Los Hilos Del Amor

DESEOS DE VOLVER

Hernán ha decidido seguir su camino a Miami.

—Señora Andrea, lo siento por dejar el trabajo, pero debo ir a Miami —.

—¡Ay, Hernán! Precisamente ahora, cuando hemos tenido muchos clientes —.

—Lo siento, pero debo buscar a una persona —.

—Qué lástima que te vayas. Aquí tienes la carta de recomendación que me entregaste. También te hice una para que encuentres trabajo en Miami —.

—Muchas gracias —.

—Aquí está el dinero que te debo. Gracias por tu trabajo —.

—Muchas gracias —.

—Eso es todo. Lo único que me queda es desearte suerte y que no te metas en problemas que puedan deportarte —.

—Gracias por su consejo —, dijo Hernán, saliendo de la oficina.

Otra vez, Hernán se despedía de los nuevos amigos.

—María, haré caso a tus consejos. Volveré a Colombia lo más pronto posible —.

—Si no quieres perder a tu novia, debes hacerlo —.

—Sí, buscaré a la persona de la que te hablé, para que me ayude a volver a Colombia —.

—Te deseo suerte. Que seas feliz con Darly —.

—Gracias, amiga —, le agradeció y le dio un fuerte abrazo.

En el autobús, va pensando en Darly, en ese amor que un día nació entre los dos, anhelando que ella lo siga amando.

Llegó a Miami, buscó un sitio donde alojarse y salió a buscar a Francisco Duarte, el hermano de Beny.

Llegó tarde al hotel, cansado y desilusionado por no encontrar a Francisco. La señora de la recepción del hotel le preguntó: —¿Qué le pasa, joven? —.

—Estoy buscando a una persona y no sé por dónde empezar —.

—Tengo a un amigo taxista. Tal vez, él te ayude a encontrar a esa persona —.

—Le estaría muy agradecido si logra que su amigo me ayude —.

—Me pondré en contacto con él y ya le aviso —.

Hernán le agradeció y se fue a su habitación a descansar.

La señora logró que el taxista ayudara a Hernán y lo esperaría en la mañana, fuera del hotel.

Temprano, la señora le informó a su amigo que el taxista había llegado.

—¡Buenos días, señor! —.

—¡Buenos días, carnal! Para dónde vamos —.

—No sé. La señora me dijo que usted me ayudaría a encontrar a una persona —.

—Empieza por darme los datos —.

—Solo sé que se llama Francisco Duarte y que trabaja en un parque con edificios de oficinas —.

—No, mi carnal. Encontrar a esa persona va a estar difícil —.

—Necesito que me ayudes, por favor —.

—Tenemos que ir de parque en parque y deberás preguntar en cada edificio —.

—¡No importa! Yo te pago —.

—Mi carnal, esto llevará tiempo y suerte. ¿Tienes alguna dirección, teléfono o alguna pista? —.

—No. Toda la información la tenía un amigo, pero él murió en la selva —.

—¿Cuál selva? —.

—La selva del Darién —.

—No, carnal. ¿Te viniste como migrante? —.

—Sí. Perdí a dos amigos en esa selva —.

—Qué triste escuchar eso. Mira, llegamos al primer parque. Ve y pregunta en cada edificio —.

—¿Pero, me va a esperar? —.

—¿Qué pasó, mi carnal? ¿Vas a desconfiar de mí si todavía no me has pagado? —.

—¡Ja, ja, ja! Es cierto. Ya vuelvo —.

De parque en parque y de edificio en edificio, Hernán busca al hermano de Beny.

En Colombia, la relación de Darly con su novio iba muy bien. Ella se preparaba para salir con él.

—¡Señora Amalia, ¿estoy bien? —.

—Como siempre, hermosa —.

—Hoy iremos a un restaurante y quiero verme muy bien —.

—Lo estás. ¿Llevarás a Aurora? —.

—Señora Amalia, ¿sería que usted me la puede cuidar? Solo saldré a cenar y vuelvo a casa —.

—Con mucho gusto. Sabes que Aurora es mi nieta —.

—Gracias por pensar así. Para Aurora, siempre será su abuela —.

—¡Ya llegó! —, advierte mi madre.

—Iré al baño a retocarme —.

—Ve, mientras hablo con él —.

—Gracias —.

—¡Señora Amalia, buenas noches! —.

—Buenas noches, Leonel. Sigue. Darly ya viene —.

—¡Hola, Aurora! ¡Estás hermosa! —, saludó Leonel, dándole un beso en la mejilla.

—Es la princesa de la casa —, dijo mi madre y lo invitó a sentarse.

Aurora caminó hacia él y le abrió los brazos. Leonel sonrió y la cargó.

—¡Ja, ja, ja! Ahora ya no te puedes escapar —, exclamó mi madre.

—¡Ja, ja, ja! Aurora sabe que la amo —.

—¡Hola, Leonel! Ya estoy lista —.

—¡Darly, estás hermosa! —, alabó Leonel, poniéndose de inmediato de pie.

—Entrégame a Aurora y vayan tranquilos a cenar —, dijo mi madre, recibiendo a la bebé.

Darly tomó de la mano a Leonel y salieron a cenar.

Ya en el restaurante, Leonel preguntó: —¿Quieres que hable con tus padres sobre nuestra relación? —.

—No, yo soy dueña de mi vida —.

—Entonces, ve preparando todo. Mi hermana ya consiguió el sitio donde vamos a vivir —.

—Está bien, pero quiero bautizar a mi hija antes de irnos para Cali —.

—Debes hacerlo lo antes posible —.

—Sí, hablaré con la señora Aurora para que me ayude con los trámites —.

—Seguro que ella se pondrá feliz de ver a Aurora bautizada —.

—Sí, ella siempre me lo ha dicho, pero por falta de dinero no lo he hecho —.

—Sabes que puedes contar conmigo —.

—Lo sé. Ahora solo necesito que estés a mi lado —.

—Siempre. Voy a estar a tu lado —.

—La señora Leticia y mi madre me ayudarán con los gastos —.

—Me parece bien que tu madre te ayude con lo del bautizo —.

—Perdón —, interrumpió el mesero, colocando la cena en la mesa, pidió permiso y se marchó.

—No quería aceptar ayuda de mi madre, pero lo hice, porque no sé cuándo la volveré a ver —.

—Es mejor que dejes las cosas en buena forma con tu madre —.

—Sí, y sé cuánto la voy a extrañar —.

En medio de una conversación amena, la cena terminó.

En Miami, Hernán se levantó temprano para arreglarse y seguir con la búsqueda de Francisco. Corría hacia el taxi.

—¡Buenos días! —, exclamó Hernán, subiendo al taxi.

—¡Hola, mi carnal! Ya señalé en este mapa los parques a los que ya fuimos —.




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