El bautizo de Aurora se ha convertido en una fecha muy especial para todos. Mientras lo esperamos, en Miami Hernán ha conseguido un trabajo temporal, despachando comida a los clientes en sus autos, junto a Lauren, quien atendía a los que hablan inglés.
Francisco, sacando un tiempo en el trabajo, se dirigió al consulado de Colombia.
—¡Buenos días! —, saludó Francisco.
—¡Buenos días! Tome asiento —.
—Gracias —.
—¿En qué puedo ayudarlo? —, dice el señor, guardando unos documentos en un cajón.
—Tengo un amigo que entró a EE. UU. como migrante. Quiere volver a Colombia y quiero saber si hay alguna opción para que él vuelva —.
—Dame los datos de tu amigo —.
—No los tengo. Venía a ver qué se podía hacer —.
—Si él está decidido a volver a Colombia, podemos enviarlo como un regreso voluntario y evitamos tanto papeleo —.
—Gracias por la información. Volveré con él para que me dé sus datos —.
—Aquí te espero —.
Hay una forma para que Hernán vuelva a Colombia.
En el transcurso de los días, la llegada de Hernán a Colombia era un hecho, y el bautizo de Aurora llegó.
—¡Qué hermosa niña! Toda de blanco —, comenta Leticia, cargando a su nieta.
—¡Abuela! —, exclama Aurora.
—¿No está muy grande para bautizarla? —, preguntó y sonrió.
—¡Ja, ja, ja! Culpa de Darly —, responde Sandra, arreglándose su vestido verde claro.
—¡Ja, ja, ja! Era por falta de tiempo —, responde Darly, arreglando el vestido a su hija.
—¡Dejen de discutir y vámonos a la iglesia! —, exclama mi madre.
—¡Darly, mira quién viene! —, le digo.
—¡Mi madre! —, dijo mi amiga. Corrió hacia ella, la abrazó y le dijo: —Gracias por venir —.
—Gracias a ti, hija. Estoy tan feliz de volver a verlas —.
—Vamos, madre. Que ya saldremos para la iglesia —.
Al llegar a la iglesia, los invitados esperaban a Aurora.
—Vamos al frente —, dice mi madre.
—Sigue, mi amor —, le digo a Sandra para que se siente.
—Gracias, siéntate a mi lado —, me responde y sonríe.
Darly, con su hija, se sentó a mi lado y le preguntó: —¿Cuál es el otro nombre de Aurora? —.
—Aurora Boreal —, susurra Sandra.
—¡Cállate! No te burles en la casa de Dios —, le recriminé, mientras Darly sonreía.
—¿Qué? ¿Acaso no es hermoso el nombre de Aurora Boreal? —, comenta mi novia, dándome un pellizco.
—Deja que conteste Darly —, le digo, dándole con mi codo.
—Está bien. ¡Pero no me pegues! —.
—¡Ja, ja, ja! No peleen, que el padre los está mirando —, nos advierte Darly.
—Lo siento. Sentémonos bien —, le digo a Sandra.
Luego de unos minutos, el padre tomó a Aurora y le ungió con agua bendita en la cabeza. Aurora hizo un gesto de susto.
—¡Ja, ja, ja! Mira la cara de Aurora —, comenta Sandra.
—No te rías tan fuerte —, le reclamó, apretando su brazo.
—Me dio risa ver su cara de susto —.
—¡Ya, haz silencio! —.
—¿Acaso tú eres el padre para darme órdenes? —.
—¡Ya no peleen, por favor! —, ordena mi madre.
La ceremonia terminó y el padre nos dio la bendición a todos. A quien no mire en la iglesia fue a Leonel; quizás no le dieron permiso en su trabajo.
Llegamos a la casa unas treinta personas. Se sirvió pastel, comida, y por deseo de Sandra, se colocó música y todos a bailar.
La señora Aurora nos acompañó un par de horas y se marchó, antes de que su esposo llegara del trabajo.
Cerca de las once de la noche, llegó Leonel y mi madre se lo lleva a la cocina.
—¡Leonel! —, gritó Darly.
—¡Hola, mi amor! —, respondió él, dándole un beso.
—¡Ven, vamos a bailar! —.
—Luego, es que vengo con hambre y creo que la señora Amalia me va a dar de comer —.
—¡Ja, ja, ja! Está bien —, dijo Darly, moviendo su cuerpo.
Sandra, como un trompo, seguía bailando. Leonel volvió de la cocina y lo primero que hizo fue sacar a bailar a su novia, quien estaba muy hermosa.
La señora Leticia llevó a Aurora a su casa, mientras la fiesta seguía en la mía.
Todo terminó a las tres de la mañana, y, cansado, voy a dejar a Sandra a su casa.
—¡Espero no meterme en problemas con tu madre! —, le digo.
—No te preocupes. Mi madre sabe que voy a llegar tarde —.
—Te dejo en la puerta y me voy —.
—¡Ja, ja, ja! Qué cobarde eres —.
—¡Ja, ja, ja! Era broma. Ojalá no me regañe la señora Stella —.
—Espérame, voy a timbrar —, dice Sandra, un poco mareada.
Salió su madre y solo me dijo: —Gracias, Mauricio —, y entró con Sandra, del brazo, a la casa.
Creo que está enojada.
A miles de kilómetros, Francisco Duarte y Hernán tienen todo listo para viajar a Colombia.
Pasaron los días, y Darly emprendía un nuevo camino junto a Leonel. Parece que el destino quiere jugar con el corazón de Hernán.
—Hija, cuídate. Y si tienes problemas con Leonel, aquí tienes tu casa —, aconseja mi madre y le da un abrazo.
—Gracias, señora Amalia. Usted sabe que la miro como a una madre —, responde Darly y le regala una sonrisa.
Sandra se acercó, le dio un abrazo y comentó: —Mi amiga, cómo te voy a extrañar. Promete que vas a volver —.
—¡Claro que lo haré! Aún tengo a dos madres a quienes visitar —.
—Darly, que te vaya bien. Que seas feliz con Leonel —, expresa Leticia.
Darly la abrazó y le susurró: —Recuerda entregarle la carta a Hernán si alguna vez vuelve —.
—Lo haré, hija —.
—Darly, aunque no lo creas, te voy a extrañar, y también a Aurora —, le digo y la abrazo.
—Lo sé, Mauricio. Gracias por ser mi hermano mayor —.
—¡Ja, ja, ja! Solo un año, te llevo —.
Se me acercó y me dijo al oído: —Si vuelve Hernán, no le digas nada. Sé que él me buscará y yo le diré la verdad —.
—Tranquila. Todos te lo prometimos y lo cumpliremos —.
—¡Madre! —, grita Darly.
—¡Mi Darly! Vine corriendo a despedirme de ustedes —.
—Madre, siempre te voy a llevar en mi corazón —.
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Editado: 22.02.2026