnos —.
—¡Eres muy chismosa! — le contesto, dándole una palmada en la cabeza, justo cuando Darly termina de leer lo que Hernán le había escrito. Se tapa con las cobijas y llora hasta el anochecer.
A la mañana siguiente, hice lo que le prometí a Darly: fui directamente a casa de Hernán. Golpeé la puerta y salió su madre, quien me dice:
—Hola, Mauricio. Si quieres ver a mi hijo, salió muy temprano —.
—¡Buenos días, doña Leticia! ¿No sabe a dónde fue? —
—La verdad, no. Desde que salieron del colegio, en vacaciones, ha salido todos estos días. Creo que está trabajando con ese amigo que se llama Beny —.
—Bueno, señora, entonces me voy —.
—¡Mauricio, si ves a mi hijo, dile que venga temprano! —.
—¡Lo haré, señora Leticia! — le respondí.
Sentí tantas ganas de decirle lo que su hijo estaba planeando, pero me dio pena y preferí guardar silencio. No fui a buscar a Hernán; en cambio, decidí ir donde Sandra, que casualmente venía en la dirección opuesta.
—¡Hola, Mau! ¿Adivina qué? — me dice mi amiga, dándome un beso en la mejilla.
—Pues no sé, pero si te digo que iba a buscarte a tu casa... —
—¡Ja, ja, ja! Como que estamos conectados. También iba a buscarte —.
—¿Para qué me necesitas? — le pregunto, tomándola de la cintura.
—¡Quita tus manos de ahí! ¡Eh, mucha confianza... —
—¡Ja, ja, ja! ¿Para qué me ibas a buscar? — vuelvo a preguntar.
Ella me sonríe y me dice:
—Quiero que me lleves a la casa de Hernán. Quiero decirle unas cosas —.
—¡Te conozco, Sandra! Sé que le vas a reclamar por irse y dejar sola a Darly —.
—¡Vaya! Sí que eres adivino. Supongo que te resultó muy difícil llegar a esa conclusión —.
—¡Ja, ja, ja! Pues te digo que Hernán no está en la casa —.
—¿En dónde estará? — murmura mi amiga, tocándose el mentón.
—Su madre dice que está con Beny —.
—Ese Beny siempre me cayó mal — comenta Sandra, tomándome de gancho.
—¡Ja, ja, ja! Pero a ti, todo el mundo te cae mal —.
—No a todo el mundo. A mi perro lo amo —.
—¡Ja, ja, ja! ¿Para dónde vamos? — pregunto.
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Editado: 22.02.2026