Como era sábado, me levanté temprano y fui a buscar a Sandra. Ella se hizo la difícil, por lo cual su madre me preguntó:
—¿Qué está pasando entre ustedes? Anoche llegó, se encerró en su cuarto y no ha salido —.
—Nada, señora Stella —.
—No creo que por nada esté así mi hija —.
—Creo que se enojó porque salí a bailar con una muchacha —.
—Umm, entonces, son celos —.
—Solo bailé con ella y nada más —.
—Tranquilo, Mauricio. Ven mañana; seguro que ya se le pasará —.
—Bueno, hasta mañana —.
—¡Hasta mañana! —.
Nunca había sentido algo así, esa sensación de sentirme mal sin saber por qué. Lo bueno fue que la señora Stella habló con su hija.
—Señorita Sandra, ¿qué está pasando? —, preguntó, entrando en el cuarto.
—Nada —.
—¡No me digas que estás celosa! —.
—¿De quién? —.
—Mauricio me contó lo sucedido —.
—¿Qué te dijo ese tonto? —.
—Que salió a bailar con una joven y que por eso te enojaste —.
—¡Me dio rabia verlo coquetear con otra! —.
—Dijo que solo bailó con ella —.
—¡Sí, bailó, cantó y sonrió con ella! —.
—¡Ja, ja, ja! Seguro haces lo mismo cuando te invitan a bailar —.
—¡Sí, pero no me ando riendo con ellos! —.
—¿Creo que estás exagerando? —.
—¡Me dio rabia verlo con otra! —.
—¿Fue idea tuya ir a una discoteca? —.
—¡Ja, ja, ja! Si—.
—¡Ay, hija! Si no vas a confiar en Mauricio, no lo lleves a esos lugares —.
—¡Ja, ja, ja! Creo que exageré un poquito —.
—Sería demasiado. Arregla las cosas con él —.
—Sí, pero lo haré sufrir un poquito —.
—¡Sandra... ten cuidado con eso! —.
—Madre, tú tranquila —.
El lunes pasé por ella para ir a la universidad, pero ya se había ido. Entonces, fui a verla en el descanso y me mandó a decir que estaba ocupada y haciendo algo importante.
Mientras me encontraba en una desazón, ella feliz, haciéndome sufrir.
Al salir de la universidad, no la esperé y me dirigí a mi casa. En la banca frente a la universidad, ella me estaba esperando.
—¡Si esperas a Mauricio, ya se fue a su casa! —, le gritó un compañero de clase.
—Gracias —, respondió y pensó: ¡Qué le estará pasando a este que no me esperaba! Y sola, se fue a su casa.
—¡La bendición, madre! —.
—¡Que Dios te bendiga! ¿Arreglaste las cosas con Mauricio? —.
—No, ni siquiera me esperó a la salida de la universidad —.
—¿Lo viste? ¿Fue a la universidad? —.
—Sí, vino a buscarme a mi curso y me hice la difícil —.
—¡Ja, ja, ja! Y ahora te enojas porque no te esperó —.
—Me voy a mi cuarto —.
—Seguro que esta noche arreglarán las cosas —.
—Si viene, dile que no estoy —.
—¡Sandra, no juegues con fuego! —.
—¡Hoy no lo quiero ver! —, exclamó y se fue a su cuarto.
Sabía que ella no quería verme, por eso decidí hablar con ella en la universidad.
Cuando salí de la cafetería, ella me gritó:
—¡Mau, quiero hablar contigo! —.
—Hola, Sandra, ¿ya se te pasó? —.
—¿Qué te está pasando? ¿Por qué no fuiste a verme anoche? —.
—Pensé que no querías verme —.
—¡Ah! ¿Y no será que te estás viendo con esa muchacha? —.
—¡Ja, ja, ja! No estoy viéndome con nadie —.
—¡Me vas a pedir perdón! —.
—¡Ja, ja, ja! ¿De qué? —.
—¡De no haber ido anoche a verme! —.
—¡Ja, ja, ja! —.
—¡No te rías, sinvergüenza! —.
—Ya, mi amor, ¡no sabes cuánto te extrañé! —.
—¡Yo también! —.
—Ya empieza la clase. En la salida, te espero —, le digo, le doy un beso y ella sonríe.
Nuestra primera pelea quedó solucionada. Estaba feliz, igual que Hernán, quien veía que la construcción de las piezas iba por buen camino:
—¡Madre, están golpeando! —, informa Hernán, mientras hace una lista de materiales que faltan.
—¡Buenos días, señora! —.
—¡Buenos días! ¿Qué se le ofrece? —.
—Mi nombre es Francisco, el hermano de Beny —.
—¡Francisco! Lo siento por lo de tu hermano —.
—Muchas gracias. Al principio fue duro, pero ya lo estamos superando —.
—¡Muchas gracias por ayudar a mi hijo a volver a Colombia! —.
—Tranquila, señora. Era lo mínimo que podía hacer por él —.
—¿Vienes a ver a mi hijo? —.
—Sí, necesito hablar con él —.
—Sigue y te preparo un café. Ya te lo llamo; está con el maestro —.
—Muchas gracias —.
Mi amigo, al oír el nombre de Francisco por parte de su madre, salió corriendo a verlo.
—¡Hola, Francisco! —.
—¡Hola, Hernán! ¿Trabajando? —.
—Estoy anotando el material que falta para ir a comprarlo —.
—Vine a despedirme. Mañana salgo para Miami —.
—Qué lástima. ¿Y cómo sigue tu familia? —.
—Están tranquilos. Ya estamos superando la muerte de Beny, aunque Rosa llora a veces en su cuarto —.
—Es de esperarse. Siempre andaban juntos —.
—Sí... mi madre preguntó por ti, que si la puedes ir a ver —.
—¡Perdón, Francisco! Con lo que me pasó con Darly, me olvidé de ir a ver a tu madre —.
—Tranquilo, no es un reclamo lo que te digo —.
—Te prometo que iré mañana en la tarde —.
—¡Sírvanse un café! —, ofreció la señora Leticia.
—Muchas gracias, señora —.
—Gracias, madre —.
—Los dejo para que hablen tranquilos —.
—Hernán, no te he preguntado: ¿cómo te fue con Darly? —.
—Mi relación con ella terminó. De aquel amor bonito que había entre los dos, ya no queda nada —.
—Pensé que estabas con ella —.
—No, ella está en Cali y tiene una nueva pareja —.
—¡Lo siento! Debes seguir con tu vida. Aún eres muy joven. Ya te volverás a enamorar —.
—¡Ojalá, que lo que siento me deje de doler algún día! —.
—Solo dale tiempo al tiempo —.
—Sí, por ahora vamos a montar una pastelería en la casa —.
—¡Ves! La vida sigue —.
—Sí, aunque duela en ocasiones —.
—Hernán, te deseo lo mejor. Si algún día vas a EE. UU., ya sabes dónde llegar —.
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Editado: 22.02.2026