Ahora me toca a mí hacer la tarea. Luego de ayudarle en una u otra cosa a mi madre, le dije: —Sandra, me contó que Darly puede estar embarazada—.
—¡Qué! Pobre muchacha, y con su papá que es tan conservador. Seguro la saca de la casa—.
—No digas eso. Además, aún no estamos seguros de que esté en embarazo; por eso te quiero pedir un favor—.
—¿Qué favor? ¿En qué problemas me vas a meter? —.
—En ninguno. Solo quiero que acompañes a Darly y Sandra al hospital, para que se hagan el examen y sepan si está en embarazo—.
—¡Ay, hijo! Tengo tanto trabajo para mañana, no sé si podré—.
—Por favor, ve con ellas. Yo me quedo haciendo lo que sea—.
—La verdad, me da pena esa muchachita. ¿A qué hora van a venir? —.
—Lo más temprano que puedan —, le respondí, mientras arreglaba unas cajas.
—Está bien, hijo. Dile que vengan temprano, que estaré lista. Solo espero no meterme en problemas con don Manuel—.
—No va a pasar nada. Seguro que ni se entera—.
—Dios te escuche, hijo. Ve al comedor, que ya te sirvo el almuerzo—.
Todo quedó preparado para mañana. Creo que todos cruzábamos los dedos para que nuestra amiga no estuviera en embarazo.
Sin saber que podría ser papá, Hernán seguía caminando por la selva junto a sus compañeros de aventura.
—¡Es muy difícil caminar por este lodo! Estoy muy cansado —, exclama Carlos.
—Creo que debemos descansar. También estoy cansado —, replica Javier.
—Sí, muchachos. Acerquémonos a esos árboles y descansamos —, aconseja Beny.
—¿Escuchan algo? — manifiesta Hernán, tirando su mochila al suelo.
Hicieron silencio por un momento y Carlos comentó: —Es agua fluyendo. Creo que es un río—.
—Vamos a ver —, grita Beny, dirigiéndose hacia donde proviene el sonido.
Llegaron todos al lado de Beny y, frente a ellos, un río caudaloso, por las fuertes lluvias que aún no paraban.
—¿Y ahora qué hacemos? — pregunta Javier—.
—De una u otra manera, debemos atravesarlo —, dice Beny, soltando su morral cerca de un árbol.
—Debemos esperar a que pase la crecida. Así como está, no creo que podamos atravesarlo —, aconseja Carlos, sentándose al lado del gran árbol.
—Busquemos un lugar para acampar. Creo que pasarán horas hasta que bajen las aguas —, propone Hernán.
—Muchachos, miren cómo está el día. Va a seguir lloviendo. Podemos pasar días esperando a que bajen las aguas. Debemos buscar un lugar para cruzarlo —, comenta Beny.
—Estás loco. No podemos pasar con esa creciente. Además, estamos cansados —, replica Carlos.
Javier se sienta y expresa: —Yo no sé nadar. Esperemos a que baje la crecida—.
—Está bien. Acampemos y esperemos a que pase la crecida. Pero si sigue lloviendo, tendremos que atravesarlo como sea. Además, ya no tenemos comida —, aclaró Beny, sacando la carpa de su morral.
—Busquemos un lugar más alto, porque si sigue lloviendo, ese río crecerá más —, aconseja Hernán, tomando su morral.
—Sí, además, con ese ruido del río, no podría dormir en este lugar —, responde Carlos.
—Tienen razón. Busquemos un lugar más alto y a ver si encontramos leña seca para hacer fuego —, ordena Beny, tomando la carpa y su morral.
—Sería bueno hacer fuego para que se seque mi ropa. Todos estamos mojados —, expresa Javier, alejándose del río.
Instalaron la carpa, sin fuego y con la lluvia que no paraba. Se disponían a descansar.
En la ciudad la noche pronto llegaría en medio de la lluvia. Antes de que cayera, me dirigí a la casa de Sandra para decirle que todo estaba preparado para que mi mamá acompañara a Darly al hospital.
—¡Buenas tardes, señora! ¿Se encuentra Sandra? —.
—¡Buenas tardes! Hace tiempo que no te miraba. Ya llamo a mi hija. Sigue y siéntate en la sala —.
—Gracias, señora. La espero aquí —.
—Está bien. Ya te la llamo —, dijo la madre de Sandra.
—Hola, Mau. ¿Qué dijo tu madre? Ya tengo todo planeado para mañana —, exclamó Sandra, saludándome con un beso.
—Mi madre está dispuesta a acompañarlas mañana. Que las espera bien temprano —.
—¡Ven, vamos al parque y hablamos! —, me dijo ella y cerró la puerta.
Caminando hacia el parque, le pregunté: —Hola, ¿cómo se llama tu madre? —.
—No puedo creer que no sepas el nombre de mi madre. Espera, esto tiene que ver con lo que me dijiste esta mañana —.
—Jaja, ¡No! Para nada. Solo que hoy, cuando la saludé, no me acordaba de su nombre —.
—Me parece extraño que, después de tanto tiempo, decidas venir a mi casa. ¿Acaso querías ver a mi madre? —.
—Jaja, no. Solo vine a traerte la razón de mi madre. No sería capaz de fijarme en tu madre —.
—Eso espero, porque soy muy celosa —.
—Jaja, no me digas que me amas —.
—Jaja, ¡Cállate, tonto! Celosa, pero por mi madre —.
—Jaja, cómo me tranquiliza oír eso —, le digo, dándole una palmada en la espalda.
—Espera, ¿será tan malo que yo esté enamorada de ti? ¿Acaso tengo tres ojos o qué? —.
—Jaja, no. Solo que eres muy loca para mí —.
—¡Loco tú...! Jaja, mejor no digo nada. Y hablemos de Darly —.
—¡Más te vale! No quiero pegarte tu coscorrón —, le digo, furioso.
—Jaja, no te enojes. Además, tú empezaste. ¿Cómo me vas a decir que soy loca? —.
—Está bien. Perdón por decirte que eres loca —, me disculpo, y nos dirigimos hacia una banca del parque.
—Si Darly está en embarazo y Hernán lejos de aquí, solo quedamos los dos —, comenta Sandra, sentándose en la banca.
Me siento y le contesto: —Es verdad. Siempre éramos los cuatro. Bueno, desde que aceptamos en el grupo de cine de los sábados a Hernán—.
—No pensé que ese momento hubiera cambiado el destino de los dos —, me dice Sandra, con voz nostálgica.
—Verdad, pero supongo que así es la vida. Nuestras decisiones moldean nuestro destino —.
—Solo quiero que Hernán vuelva y sea feliz con Darly —, añade Sandra.
—Que Dios te escuche. ¿Crees que Darly le perdonará que la haya dejado en este momento tan difícil? —.
#3689 en Novela romántica
#1129 en Otros
#423 en Humor
ilusion, amor desilusion encuentros inesperados, romance a escondidas amor celos
Editado: 22.02.2026